Otro mundo
El mundo civilizado tiene que hacer todo lo posible porlograr la paz entre Israel y los palestinos
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El martes 11 de setiembre el mundo cambió: el poderío militar desapareció como garantía de invulnerabilidad.Al tomar posesión, el presidente Bush anunció su intención de darle prioridad a la tecnología para crear un escudo anti-misil sobre EU, lo que haría imposible que un misil proveniente de una nación enemiga penetrara en el espacio aéreo estadounidense. El solo anunciar estos planes complicó las relaciones con Rusia, con Europa y otros aliados, y puso en peligro los tratados existentes para la reducción de misiles nucleares. Se criticó acremente en la comunidad internacional lo que se percibió como la arrogancia del más fuerte, por actuar unilateralmente en un tema tan sensitivo.
¿Quién en su sano juicio habría imaginado que el odio, desesperación y fanatismo pudiera llevar a seres humanos a convertir aviones comerciales estadounidenses, volando desde aeropuertos estadounidenses, llenos de pasajeros, en misiles que destruirían los más grandes símbolos financieros y militares del país más poderoso de la tierra, produciendo miles de muertos y desaparecidos con ciudadanías diversas del mundo entero?
En segundos, el tecnológicamente avanzado potencial escudo anti-misil -que tanto problema diplomático causó hace apenas meses- fue convertido en inútil por seres que usaban la más artesanal y rudimentaria de las armas: un pequeño cuchillo... y el cuarto avión que cayó en un campo abierto en Pennsylvania aparentemente estaba proyectado hacia algún símbolo político, el Capitolio o la Casa Blanca, pero no dio en el blanco seguramente por actos heroicos de sus pasajeros que ya se habían enterado -a través de sus celulares- de lo ocurrido en Nueva York y Washington.
Y ahora, ¿qué hace el poder mundial frente a un enemigo sin cara, sin país, armado sólo de un fanatismo que lleva en el alma, donde nadie lo puede ver?
Como es otro mundo, también será otra guerra: sin precedentes, sin manuales conocidos. Será una guerra de inteligencia que seguramente será más de cuerpos de policía en cada país, que de ejércitos, entre otras razones porque la frase “inteligencia militar” ha resultado -en la práctica- un oximoron.
En esta guerra de inteligencia -decía un experto- los mejores aliados están en el mundo musulmán, así es que hay que evitar la tentación de profundizar odios y recordar que el objetivo es desarticular y castigar civilizadamente a un grupo de fanáticos, que siempre son pocos y poco representativos. Es vital una alianza total del mundo civilizado, incluido, por supuesto, el mundo musulmán.
Al mismo tiempo, el mundo civilizado tiene que hacer todo lo posible por lograr la paz entre Israel y los palestinos, ya que llevar a los seres humanos -de uno u otro lado- a la desesperación, produce el campo abonado para los fanatismos; y, como no hay enemigo pequeño -ya lo hemos visto-, la violencia engendra más violencia en un ciclo sin fin.
Para las víctimas, muchas de las cuales murieron en actos de suprema heroicidad, nuestras lágrimas y oraciones diarias. Para la nación estadounidense y su noble pueblo, nuestra profunda solidaridad en esta hora de inmenso dolor, con la esperanza de que su sentido de justicia siempre prevalezca sobre el comprensible sentimiento de venganza producido por tanto horror.
El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana
Además en opinión
•Las piruetas de la historia: Damián Barceló
• Otro mundo: I.
Roberto Eisenmann, Jr.
• Teología
contra tecnología: John Carlin
• Fortaleza inútil:
Susan Sontag
• A favor de Estados
Unidos: Gordon Sinclair
• Licitación
pública y seguridad jurídica: Víctor Lewis
• ¿Cómo curar
el espanto?: Juan Carlos Ansin
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