De
política
Antropofagia
política
El fracaso de la gestión
arnulfista aumenta la necesidad de que sea el Legislativo el que
propicie la institucionalidad de los partidos
Mario Velázquez Chizmar
El punto neurálgico de la estrategia
electoral arnulfista fue barrer al PRD. Cuando lo lograron, su actuación
no se desprendió de esa meta: lo esencial fue tumbar lo que
había hecho ese partido y atribuirle la culpa de todo. La
noción del poder no para gobernar o para construir, ni para
poner en ejecución tesis políticas de administración
pública, sino para arrasar al adversario y repartir el botín
de una innoble batalla, ha sido una constante de este gobierno.
Ellos son portadores de esa vieja enfermedad que se creía
extinguida: contiendas cívicas con índole de antropofagia
espantable.
Miremos solamente el campo legislativo. El
tristemente célebre Pacto de La Pintada terminó como
uno de los peores capítulos en la historia de ese Organo.
Una gestión administrativa desastrosa. En general, una pésima
calidad del producto elaborado. La Asamblea siguió la ruta
trazada desde el Ejecutivo y su actuación mayoritaria fue
vivo ejemplo de mezquindad política, deficiencia institucional,
conducta monárquica, entronización de inclinaciones
tropicales en la labor legislativa y manipulación del poder.
Este capítulo estuvo lejos del correcto desenvolvimiento
de una rama del poder público independiente, con luz propia
y primordialmente preocupada por su función fiscalizadora
y de fabricante de leyes para el bienestar de la Nación.
La reacción oficialista frente al nacimiento
del acuerdo META, los desenmascaró una vez más. En
esa oportunidad les ofrecieron la presidencia de varias comisiones.
Sus resentimientos y su odio hacia el PRD les impidió ver
más allá de sus narices y se opusieron rabiosamente
a participar en este noble y urgente esfuerzo, que superaba cualquier
estrategia para llegar al poder, colocándose en la senda
correcta de otorgarle a la Asamblea el sitial que le corresponde
en nuestra estructura democrática.
El ultimátum de las sesiones extraordinarias
es otro ejemplo. Uno de sus objetivos era quebrar el META mediante
su confrontación con la ciudadanía por razón
de tan delicado tema. Si el Ejecutivo fuese sincero, habría
enfrentado esta necesidad popular desde un principio, ya que era
prioritario en su plan de gobierno y tenía la mayoría
en la Asamblea. Lo viene a proponer en receso de una Asamblea donde
es minoría y después de dos años de desgaste.
La avidez incontenible de los arnulfistas en su bárbaro afán
de dominio, aunado a su repudio inmensurable hacia el PRD, no les
permitió ver que se trataba de una muerte anunciada. Sin
proponérselo, ganó el META.
Derrotados, y con una nueva pérdida,
los oficialistas trataron de colarse en dicho esfuerzo; pero, además
del extemporáneo intento, quedaron al desnudo en sus verdaderas
intenciones. No pidieron participación, sino que exigieron
el control de dos comisiones específicas para asegurar la
continuidad de dos de sus principales actitudes abusivas: los excluyentes
nombramientos partidistas y amicales, y el manejo arbitrario de
las finanzas públicas. O sea, no les interesa la cara y la
función de la Asamblea, sino que desean continuar con la
fiesta. La democracia le agradecerá al META haberlo impedido.
Al META le falta mucho, pero no se detiene
en su ascenso. No solo el producto hay que mejorarlo, sino procurar
la irreversible institucionalización de los partidos como
conductos naturales de expresión de la opinión política
dentro del orden democrático. El desempeño de los
legisladores es fundamental para el éxito de esta tarea.
El fracaso de la gestión arnulfista aumenta la necesidad
de que sea el legislativo el que con su ejemplo abone el terreno
en este empeño, para que este país mejore su autoestima
y transforme su energía. De no hacerlo, daremos paso expedito
a la voracidad de los arnulfistas que se comerán el país.
El autor es abogado y miembro del PRD
Proporcionalidad
y democracia
Garantizar la participación
política de las minorías impide la tiranía de la mayoría, fenómeno
tan nocivo como el predominio de una oligarquía o de un autócrata
Carlos Guevara Mann
La representación de las minorías constituye
una dimensión importante en los regímenes democráticos, que responde
a elementales nociones de justicia. Para asegurarla, surgió en el
siglo XIX la idea de la representación proporcional, que busca asegurar
la asignación de funciones públicas de acuerdo con la proporción
de las preferencias electorales recibidas por cada fracción contendiente.
En la mayoría de las democracias consolidadas
se emplea el sistema de representación proporcional, no solo en
los comicios generales, sino también en las elecciones internas
de los partidos, en la distribución de los cargos de las corporaciones
públicas y en otros procesos electorales.
Así, estas democracias garantizan la participación
política de las minorías e impiden la tiranía de la mayoría, fenómeno
tan nocivo como el predominio de una oligarquía o de un autócrata.
En Panamá, la representación de las minorías
constituyó un rasgo distintivo del sistema político desde los inicios
de la República. Para garantizar que los partidos históricos tuviesen
oportunidad para contribuir en igualdad de condiciones a la construcción
de la República, en diciembre de 1903 las 32 curules de la Convención
Nacional Constituyente se distribuyeron equitativamente entre los
candidatos conservadores y liberales más votados de cada provincia.
El sistema de representación proporcional se incorporó formalmente
a nuestro régimen electoral en 1928 e inspiró la elección de la
Asamblea Nacional y las corporaciones municipales hasta 1968, cuando
el golpe militar liquidó el régimen constitucional y lo reemplazó
por una tiranía castrense.
Hoy, sin embargo, impera en el sistema político
una tendencia al acaparamiento, herencia lógica del militarismo
que engendró la reforma constitucional de 1983. En las elecciones
legislativas, la fórmula vigente se desvía de la proporcionalidad
tanto o más que varios sistemas mayoritarios. El voto de las minorías
se pierde por completo en las elecciones para integrantes de las
corporaciones municipales (hoy llamados “representantes de corregimiento”),
así como en los comicios partidistas (en el caso de los partidos
que celebran elecciones, por supuesto).
En días recientes, esta tendencia al acaparamiento
se ha manifestado nuevamente, en el proceso de integración de las
comisiones permanentes de la Asamblea Legislativa, no obstante lo
que al respecto señala hasta la misma Constitución política reformada
en 1983. El artículo 156 de dicho texto establece que “Todas las
Comisiones de la Asamblea Legislativa serán elegidas por ésta mediante
un sistema que garantice la representación proporcional de la minoría”.
Pero aunque el artículo 41 del Reglamento Interno de la Cámara reitera
este principio, la mayoría de la Asamblea, organizada en el pacto
META, dispuso nuevamente monopolizar los cargos directivos de las
21 comisiones permanentes.
Así se da valor al supuesto compromiso con
la democracia y la transparencia que pregonan hasta el cansancio
los miembros del pacto META, hoy reforzado con la migración oportunista
de un segundo legislador de Solidaridad.
Dicho compromiso exigía la distribución de
los cargos directivos de las comisiones permanentes de manera proporcional.
Pero el pacto META, bajo inspiración democristiana y perredista,
dispuso apropiárselas todas, como en los mejores tiempos de la dictadura.
Frente a esta actitud, corresponde a los
legisladores oficialistas hacerse presentes en las reuniones de
las comisiones y en las sesiones del pleno.
Ambos foros les dan la oportunidad de exigir
e impulsar la democratización del sistema político panameño, antes
de que el oportunismo, el cinismo y la rebusca terminen por sepultarlo.
El autor es politólogo y miembro del Partido
Arnulfista
Foro
ciudadano
En medio de los vientos de guerra mundial, Panamá
cuenta con la suya en la Asamblea, con motivo de la conformación
de las comisiones legislativas. Como verán, las opiniones
de los encuestados están muy divididas a la hora de calificar
la actitud de los miembros del Pacto Meta.
Frase de la semana
... esta es una guerra
entre el bien y el mal....
Bush, calificando el conflicto que se habrá
de enfrentar como consecuencia de los ataques terroristas contra
Estados Unidos.
Israel no quiere pagar el precio de
una coalición antiterrorista....
Ariel Sharon, reaccionando a la propuesta
del presidente de Estados Unidos de lograr una coalición
mundial para atacar el terrorismo internacional.
Lo
que ellos opinan
Oydén
Ortega
Abogado y ex legislador
La forma de elegir las comisiones permanentes se
basa en la representación de las distintas bancadas en
la Asamblea Legislativa. Por tanto, es lógico que quien
tenga la mayoría, las controle. No obstante, es conveniente
agotar la posibilidad de la integración mediante consensos,
lo que no ha sido posible.
Guillermo
Endara
Ex presidente de la República
La generosidad del primer año del pacto META
al ofrecer presidencias de comisiones a la bancada oficial, se
ha convertido este año en tacañería.
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