La solidaridad como cultura
Más que un principio del sistema de seguridad social, la solidaridad debe ser parte de un cambio cultural que necesita Panamá
Rolando A. Gittens
Las autoridades de la Caja de Seguro Social (CSS) están constantemente planteando la necesidad de mantener vigente el concepto de solidaridad, no solo en el sistema actual de pago de cuotas de los cotizantes -columna vertebral del financiamiento de la seguridad social panameña y del acceso a la protección del sistema-, sino también en el aporte del Estado a los programas de atención de la institución.
Pero el concepto de solidaridad en la CSS pareciera no ser muy bien acogido por los empresarios, ya que establece mecanismos para apoyar el acceso de los más pobres a los servicios básicos de salud. Los empresarios, por principio, resaltan la importancia de incrementar la riqueza a través de la creación del valor agregado en la producción. Y para que se pueda crear valor agregado en la producción, es necesario que las empresas o negocios tengan utilidades.
Este enfoque empresarial podría ser mayor en el caso de la CSS, ya que el costo del subsidio estatal sería una transferencia clara y considerable de dinero de todos los panameños.
La actitud empresarial panameña pareciera estar tornándose cada día más ortodoxa; ejemplos serían la no aceptación del gravamen de los gastos de representación a fin de financiar a través de la CSS la igualitaria pensión a los viudos; o la presión que mantuvieron contra el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para que la privatización de la Caja fuera parte de la agenda de discusión en el Diálogo Nacional.
Nadie puede negar la importancia creciente de la empresa privada como promotora del desarrollo del país. Pero deben reforzar los esfuerzos por profundizar la función social de los empresarios.
Ni la salud, ni la educación pueden ser analizados como una empresa cualquiera. Estamos justamente en el momento preciso para que todos los recursos y esfuerzos de nuestra sociedad se centren en dar una salud adecuada y una educación actualizada, a fin de que la población económicamente activa de los próximos años pueda darle por fin el impulso a la economía y a nuestros recursos para situarnos en la etapa de desarrollo.
Muchos analistas famosos como Alvin Tofler (La tercera ola) señalan a la educación como la infraestructura del futuro; lo fundamental para la economía.
Ningún analista social puede dejar de considerar que cerca del 75% de la población del país, está siendo cubierta por los programas de salud de la Caja de Seguro Social, convirtiéndose en un considerable desafío ofrecer una buena atención de salud que coadyuve a la vigencia plena del derecho a la vida.
Además de la lucha por el crecimiento económico, los gobiernos deben contemplar los mecanismos para que los beneficios de la mayor producción sean socialmente compartidos y que realmente alcancen a todos los panameños.
Estamos hablando de la búsqueda de la equidad y de que la minoría algún día también pueda disfrutar del bienestar.
En este camino, la transformación de la educación es esencial, para que no sea solo el medio para conseguir trabajo, sino el instrumento para aumentar las posibilidades de desarrollo individual de nuestros hijos.
Por lo tanto, mantener el concepto de solidaridad trasciende el hecho de asegurar el funcionamiento de un sistema de seguridad, para ser una forma de ver y vivir la vida que permitirá a los panameños ayudar a su vecinos, y a sus conciudadanos más pobres, a lograr una vida más plena.
En este sentido, es necesario que las autoridades de la Caja del Seguro Social tomen el liderazgo de toda una campaña de acciones solidarias a favor de las comunidades más necesitadas de este país, visitando y ayudando a afrontar la difícil etapa que atraviesa nuestra economía. La idea es convertir un concepto en una cultura, en una forma de vida más sensible y cristiana a favor de los más pobres y abandonados.
El autor es periodista
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