Ataque terrorista a Estados Unidos: otra perspectiva
Lydia M. Young
Aunque para algunos, los actos terroristas del 11 de septiembre contra Estados Unidos constituyen un ataque a un gobierno lejano a Panamá, debemos entender que también constituyen un ataque a nuestros valores, principios y humanidad. Desde Asia y el Medio Oriente hasta Europa y América, ha sido reconfortante saber que la mayoría comparte los sentimientos de dolor, y reconoce que no es un atentado contra un país, sino contra una forma de vida.
Hace poco llegué de Hawaii donde tuve la oportunidad de visitar el Conmemorativo al buque USS Arizona. La reciente masacre en Nueva York y Washington me hizo recordar el ataque a Pearl Harbour en 1941, cuando soldados aún dormidos en sus trincheras fueron asesinados; miles de ellos, desconociendo que estaban en una guerra contra una nación cuyos gobernantes decían buscar la paz con Estados Unidos.
Lo que los terroristas han logrado con este nuevo ataque es llamar la atención de EU y del mundo, de que son un problema grave que debe atenderse y eliminarse. Con los ataques a Pearl Harbour, los japoneses sintieron que habían infligido una gran derrota. Recordemos lo que le aconteció luego a Japón, que aunque igualmente triste y controversial, para algunos era la única forma de detener sus ambiciones de conquista.
Sin embargo, el ataque terrorista a las Torres Gemelas constituye un suceso diferente. Este suceso es imperdonable porque tenía como fin asesinar a personas inocentes, todas con ilusiones, algunas pacifistas y llenas de bondad, y todas con familiares y amigos, que hoy no logran encontrar respuesta a lo sucedido.
Hallando a los culpables
Lo más cobarde de lo sucedido, es que los autores no se han atrevido a asumir la responsabilidad de los hechos. Diferentes fuentes apuntan a Osama bin Laden, un billonario saudí que se ha dedicado a la destrucción de los enemigos del Islam. Es irónico que durante los años 80, bin Laden peleó apoyado por Estados Unidos, junto a los mujahedeem de Afganistán, contra las tropas soviéticas. Durante la Guerra del Golfo en 1991, bin Laden se rebeló contra Estados Unidos, acechando a las tropas enviadas a Arabia Saudita. Desde entonces, se ha dedicado a unir a musulmanes en una guerra santa, o jihad, contra Estados Unidos e Israel. El régimen extremista talibán que gobierna Afganistán, y que ha dado asilo a bin Laden, niega que su protegido esté involucrado, y dicen repudiar tal ataque.
Para Estados Unidos, sería un grave error, no cerciorarse de quiénes son los verdaderos culpables. También lo sería pensar que con solo eliminar a bin Laden, se elimina el problema del terrorismo. Existen más de 28 organizaciones terroristas identificadas.
La eliminación de bin Laden por su parte será difícil, ya que está rodeado de hombres armados y dispuestos a dar sus vidas por él, y de asesinarlo antes de permitir que lo capturen vivo. Estos terroristas constituyen un enemigo formidable debido a que han sido instruidos —algunos desde pequeños— en que dar su vida es “un honor y la forma de llegar al paraíso”. Aun sin bin Laden, los activistas de la organización Al-Qaeda que los agrupa, han sido entrenados para actuar de forma independiente, además de tener células desplazadas en todo el mundo, incluso dentro de Estados Unidos.
Respondiendo al enemigo
El gobierno de Estados Unidos debe cuidar de no volverse él mismo un terrorista, al atacar indiscriminadamente blancos que puedan causar la muerte de cientos de inocentes. El presidente Bush no debe buscar solo la venganza, aún cuando se sienta presionado a tomar acción. Al decir que irán no sólo tras los terroristas, sino contra aquellos que los protejen, es una clara alusión a Afganistán, que le ha brindado hospitalidad a bin Laden. Más aún, se afirma que hay Estados o naciones dando ayuda financiera a los terroristas, lo que pone presión en los gobiernos de Siria, Pakistán, Irak, Irán, Sudán, Libia, y aun China, quien ha efectuado transacciones comerciales con Afganistán. Ahora le tocará a cada nación decidir si está con o contra los EU y no será tan fácil llevar una política ambivalente.
Muchos temen que la respuesta agresiva de Estados Unidos traiga más ataques, y que esto se vuelva un intercambio sangriento de atentados como los que han venido ocurriendo entre Israel y Palestina. La realidad es que los terroristas no van a parar, independientemente de la reacción de Estados Unidos, y que la lucha contra ellos es larga, difícil, pero sobre todo, continua, ya que su influencia es mayor de lo que nos podemos imaginar. Si los países árabes que han venido apoyando a los terroristas no cesan su ayuda a estos grupos, Estados Unidos no podrá detenerlos.
La consecuencia es que todos sufriremos. Lo pensaremos dos veces antes de visitar EU, y aquellos que tienen hijos, familiares, o amigos allá, no dormirán tranquilos. No se trató de cuatro u ocho personas dispuestas a quitarse la vida para causar tanto mal, sino de diecinueve que ahora sabemos que participaron en el secuestro de los aviones.
Estados Unidos puede actuar unilateral, bilateral o multilateralmente; pero es imprescindible que busquen, como lo han venido haciendo, el mayor apoyo posible, y que utilicen al máximo los recursos diplomáticos y económicos, antes de los militares. Ha sido positiva la reacción de irrestricto apoyo de un gran número de naciones y organizaciones internacionales: la OTAN, la Unión Europea y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Razones para el ataque
La noche del ataque escuché que algunos analistas locales apuntaban a la política exterior de Estados Unidos, como la razón por la cual ese país sufrió tal atentado. O sea, que los estadounidenses son en parte responsables de lo sucedido, debido a las políticas de sus gobernantes. Soy la primera en criticar que el gobierno de Estados Unidos ha incurrido en políticas exteriores equivocadas y apoyado regímenes dictatoriales, en especial durante la Guerra Fría. Sin embargo, no hay justificación en el mundo, ni razón lógica por la cual se explique la masacre de personas inocentes.
La política de Estados Unidos de favorecer a Israel en el conflicto del Medio Oriente, no justifica la brutalidad del ataque a inocentes. Hasta los últimos días de la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos se mantuvo relativamente imparcial, tratando de llevar las partes a un acuerdo. El problema es que los extremistas tampoco quieren la paz con Israel, lo que hace imposible defenderlos. Es irónico pensar que los árabes que condujeron este ataque, han provocado que el gobierno estadounidense simpatice aún más con Israel y le brinde mayor ayuda.
Un análisis más profundo
Si bien es cierto que la política exterior en el Medio Oriente no justifica el ataque, Estados Unidos no debe usar este atentado para tomar una postura arrogante o indiferente contra los pueblos árabes. Este es el momento para que Estados Unidos se eleve como nación, y conduzca una política más humana, aunque claramente no tolerante de ningún ataque a Israel. La raíz del problema árabe,radica en que la mayoría del pueblo ha vivido en ignorancia por décadas, faltos de educación y en un estado de relativa pobreza. Ellos mismos son víctimas de gobernantes dictatoriales y mentes cerradas que los limitan.
Admiro a Yitzak Rabin, porque tenía la visión correcta. La guerra no conduce a nada, sino al odio y a la muerte. Por eso, Estados Unidos debe manejar el problema árabe de dos formas. Existen aquellos que ven a Estados Unidos como el Satán, y están decididos a acabar con ese país. Estados Unidos tendrá que luchar contra estos y eliminarlos, para lograr su propia paz. Pero existe el resto que, puede no gustar de Estados Unidos, pero que de ver una política más humana, estarían menos anuentes a pasarse al campo de los terroristas. Si Estados Unidos no entiende este concepto, cada día habrá más árabes dispuestos a tomar el lugar de bin Laden.
Aspectos internos que tratar
Una de las deficiencias que sobresalieron de este incidente, es la falla en los servicios de inteligencia encargados de la seguridad del Estado. Es preocupante que no se tenía indicio del ataque, aún cuando bin Laden había advertido semanas antes que atacaría intereses norteamericanos. Podemos contar con que se tomarán nuevas medidas de seguridad, particularmente en los aeropuertos y aviones.
La realidad es que estas medidas no detendrán al terrorismo. Estos no usan la misma fórmula de ataque, de tal forma que tendrán como blancos otros medios de transporte. Peor aún, podrían usar métodos más letales, como armas químicas y biológicas, lo que sería aún más catastrófico para el país.
Este atentado puede crear conductas equivocadas, y una de ellas sería tomar represalias contra los árabes americanos que residen en los EU. Este fue uno de los más grandes errores después de Pearl Harbor, ya que se detuvieron en campos de concentración a los japoneses americanos que nada tenían que ver con el ataque. Por suerte, los medios de comunicación estadounidenses están haciendo un llamado para evitar esta situación.
Ha sido reconfortante ver las muestras de simpatía de todas partes del mundo. Cuando escucho críticas o veo indiferencia hacia lo ocurrido en Estados Unidos, pienso en lo rápido que se nos olvida que cuando hay una catástrofe en nuestro hemisferio, ellos son los primeros en ayudar.
Todos los países son vulnerables a ataques terroristas. Miremos nada más a España, que ha sufrido los infames ataques de la ETA, y a Colombia, con una guerra civil de la cual la mayoría es víctima.
El terrorismo no conoce fronteras y, por tanto, debe ser combatido por todos, con un frente común. El terrorismo es casi imposible de detener, pues su raíz y lo que lo hace prosperar, es el odio; y si pensamos que en Panamá estamos lejos de semejantes problemas, recordemos que hubo llamadas anónimas al Canal después del atentado. Aunque tomemos estas llamadas como falsas alarmas, algo nos deben de decir.
La mejor forma de combatir este fenómeno, es viviendo con amor. Procuremos enseñar a nuestros hijos valores como el respeto por los demás, no importa su color de piel, su religión, su situación económica o su profesión.
Aunque la mayoría no se da cuenta, la situación actual es preocupante. El excesivo materialismo, la creciente pobreza, la discriminación y la violencia hacen necesario que tengamos un “shock” para que recapacitemos; de otra forma, pereceremos espiritualmente. Si bien es cierto que lo sucedido es triste, es también un llamado de alerta para que miremos hacia lo espiritual y nos acerquemos a Dios, no importa cómo lo concibamos o qué religión profesemos.
A pesar de la necesidad de ir tras los terroristas, las señales de un acercamiento espiritual en el pueblo norteamericano se están haciendo notar: los miles de voluntarios deseosos de ayudar y de donar sangre; los policías y bomberos dando sus vidas para salvar a otros; niños escribiendo notas de esperanza a estos héroes; pero sobre todo, unos políticos —senadores y representantes— tomados de la mano horas después del ataque, cantando en las escalinatas de su institución “Dios bendiga a América”, tierra de libertad. Aquí no vimos diferencias entre demócratas y republicanos, solo hombres y mujeres que trabajan por su nación.
¿Tendrá que ocurrir en Panamá una catástrofe para que nuestros gobernantes y políticos entiendan que la mayoría repudiamos sus peleas y ataques entre sí, y que su deber es unirse, y trabajar juntos para hacer de Panamá una gran nación?
La autora es analista política y especialista en relaciones internacionales
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