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Hay más de 400 periodistas en Tayikistán, el país más pobre de la ex Union Soviética
Galina Niyázova
EFE

Dushambé, 23 (EFE) — Numerosos periodistas congregados en espera de acontecimientos han llegado como llovidos del cielo a esta capital de Tayikistán, a un tiro de piedra de Afganistán.
Son ya cerca de 400, procedentes de Rusia, Estados Unidos, Japón, Alemania y otros países, y van y vienen de un lado para otro con sus cámaras, sus teléfonos móviles y sus ordenadores portátiles.
A la mayoría no les sirve de mucho toda esa tecnología en el país más pobre y atrasado de la antigua Unión Soviética, pues Tayikistán no anda muy bien de comunicaciones. Ni de casi nada.
Pero traen dólares frescos a este recóndito lugar perdido de Asia Central, donde según un reciente informe de la Cruz Roja los niños "cavan hasta los nidos de las ratas" en busca de semillas que han almacenado los roedores para pasar el invierno.
Se han instalado más o menos cómodamente, por tarifas de entre 40 y 200 dólares la noche, en los tres mejores y más céntricos hoteles: "Tayikistán", "Dushambé" y "Aviesto", antes llamado "Oktiábrskaya" y sede de la embajada rusa.
También la representación de EU estuvo un tiempo aquí, hasta que se mudó a una pequeña casa de dos plantas prácticamente cerrada desde los atentados en Tanzania y Kenia hace tres años, con sólo visitas periódicas de un diplomático residente en Kazajistán.
La invasión de la tribu de corresponsales de guerra o redactores desplazados desde Moscú ha hecho subir en picado los precios, desde el alojamiento y la alimentación a los servicios de las prostitutas, que han pasado de diez a cien dólares.
A falta de un centro de prensa, los periodistas se agolpan por las mañanas en la embajada de Afganistán, la representación oficial de la Alianza del Norte antitalibán.
Allí pueden entrevistar a algún portavoz opositor al régimen de Kabul o asistir a una rueda de prensa, mientras negocian visados y salvoconductos para ir la frontera, o mejor aún, para "acercarse a la guerra" y entrar en Afganistán.
Todo por dinero, claro, con arreglo a la siguiente informal lista de precios: 50 dólares por una acreditación, 30-40 por el alquiler de un automóvil un día y 300 dólares por un "paseo" de ida y vuelta en un desvencijado helicóptero al norte de Afganistán.
Nunca los llevan a zonas de peligro, donde hay combates, sino a zonas controladas con cierta garantía por las fuerzas antitalibán.
Tras cinco años de sangrante guerra civil y cuatro más de sequía implacable, la nueva amenaza que planea en el aire por los posibles efectos de una intervención militar norteamericana en Afganistán se toma con filosofía en Tayikistán.
A falta de cines, ahora cerrados, y del casino que hubo una vez y se fue a pique, los habitantes de Dushambé se entretienen contando y racionalizando sus miedos.
Unos temen que si los talibán son finalmente derrotados por la Alianza del Norte y por la campaña norteamericana, la ciudad quede otra vez inundada de refugiados.
Casi 200.000 personas que han huído de la miseria más absoluta en regiones apartadas se han sumado al millón de habitantes de Dushambé y han multiplicado los problemas de sanidad y salubridad.
Para otros, el temor es más inmediato y concreto, como medita en voz alta Abul, propietario-camarero de una humilde "chaijová" o casa de té tayika: "Y si los americanos se equivocan y nos bombardean a nosotros..."
Entre los periodistas extranjeros también hay dos grupos: los que se impacientan por la "falta de acción" bélica, y los que con más calma y cabeza se dedican a cumplir su misión como pueden.
Desde que empezaron a aterrizar aquí después del atroz ataque a EU y la identificación del régimen talibán como patrocinador del terrorismo internacional, los periodistas solían dormir la siesta o pasear por la avenida Rudakí y la zona centro.
Pero hoy es día de suerte para los periodistas ávidos de noticias porque ha habido varias ruedas de prensa de militantes antitalibán, con datos sobre los "éxitos" de las operaciones armadas.
Algunos se aventuran a comer o cenar en la cafetería "Merve", de cocina india, o en "Lunnaya noch", con menú "a la europea", o en el restaurante "Farrogat", de gastronomía indefinible, o incluso en los sencillos "chiringuitos" de especialidades tayikas.
Por sólo tres dólares pueden degustar una sopa, un "plov" y unas empanadillas, a los que se añaden otros tres dólares por una botella de vino moldavo, aunque hay quienes se gastan hasta 25 dólares en los restaurantes, más otros 20 si quieren un tinto francés.
Al llegar la noche, una vez que han transmitido sus informaciones no sin pocas dificultades para los que tienen teléfonos directos por satélite, el bar del hotel es el auténtico "centro de prensa".
Pero los seis millones y medio de tayikos se acostarán pronto y se levantarán temprano, como de costumbre en la rutina diaria de un país donde el 80 por ciento de la población sobrevive bajo el umbral de la pobreza y dos de cada tres no tienen agua potable.

 


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