Panamá, 21 de septiembre de 2001
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De política

Antropofagia política

El fracaso de la gestión arnulfista aumenta la necesidad de que sea el Legislativo el que propicie la institucionalidad de los partidos

Mario Velázquez Chizmar

El punto neurálgico de la estrategia electoral arnulfista fue barrer al PRD. Cuando lo lograron, su actuación no se desprendió de esa meta: lo esencial fue tumbar lo que había hecho ese partido y atribuirle la culpa de todo. La noción del poder no para gobernar o para construir, ni para poner en ejecución tesis políticas de administración pública, sino para arrasar al adversario y repartir el botín de una innoble batalla, ha sido una constante de este gobierno. Ellos son portadores de esa vieja enfermedad que se creía extinguida: contiendas cívicas con índole de antropofagia espantable.

Miremos solamente el campo legislativo. El tristemente célebre Pacto de La Pintada terminó como uno de los peores capítulos en la historia de ese Organo. Una gestión administrativa desastrosa. En general, una pésima calidad del producto elaborado. La Asamblea siguió la ruta trazada desde el Ejecutivo y su actuación mayoritaria fue vivo ejemplo de mezquindad política, deficiencia institucional, conducta monárquica, entronización de inclinaciones tropicales en la labor legislativa y manipulación del poder. Este capítulo estuvo lejos del correcto desenvolvimiento de una rama del poder público independiente, con luz propia y primordialmente preocupada por su función fiscalizadora y de fabricante de leyes para el bienestar de la Nación.

La reacción oficialista frente al nacimiento del acuerdo META, los desenmascaró una vez más. En esa oportunidad les ofrecieron la presidencia de varias comisiones. Sus resentimientos y su odio hacia el PRD les impidió ver más allá de sus narices y se opusieron rabiosamente a participar en este noble y urgente esfuerzo, que superaba cualquier estrategia para llegar al poder, colocándose en la senda correcta de otorgarle a la Asamblea el sitial que le corresponde en nuestra estructura democrática.

El ultimátum de las sesiones extraordinarias es otro ejemplo. Uno de sus objetivos era quebrar el META mediante su confrontación con la ciudadanía por razón de tan delicado tema. Si el Ejecutivo fuese sincero, habría enfrentado esta necesidad popular desde un principio, ya que era prioritario en su plan de gobierno y tenía la mayoría en la Asamblea. Lo viene a proponer en receso de una Asamblea donde es minoría y después de dos años de desgaste. La avidez incontenible de los arnulfistas en su bárbaro afán de dominio, aunado a su repudio inmensurable hacia el PRD, no les permitió ver que se trataba de una muerte anunciada. Sin proponérselo, ganó el META.

Derrotados, y con una nueva pérdida, los oficialistas trataron de colarse en dicho esfuerzo; pero, además del extemporáneo intento, quedaron al desnudo en sus verdaderas intenciones. No pidieron participación, sino que exigieron el control de dos comisiones específicas para asegurar la continuidad de dos de sus principales actitudes abusivas: los excluyentes nombramientos partidistas y amicales, y el manejo arbitrario de las finanzas públicas. O sea, no les interesa la cara y la función de la Asamblea, sino que desean continuar con la fiesta. La democracia le agradecerá al META haberlo impedido.

Al META le falta mucho, pero no se detiene en su ascenso. No solo el producto hay que mejorarlo, sino procurar la irreversible institucionalización de los partidos como conductos naturales de expresión de la opinión política dentro del orden democrático. El desempeño de los legisladores es fundamental para el éxito de esta tarea. El fracaso de la gestión arnulfista aumenta la necesidad de que sea el legislativo el que con su ejemplo abone el terreno en este empeño, para que este país mejore su autoestima y transforme su energía. De no hacerlo, daremos paso expedito a la voracidad de los arnulfistas que se comerán el país.


El autor es abogado y miembro del PRD


Proporcionalidad y democracia

Garantizar la participación política de las minorías impide la tiranía de la mayoría, fenómeno tan nocivo como el predominio de una oligarquía o de un autócrata

Carlos Guevara Mann

La representación de las minorías constituye una dimensión importante en los regímenes democráticos, que responde a elementales nociones de justicia. Para asegurarla, surgió en el siglo XIX la idea de la representación proporcional, que busca asegurar la asignación de funciones públicas de acuerdo con la proporción de las preferencias electorales recibidas por cada fracción contendiente.

En la mayoría de las democracias consolidadas se emplea el sistema de representación proporcional, no solo en los comicios generales, sino también en las elecciones internas de los partidos, en la distribución de los cargos de las corporaciones públicas y en otros procesos electorales.

Así, estas democracias garantizan la participación política de las minorías e impiden la tiranía de la mayoría, fenómeno tan nocivo como el predominio de una oligarquía o de un autócrata.

En Panamá, la representación de las minorías constituyó un rasgo distintivo del sistema político desde los inicios de la República. Para garantizar que los partidos históricos tuviesen oportunidad para contribuir en igualdad de condiciones a la construcción de la República, en diciembre de 1903 las 32 curules de la Convención Nacional Constituyente se distribuyeron equitativamente entre los candidatos conservadores y liberales más votados de cada provincia. El sistema de representación proporcional se incorporó formalmente a nuestro régimen electoral en 1928 e inspiró la elección de la Asamblea Nacional y las corporaciones municipales hasta 1968, cuando el golpe militar liquidó el régimen constitucional y lo reemplazó por una tiranía castrense.

Hoy, sin embargo, impera en el sistema político una tendencia al acaparamiento, herencia lógica del militarismo que engendró la reforma constitucional de 1983. En las elecciones legislativas, la fórmula vigente se desvía de la proporcionalidad tanto o más que varios sistemas mayoritarios. El voto de las minorías se pierde por completo en las elecciones para integrantes de las corporaciones municipales (hoy llamados “representantes de corregimiento”), así como en los comicios partidistas (en el caso de los partidos que celebran elecciones, por supuesto).

En días recientes, esta tendencia al acaparamiento se ha manifestado nuevamente, en el proceso de integración de las comisiones permanentes de la Asamblea Legislativa, no obstante lo que al respecto señala hasta la misma Constitución política reformada en 1983. El artículo 156 de dicho texto establece que “Todas las Comisiones de la Asamblea Legislativa serán elegidas por ésta mediante un sistema que garantice la representación proporcional de la minoría”. Pero aunque el artículo 41 del Reglamento Interno de la Cámara reitera este principio, la mayoría de la Asamblea, organizada en el pacto META, dispuso nuevamente monopolizar los cargos directivos de las 21 comisiones permanentes.

Así se da valor al supuesto compromiso con la democracia y la transparencia que pregonan hasta el cansancio los miembros del pacto META, hoy reforzado con la migración oportunista de un segundo legislador de Solidaridad.

Dicho compromiso exigía la distribución de los cargos directivos de las comisiones permanentes de manera proporcional. Pero el pacto META, bajo inspiración democristiana y perredista, dispuso apropiárselas todas, como en los mejores tiempos de la dictadura.

Frente a esta actitud, corresponde a los legisladores oficialistas hacerse presentes en las reuniones de las comisiones y en las sesiones del pleno.

Ambos foros les dan la oportunidad de exigir e impulsar la democratización del sistema político panameño, antes de que el oportunismo, el cinismo y la rebusca terminen por sepultarlo.

El autor es politólogo y miembro del Partido Arnulfista

Foro ciudadano

En medio de los vientos de guerra mundial, Panamá cuenta con la suya en la Asamblea, con motivo de la conformación de las comisiones legislativas. Como verán, las opiniones de los encuestados están muy divididas a la hora de calificar la actitud de los miembros del Pacto Meta.



Frase de la semana

“... esta es una guerra entre el bien y el mal...”.

Bush, calificando el conflicto que se habrá de enfrentar como consecuencia de los ataques terroristas contra Estados Unidos.

“Israel no quiere pagar el precio de una coalición antiterrorista...”.

Ariel Sharon, reaccionando a la propuesta del presidente de Estados Unidos de lograr una coalición mundial para atacar el terrorismo internacional.


Lo que ellos opinan

Oydén Ortega
Abogado y ex legislador

La forma de elegir las comisiones permanentes se basa en la representación de las distintas bancadas en la Asamblea Legislativa. Por tanto, es lógico que quien tenga la mayoría, las controle. No obstante, es conveniente agotar la posibilidad de la integración mediante consensos, lo que no ha sido posible.

Guillermo Endara
Ex presidente de la República

La generosidad del primer año del pacto META al ofrecer presidencias de comisiones a la bancada oficial, se ha convertido este año en tacañería.

 

 




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