Panamá, 22 de septiembre de 2001
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Trasfondo
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

¡Cuánta intolerancia!

La destrucción de las torres gemelas de Nueva York ha sido explicada al mundo, conectado a los medios de comunicación masivos, como una represalia árabe contra Estados Unidos por su apoyo al Estado de Israel. La conmoción pareciera haber afectado sin distingos de religión ni clases sociales a todos los que hemos conocido el hecho.

Sin embargo, la desafortunada realidad del asesinato de tantos inocentes el pasado 11 de setiembre, y cuyos restos quedarán tal vez bajo los escombros conocidos solo por Dios, me obliga a compartir públicamente una reflexión que invita, en esta época en que el pueblo judío celebra el día del arrepentimiento (Yom Kipur), a que todos los que nos consideramos judíos en este país -de las comunidades, ortodoxa, conservadora y liberal-, hagamos una revisión sincera de aquellos actos que pudieran traducirse en intolerancia religiosa y de paso, social.

Debemos recordar, hoy más que nunca, que el pueblo judío fue masacrado por millares a causa tal vez, de la creencia absoluta en un solo Dios (...) para que aprendiéramos en el dolor a hermanarnos con el dolor ajeno, sea el de un judío o no.

Debemos tener presente que la tolerancia no nos asimila, sino que nos eleva a un plano superior donde el respeto a la humanidad de la persona es el valor máximo que debemos inculcar en nuestros hijos.

Presiento con tristeza que el llamado será en vano, mas quiero conservar la esperanza de que alguien se atreva a atenderlo y haga el esfuerzo por el cambio interior, en el alma de cada uno, y lo demuestre en un cambio exterior o de actitud, hacia la tolerancia. Así, en lugar de continuar separados los unos de los otros, aun siendo minoría y precisamente por serlo, nos acerquemos con respeto, aceptando que habitamos un mundo que nos pertenece a todos (...)

Maruquel Castroverde de Ortega

Además en opinión

•Cuando los mitos se derrumban: Carlos Iván Zúñiga Guardia
Paciencia o ineficiencia: Juan Mckay
Oradores panameños de ayer: Jorge Conte Porras
¡Cuánta intolerancia!: Maruquel Castroverde de Ortega
La solidaridad como cultura: Rolando A. Gittens