¡Cuánta intolerancia!
La destrucción de las torres gemelas de Nueva York ha sido explicada al mundo, conectado a los medios de comunicación masivos, como una represalia árabe contra Estados Unidos por su apoyo al Estado de Israel. La conmoción pareciera haber afectado sin distingos de religión ni clases sociales a todos los que hemos conocido el hecho.
Sin embargo, la desafortunada realidad del asesinato de tantos inocentes el pasado 11 de setiembre, y cuyos restos quedarán tal vez bajo los escombros conocidos solo por Dios, me obliga a compartir públicamente una reflexión que invita, en esta época en que el pueblo judío celebra el día del arrepentimiento (Yom Kipur), a que todos los que nos consideramos judíos en este país -de las comunidades, ortodoxa, conservadora y liberal-, hagamos una revisión sincera de aquellos actos que pudieran traducirse en intolerancia religiosa y de paso, social.
Debemos recordar, hoy más que nunca, que el pueblo judío fue masacrado por millares a causa tal vez, de la creencia absoluta en un solo Dios (...) para que aprendiéramos en el dolor a hermanarnos con el dolor ajeno, sea el de un judío o no.
Debemos tener presente que la tolerancia no nos asimila, sino que nos eleva a un plano superior donde el respeto a la humanidad de la persona es el valor máximo que debemos inculcar en nuestros hijos.
Presiento con tristeza que el llamado será en vano, mas quiero conservar la esperanza de que alguien se atreva a atenderlo y haga el esfuerzo por el cambio interior, en el alma de cada uno, y lo demuestre en un cambio exterior o de actitud, hacia la tolerancia. Así, en lugar de continuar separados los unos de los otros, aun siendo minoría y precisamente por serlo, nos acerquemos con respeto, aceptando que habitamos un mundo que nos pertenece a todos (...)
Maruquel Castroverde de Ortega
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