El blanco favoritode los terroristas
A lo largo de la historia, los grandes monumentos han sido blanco de personas o países que realizaron actos que hoy podrían llamarse terrorismo
En el año 356 antes de Cristo, el orgullo de la destellante ciudad de Efeso, en lo que hoy es Turquía, fue el Templo de Artemisa, con 91 metros de largo, 45.5 metros de ancho y más de 100 columnas de piedra soportando un enorme techo.
Pero un acto de infamia a cargo de un joven llamado Heróstrato redujo la gran estructura a escombros.
El joven prendió fuego al templo, que quedó en ruinas. Los historiadores han descrito a Heróstrato como el loco que vio la destrucción del templo como su única oportunidad para alcanzar fama inmortal. Su acto fue tan horroroso que los ciudadanos de Efeso promulgaron un decreto dictaminando que la sola mención del nombre de Heróstrato sería castigada con la pena de muerte.
Los ataques del 11 de septiembre contra el World Trade Center en Nueva York y el Pentágono, a las afueras de Washinton, fueron los últimos en la larga lista de atentados en contra de famosas creaciones humanas.
En marzo el gobernante Movimiento Talibán de Afganistán, que busca crear un estricto estado islámico, dinamitó dos de las más famosas esculturas del budismo, por considerarlas “ofensivas al islamismo”. Sus blancos fueron las mayores estatuas en honor a Buda, talladas en los farallones de Bamiyan en el siglo tres y cuatro.
Una de las esculturas medía 53 metros de alto y la otra 36. En comparación, la Estatua de la Libertad en Nueva York tiene 46 metros de altura. Las esculturas habían sobrevivido por siglos, escapando incluso a la furia destructiva del líder mongol Genghis Khan.
“Ciertamente, cada vez que una cultura enfrenta a otra que no entiende, parte de su instinto inicial es arrasar con esta. Es el tipo de instinto humano presente desde los primeros tiempos”, dijo Lowry Burgess, profesor de arte de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh.
Muchos imponentes monumentos históricos -templos, iglesias, mezquitas, palacios y otros- se han perdido con el paso del tiempo o han sido destruidos en las guerras. Pero otros han sido escogidos para su destrucción por su significado simbólico, como el Pentágono y las Torres Gemelas. “Hay ciertos paralelos interesantes entre la antigüedad y los trágicos eventos del 11 (de septiembre)”, dijo James Higginbotham, profesor de arqueología en el Bowdoin College en Maine.
La historia está llena de ejemplos. En el año 1009, el califa egipcio al-Hakim ordenó destruir la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, construida en el año 330 después de Cristo. Se decía que el templo había sido ubicado en el lugar de la crucifixión y entierro de Jesucristo. Por órdenes de al-Hakim la tumba de Cristo fue demolida por completo.
Ese hecho ayudó a precipitar Las Cruzadas y siglos de guerra entre musulmanes y cristianos. Los cruzados luego construyeron una nueva iglesia en el mismo lugar.
En 1521, los conquistadores, encabezados por Hernán Cortés, destruyeron el Templo Mayor y todo el centro ceremonial de Tenochtitlán, capital azteca y una de las ciudades más pobladas en esa época, en lo que hoy es la ciudad de México.
El Templo Mayor era una enorme estructura con dos pirámides dedicada a los dioses de la guerra y la lluvia, donde se realizaban ritos de sacrificio. Los españoles, que rechazaban los rituales, buscaron arrasar la cultura azteca destruyendo sus monumentos. Sobre las ruinas del Templo Mayor, los españoles construyeron lo que hoy es la catedral de la ciudad de México.
En el año 70 dC., legiones romanas comandadas por Tito subyugaron a los judíos insurrectos y demolieron el segundo templo de Jerusalén.
El primer templo también había sido destruido en el mismo día y mes por el rey babilonio Nabucodonosor en el 587 aC. La destrucción del segundo templo dispersó a los judíos alrededor del mundo.
Pero a veces los actos de destrucción son perpetrados contra ciudades que albergan una cultura, como el ataque mongol a Bagdad en 1258. La ciudad era uno de los mayores centros intelectuales del mundo y corazón del mundo islámico.
El líder mongol Hulagu, hijo de Genhis Khan, se negó a aceptar la rendición de la ciudad por el califa reinante, quien fue asesinado sumariamente. Los mongoles se enfrascaron los dos meses siguientes en una orgía de destrucción que devastó la ciudad y costó la vida a unas 100 mil personas.
Pero a veces la grandeza emerge de las ruinas. El templo que los efesios erigieron para remplazar el que destruyó Heróstrato se convirtió después en una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
REUTERS
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