Panamá, 19 de septiembre de 2001
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Líderes árabes enfrentan dilema

Washington encontrará pocos suscriptores árabes para una guerra que podría inflamar internamente la amenaza islámica

Afganos esperan en sus refugios. Tayikistán está lista para ayudar a combatir el terrorismo si se le pide formalmente, dijo el ministro de Relaciones Exteriores Talbak Nazarov.

BEIRUT, Líbano (REUTERS/EFE). –Internamente, los gobiernos árabes han empujado a la clandestinidad a grupos islámicos violentos y encarcelado o ejecutado a sus miembros, pero no han eliminado el peligro que esas fuerzas plantean para el mundo.

Ahora, después de los devastadores ataques en Nueva York y Washington, todos los gobiernos árabes están confrontando intensas presiones para hacerlo a la manera estadounidense: unirse a una guerra contra el dirigente guerrillero de origen saudita Osama Bin Laden, el principal sospechoso de organizar los atentados.

La matanza en el World Trade Center y el Pentágono mostró que tanto Estados Unidos como sus aliados árabes, así como sus adversarios, confrontan el mismo enemigo islámico, que ahora golpea con ferocidad inimaginable.

“Independientemente de si lo desean o no, a los gobiernos árabes no les queda más alternativa que cooperar con Estados Unidos. Los días en que cada país combatía contra su propia forma de terrorismo han terminado”, dijo Diaa Rachwan, experto en islamismo en el Centro para Estudios Estratégicos al-Ahram de Egipto.

Pero a diferencia de la amplia coalición liderada por Estados Unidos que se formó para expulsar a Iraq de Kuwait, en 1991, puede que Washington encuentre pocos suscriptores árabes para una guerra contra un enemigo escurridizo, que podría inflamar internamente la amenaza islámica para los gobiernos árabes.

El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, cuyo país ha estado librando una batalla contra grupos violentos que tratan de instaurar un estado puramente islámico, ha manifestado ya la actitud de incertidumbre que prevalece en la región.

Mubarak dijo a la cadena CNN que es demasiado pronto para hablar de una alianza internacional contra el terrorismo y que Washington debe meditar antes de emprender operaciones militares que podrían resultar en la muerte de civiles inocentes.

El rey Fahd de Arabia Saudita y otros líderes del Golfo también han prometido apoyar a Washington contra el terrorismo, aunque sin llegar a especificar la asistencia que podrían ofrecer en términos prácticos.

Pocos voluntarios para la cruzada estadounidense

Esa renuencia es avivada por el uso que el presidente George W. Bush ha hecho del término “cruzada” para describir la guerra por venir: una palabra que tantas reminiscencias despierta del Occidente cristiano que lanzó sangrientas campañas contra los musulmanes en los siglos XI y XII para recuperar la Tierra Santa y que probablemente “habrá de hacer rechinar los dientes de todos los musulmanes”, dijo un analista.

Analistas también advierten de la dificultad de hacer que estados árabes se sumen a una lucha que Israel desea extender a los grupos que, en muchos sectores, son considerados como una resistencia legítima a la ocupación de la Cisjordania y la Franja de Gaza.

Los árabes son renuentes a calificar como terrorismo la resistencia palestina a la ocupación israelí, y las líneas se volverán más confusas en la medida en que se presente a la opinión ciudadana árabe la posición de grupos palestinos como Hamas y Jihad Islámico.

Funcionarios de los países del Golfo han dicho que cooperarán con Washington, especialmente compartiendo informes de inteligencia. Pero diplomáticos dicen que Estados Unidos no ha hecho, aún, pedidos específicos de ayuda.

Aunque la utilización de instalaciones militares en Kuwait podría figurar entre las peticiones estadounidenses, analistas dicen que el pequeño emirato -rico en petróleo- tendrá la tarea más importante de tratar de frenar las fuentes locales de financiamiento dirigido a grupos islámicos bajo la guisa de organizaciones caritativas.

En junio, en Kuwait circuló una videocinta en la que bin Laden solicitaba asistencia financiera.

Políticos del Golfo han hecho campaña, desde hace mucho, en contra del papel de algunas organizaciones caritativas musulmanas e instaron al Gobierno a clausurarlas, argumentando que tales fondos podrían terminar en manos equivocadas.

Imad Gad, del Centro de Estudios Estratégicos al-Ahram, dijo que los regímenes árabes también resienten ahora los llamamientos de ayuda, después de las advertencias de naciones como Egipto en contra de albergar a conocidos miembros de los grupos islámicos.

El clérigo egipcio Sheikh Omar Abdel-Rahman, acusado de tratar de derrocar al Gobierno egipcio, ingresó a Estados Unidos con una visa otorgada por la embajada de Washington en Jartum, a pesar de las advertencias y la oposición de El Cairo.

“Ellos (los estadounidenses) desestimaron las preocupaciones de Egipto cuando se dijo que él era una amenaza y ahora está purgando prisión perpetua, en conexión con el atentado explosivo contra el World Trade Center en 1993”, dijo Gad, refiriéndose al ataque que dejó seis muertos y unos mil heridos. Durante el juicio se estableció que su grupo estaba ligado con Bin Laden.

Oferta

La resistencia afgana está dispuesta a ayudar en la captura de bin Laden dijo ayer martes el embajador afgano Ravan Farhadi.

Aunque el país está controlado militarmente por los talibán, la ONU no ha reconocido a estos como Gobierno legítimo de esa nación, por lo que Farhadi, representante del gobierno de Burhanudin Rabani, derrocado en 1996, habló en rueda de prensa como embajador oficial de Afganistán.

Farhadi acusó a Paquistán de prestar abundante ayuda militar e información a los talibán y reprobó a Estados Unidos que espere un movimiento favorable de Islamabad, algo que, aseguró, no ocurrirá.


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