Panamá, 18 de septiembre de 2001
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El defensor del lector y algo más

En días pasados, leyendo el diario La Prensa, me enteré que se había creado dentro de su estructura administrativa la figura del defensor del lector. Para sorpresa mía esta responsabilidad recayó sobre el experimentado periodista Herasto Reyes.

Los que a diario y sin conocerlo hemos seguido la trayectoria de Herasto, nos hemos podido percatar que muy por encima de las circunstancias y del subjetivismo está su clara vocación por su trabajo y el respeto que merecemos todos. La imparcialidad es su arma y defiende la libertad de expresión en todo momento y lugar.

Desde que leí esta noticia sentí la necesidad de hablar sobre los defensores con que contamos los panameños para que velen por nuestros derechos. Y es que los que tienen este deber, no han sabido responder a las verdaderas exigencias de un pueblo (....)

Como muestra, tenemos a los señores legisladores que suman 71 en todo el país y que, apenas ocupan su lugar en la Asamblea, les entra una amnesia total y se olvidan de todas las promesas hechas en campaña y le dan la espalda de manera total al pueblo que los eligió.

Igual situación ocurre con nuestro Organo de Justicia, donde los panameños ven frustrado todo intento de esclarecer hechos y saciar la sed de justicia. En vez de solucionar se convierten en parte del problema y hasta abiertamente obstaculizan los procesos. Tal es el caso del Procurador actual en el sonado caso de los restos de Heliodoro. No solo ha impedido las investigaciones, sino que ha dado veredictos para confundir a los ciudadanos.

La defensoría del pueblo se ha convertido en el DENI como lo tenía Noriega. Pues allí solo se investiga cuando el denunciado no es de la línea política del defensor de turno (...)

Veamos al “ente” regulador de los servicios públicos: de supuestos defensores del pueblo por ley, han permitido apagones, daños a aparatos eléctricos, llamadas brujas, etc.

La llamada Clicac, parece no vivir en este país, ya que el costo de la canasta básica varia de acuerdo al genio de cada comerciante (...) la gasolina por ejemplo, sube con razón o sin ella, y cuando lo hace el aumento es de reales; pero cuando baja, demora para hacerlo y es solo una bajada de centavos.

¿Deberían nombrar, por ejemplo, al defensor del conductor que nos ayude a librarnos de las boletas antojadizas de los policías de tránsito?

Debemos nombrar directamente a nuestros defensores, como una medida ciudadana para controlar lo que a todas luces es un descontrol que a diario nos golpea a cientos de miles de panameños que nos preguntamos, ¿y ahora quién podrá defendernos?

Albis Riquelme

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