El aumento de las partidas secretas
Las partidas secretas de la Presidencia son una inmoralidad, si tomamos en cuenta las urgentes necesidades que tienen muchos panameños
Carlos Arango
En un reputado diario local, se publicó hace unos días una denuncia del legislador Mateo Castillero en la cual informa del posible aumento de las partidas secretas de la Presidencia de la República en un millón de balboas para el próximo año .
Esta denuncia se aclarará en el momento en que se presente el proyecto de ley de presupuesto a la Asamblea Nacional para su consideración.
Es necesario opinar sobre semejante desacierto con toda la anticipación que este caso amerita, dada la rapidez y eficiencia con que opera la burocracia presidencial, cuando se trata de gastar los dineros de los contribuyentes, especialmente cuando no hay que dar explicaciones a nadie .
El solo hecho de que se piense en aumentar las partidas discrecionales de la Presidencia, es una confirmación adicional de que la señora presidenta carece de la más elemental noción de lo que es un verdadero liderazgo.
Cuando el Organo Ejecutivo compromete a las diversas dependencias del Gobierno Nacional a reducir el gasto público por razón de la disminución de las recaudaciones fiscales, la señora Moscoso piensa en un aumento de sus partidas secretas, según la denuncia referida.
Si esto resultara ser el caso, habría que explicarle a la señora presidenta que el liderazgo, característica indispensable de un gobernante, se basa en el ejemplo personal. Por lo tanto, ¿con qué autoridad podría exigir lo que ella no estaría dispuesta a cumplir? Si ya de por sí su liderazgo está en muy malas condiciones ante la opinión pública, quedaría reducido a su mínima expresión, producto de su propia inconsistencia.
Ciertamente es prematuro hacer un juicio sobre el asunto en cuestión, pero la suspicacia que el propio Poder Ejecutivo ha despertado en los electores con los frecuentes escándalos, nos obliga a anticipar rápidamente nuestra protesta y crítica severa ante una pretensión a todas luces injustificada.
Es oportuno recordar que las partidas secretas nacieron en la dictadura militar. No hemos olvidado al dictador Omar Torrijos con el maletín cargado de dinero del erario público, gastándolo a su exclusiva discreción y sin tener que rendir cuentas. Del famoso maletín han pasado a partidas secretas o discrecionales. La única diferencia, es que han refinado su abuso.
Tales partidas secretas son una inmoralidad, si tomamos en cuenta las urgentes necesidades que tienen muchos panameños. No es que con ese dinero se solucionarán sus problemas. El punto es que es una afrenta que hiere la dignidad humana de nuestros hermanos marginados. Además, ¿por qué un presidente necesita partidas secretas para gastar dineros de los contribuyentes a su antojo? No hay justificación para ese abuso del poder político .
Independientemente de si se aumentan o no las partidas secretas, la presidenta que tanto ha criticado a Omar Torrijos y a Ernesto Pérez Balladares, está haciendo lo mismo que ellos. ¿En qué quedamos? Es malo cuando lo hace otro, pero cuando lo hace uno es bueno. De allí la doble moral que ha hecho costumbre la actual gobernante, demostrándonos una vez más por qué no se puede confiar en su gobierno .
Esperamos que de llegar a concretarse el aumento de las partidas secretas denunciadas por el legislador Castillero, la mayoría legislativa, que dice querer adecentar la Asamblea, rechace ejemplarmente una pretensión tan abusiva e injustificada.
El autor es empresario
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