Una sesión especial por los niños
Más de 10 millones de menores de cinco años mueren cada año, principalmente de enfermedades prevenibles y de desnutrición
Norberto Delgado Durán
En septiembre de 1990, la Cumbre Mundial en favor de la infancia, celebrada en Nueva York, fue una experiencia trascendental. Tan solo unas semanas atrás había entrado en vigor la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada en 1989 por la asamblea general de Naciones Unidas, tras haber sido ratificada lo más rápidamente y por más países que cualquier otro instrumento en el campo de los derechos humanos.
Los sueños y los anhelos de un mundo mejor para los niños que se plasmaron en los objetivos de la cumbre, representaban la expresión más clara y más práctica de buena parte de los temas de la Convención sobre los Derechos del Niño.
Al adoptar la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño y el Plan de Acción, los dirigentes mundiales prometieron que siempre concederían la máxima prioridad al interés superior de los niños; en las épocas buenas y en las épocas malas; en tiempo de paz o en tiempo de guerra; en la prosperidad o en medio de dificultades económicas, y se estableció un programa de trabajo ambicioso, pero viable. La fecha de su ejecución debía ser el año 2000.
Con ese fin, la cumbre reclamó una serie de actividades a nivel nacional e internacional para apoyar el logro de 27 metas concretas relacionadas con la supervivencia, la salud, la nutrición, la educación y la protección de los niños.
Nuestro país ha sido partícipe de ese compromiso a través de diferentes eventos; especialmente, al corresponderle la sede de la X Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno. Para esa ocasión, la presidenta de la República, Mireya Moscoso, dijo que su primer propósito había sido renovar la vocación política, dirigida a resolver los problemas de los más débiles del segmento social, que en nuestro caso son los niños, niñas y adolescentes. Por ello propuso que el lema que identificara la cumbre fuera “Unidos por la niñez y la adolescencia; base de la justicia y la equidad en el nuevo milenio”. A continuación declaraba que al comenzar el nuevo siglo, era necesario definir los objetivos sociales mediante el consenso de voluntades políticas hacia un verdadero pacto por el futuro de los ciudadanos más jóvenes de nuestra comunidad. Abogaba porque se potenciaran sus derechos, bienestar, seguridad y desarrollo integral, lo que requeriría dar prioridad a temas de alta sensibilidad, privilegiando los acuerdos que permitan alcanzar exitosamente las metas trazadas en la protección del interés supremo de los menores.
Desde su inicio, la política del Gobierno Nacional ha sido consecuente con esos ideales, definiendo las prioridades de manera que estos segmentos poblacionales representen los principales grupos objetivos de la política social. La finalidad es promover un desarrollo humano sostenible, reducir sistemáticamente y de forma duradera la pobreza, lograr la integración de los grupos humanos excluidos del desarrollo, y una distribución más justa de la riqueza.
Así se establecieron metas específicas vinculadas a la infancia y a la adolescencia, como la lucha contra la desnutrición infantil; el incremento de la cobertura, calidad y relevancia de la educación; el desarrollo de los sistemas de salud y de agua potable y saneamiento; la promoción de la familia como núcleo fundamental de la sociedad, y la atención de los grupos vulnerables.
En el informe presentado por el secretario general de las Naciones Unidas -en el que se evalúan los resultados de las metas de la cumbre al final de la década- se constata que, en general, en el mundo ha habido progresos netos y se ha sentado una buena base para acelerar nuevos avances en el presente decenio.
Sin embargo, los progresos alcanzados han sido desiguales y se caracterizan por importantes disparidades no solo entre las regiones y los países, sino también dentro de los países. Aún persiste una realidad en la que más de 10 millones de menores de cinco años mueren cada año, principalmente de enfermedades prevenibles y de desnutrición; un tercio no llega a completar cinco años de escuela básica; más de 100 millones en edad de escuela primaria -la mayoría niñas-, no están matriculados; más de 300 mil han sido reclutados en recientes conflictos armados, y más de 60 millones trabajan en las peores formas del trabajo infantil.
Por estos y otros motivos, los 189 miembros de la asamblea general -la entidad más elevada de formulación de política de la ONU-, convocaron a una sesión especial en favor de la infancia para este mes.
Esa sesión -que ha sido pospuesta debido a los trágicos hechos del 11 de septiembre- tendrá dos objetivos principales: una revisión del progreso logrado en favor de la infancia, y la renovación del compromiso y promesa de acciones específicas para la nueva década.
La iniciativa de dar seguimiento a las acciones realizadas por nuestros países para proveer a nuestra niñez de mejores condiciones de vida, se fundamenta en la necesidad de promover su desarrollo individual para que su futura participación en la sociedad esté a la altura de las exigencias de la rapidez que caracteriza los cambios que sufre el mundo de hoy; y que cada vez más, dará prioridad a la capacidad de lograr acceso a la información y a la tecnología.
Los primeros años del ser humano definen su potencialidad; y la ausencia de atención en ese período, lo condena al rezago y a la desigualdad. Cumplir con las metas que ha propuesto la comunidad mundial, es la vía hacia el rompimiento de los persistentes ciclos de pobreza, exclusión, intolerancia y discriminación que sufre ese indefenso grupo de nuestras sociedades.
Ese es el ideal que inspiró la Cumbre Mundial en favor de la Infancia y que dio origen al lema mundial “Los niños primero”, como principio rector de las políticas públicas, la distribución de recursos y las actividades prácticas.
Es la misma razón que motivó las palabras de nuestra presidenta en la apertura de la X Cumbre: “valorando en su justa dimensión, la evolución generacional del ser humano en la solución de los problemas sociales, tenemos que reconocer que en gran medida esas soluciones, lejos de estar en nuestras manos, están en las de esa juventud que estamos formando y que actuará conforme la eduquemos, la alimentemos y la formemos cultural y moralmente”.
La sesión especial reiterará la garantía de que todos los niños, sin excepciones, puedan disfrutar del derecho a la dignidad, la seguridad y la libre realización personal. Es responsabilidad de todos nosotros asegurarnos que a nadie se le olvide.
El autor es ministro de Economía y Finanzas
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