Panamá, 17 de septiembre de 2001
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El sida y los bancos de sangre

Xavier Sáez-Llorens

A raíz de la adquisición del virus del sida por una adolescente, mediante una transfusión sanguínea, se han vertido numerosos comentarios sobre negligencia profesional y dudas sobre la seguridad de nuestros bancos de sangre.

El requisito fundamental para ganarse la credibilidad de la sociedad, radica en la honestidad, objetividad y claridad de los funcionarios sanitarios del país, a la hora de afrontar y responder cualquier cuestionamiento público. Desafortunadamente, numerosas declaraciones plagadas de incongruencias, evasivas, “peloteos”, y saturadas de mecanismos defensivos innecesarios, han rociado combustible a la zozobra general. Nos quejamos de notas periodísticas tergiversadas, pero son nuestros dirigentes, con su falta de sinceridad y contundencia, los que alimentan el morbo de periodistas amarillistas sagaces.

Siempre he tratado de impulsar la excelencia en materia de salud y de incentivar la rectitud de todos los profesionales que laboramos en esta difícil y, a veces, angustiosa carrera. Por tanto, quiero clarificar lo sucedido, aunque esto me cueste represalias, gesticulaciones faciales de disgusto o muecas de desaprobación.

Esta desafortunada niña logró superar una leucemia (cáncer de la sangre) gracias al manejo protagonizado por el Departamento de Hematología del Hospital del Niño. Como parte de su tratamiento, tuvo que ser sometida a múltiples transfusiones de sangre. Seis años después de curada su leucemia (año 2001), acude a nuestra institución por una infección causada por hongos (histoplasmosis diseminada) y rápidamente se le diagnostica sida. Se procedió, de forma inmediata, a realizar la investigación sobre el modo de adquisición de esta enfermedad y se descubrió que, en 1994, la paciente había recibido una unidad sanguínea, procedente del Banco de Sangre del Hospital Santo Tomás (HST), de un donante que, en 1995, se comprobó tenía infección por el HIV (virus del sida). La única explicación posible para el contagio de la niña es que la sangre donada en 1994 se encontraba en un periodo llamado “de ventana”.

El periodo de ventana se define como el espacio de tiempo que transcurre entre el contacto de un individuo con el HIV, hasta que la prueba diagnóstica se torne positiva. En la década del 80, este periodo oscilaba usualmente entre 4-8 semanas. La probabilidad de que una donación de sangre se encontrara en este periodo, era aproximadamente de 1 por cada 150 mil transfusiones.

Con el advenimiento de la nueva generación de pruebas de laboratorio (ya disponibles en nuestros bancos de sangre), este lapso se ha acortado a un rango promedio de 2-3 semanas (riesgo de 1 por cada 500 mil-750 mil transfusiones). Actualmente en Estados Unidos y Europa se trabaja intensamente en desarrollar procedimientos diagnósticos moleculares para detectar pequeñas cantidades del virus del sida en la sangre de donantes y potencialmente reducir el periodo de ventana a pocos días. Basado en el riesgo estimado por periodo de ventana, la probabilidad actual de adquirir una infección por HIV mediante una transfusión sanguínea sería aproximadamente de un panameño cada 8-12 años.

En Panamá hay unos 25 bancos de sangre, públicos y privados. Se realizan unas 60 mil a 70 mil transfusiones de sangre cada año en todo el país (150-200 transfusiones cada día). Nuestros bancos de sangre cuentan con toda la tecnología moderna para minimizar el riesgo potencial de adquirir infecciones graves a través de transfusiones. El personal que labora en estos centros está bien entrenado y sensibilizado en relación a estos problemas. Una gran cantidad de vidas han sido salvadas gracias a la actuación rápida y oportuna de estas instituciones. Cada donante se somete a un escrutinio minucioso sobre su estado de salud, hábitos sexuales, antecedentes de enfermedades importantes, y es examinado por un médico capacitado para la óptima selección del candidato. A pesar de la escasez de donantes voluntarios, se procura evitar la donación comercial, salvo necesidades urgentes.

¿Cuál ha sido el único error en este caso? No haber notificado a los familiares de esta niña la captación, en 1995, de la infección por HIV en su donante. ¿Quién tiene la culpa? Habrá que investigar si el Banco de Sangre del HST notificó al Ministerio de Salud, en ese entonces, del donante infectado y, si lo hizo, ¿por qué este ministerio no procedió a contactar y alertar a los familiares de la niña? Con trámites correctos, la paciente habría sido precozmente tratada con los medicamentos anti-HIV y probablemente no habría sufrido las graves manifestaciones clínicas que la han tenido, recientemente, al borde de la muerte en el Hospital del Niño.

Nuestro hospital, sin tener la más mínima culpa en todos estos acontecimientos, se ha esforzado, como siempre, en salvarle la vida a esta inocente criatura. Diversos funcionarios de la institución se han quemado las pestañas en el cuidado de esta paciente y miles de dólares han sido gastados en tratar de que la niña supere sus graves afecciones. Soy optimista que, con la ayuda de los infectólogos de la CSS, esta preciosa adolescente ingresará a las filas de esas miles de personas valiosas infectadas por el HIV que viven con dignidad y apegadas a la esperanza de que la ciencia les ofrezca la curación definitiva en un futuro, ojalá cercano.

Me indigna toda la adversa e injusta propaganda que han sufrido nuestros bancos de sangre en estos días. Reconozco, sin embargo, que las inmerecidas críticas fueron parcialmente ocasionadas por las absurdas declaraciones de algunos de nuestros dirigentes. A ellos les recomiendo que procedan a indagar y asesorarse adecuadamente antes de emitir juicios desafortunados. Me entristece saber que contamos con un ministro de Salud de lujo, pero no hemos podido beneficiarnos todavía de su intelecto y capacidad gestora, ya que continuos errores heredados de pasadas administraciones, acompañados de intervenciones poco depuradas de algunos subalternos, intentan manchar su actuación ministerial.

Ojalá finalicen pronto los ataques al sector Salud. Nuestro pueblo se lo merece.

Mientras tanto, les garantizo que nuestros bancos de sangre son instituciones seguras, muy profesionales, y cuentan con sistemas modernos de extracción y procesamiento del vital líquido. Hasta el mismo Drácula sentiría envidia.

El autor es infectólogo pediatra


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