Panamá, 19 de septiembre de 2001
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Las torres gemelas y el doctor Caligari

Con la caída de las torres gemelas se derribaba uno de los íconos del orden mundial

Jon Subinas Garralda

En estas líneas quiero describir lo acontecido en Nueva York durante los atentados terroristas, desde una perspectiva simbólica y psicosocial, sin entrar en la gran desgracia humana y el desastre material que supone este hecho. Queriendo recalcar mi total consternación y condena por una parte, pero por otro lado considero que es necesario tener una perspectiva amplia, y lo más comprensiva posible de este tipo de fenómenos, esperando poder aportar un nuevo ángulo, escribo este artículo.

Antes que nada, es importante analizar cómo históricamente, Manhattan se ha ido constituyendo como el arquetipo mundial de “ciudad” por medio de la imagen, la publicidad, la televisión y el cine. En esta imagen mundial, las torres gemelas constituían una parte esencial de la geografía visual de la urbe. En nuestro imaginario, ese retrato era una realidad invariable que resistiría el pasar del tiempo.

Pero el martes 11 de septiembre, amanecimos en Panamá con un cuadro inesperado: las torres gemelas eran atacadas. Con esa imagen, un importantísimo pilar de nuestra seguridad en el orden social se tambaleaba. Con la caída de las torres gemelas se derribaba uno de los íconos del orden mundial y nuestra percepción/sensación de seguridad y confianza respecto a la robustez del sistema social entraba en crisis. En este contexto de desconfianza, incertidumbre e inseguridad, el rol de los mass media (que en este caso podemos llamar global media) se constituye como crucial

¿Cuál es ese rol? A mi parecer, restituir la confianza en el orden social, y en la capacidad de reponerse ante cualquier fatalidad o catástrofe no esperada.

Para restaurar esa confianza, los medios de comunicación han tomado una forma narrativa que me propongo describir. Primero se recurrió a principios axiológicos generales para describir “el mal”, donde primaba la autoridad moral de los poderes públicos frente a un enemigo aún no definido. El paso siguiente fue crear la figura del “anti-héroe” o “villano, marcando sus perniciosas características morales y éticas, personalizándolo en una “cara” concreta (Osama bin Laden). “Mientras el enemigo del orden social es uno, el orden social lo somos todos”.

Este giro narrativo imprime un vuelco de 180 grados y así, frente a una amenaza global, fatal, insidiosa e indeterminable, pasamos a un enemigo claramente delimitable, e inclusive visible, el cual tanto en un sentido material como moral es más débil.

Con este giro copernicano se restituye la confianza psicosocial en las autoridades y en los mandos mundiales, y se renueva la certeza de que ante cualquier fatalidad de estas características, el orden mundial saldrá triunfante. Con este vuelco narrativo, todos nos podemos acostar tranquilos pensando en que todo lo acaecido en Nueva York es producto de la abyecta mente de un “doctor Caligari”, que una vez localizado, es susceptible de ser eliminado.

El autor es sociólogo español

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