Rudos contra técnicos
La tapa del coco es lo del narcotraficante premiado con el perdón presidencial
Mario F. Calvit hijo
No tengo duda; los hombres, al igual que todos los animales salvajes, tienen la tendencia a unirse en grupos que los identifica. Pueden ser grupos de colores y formas variadas. Nos une la nacionalidad, la religión, el color de la piel, el idioma, la ropa, el deporte, la profesión, los gustos gastronómicos, los hábitos buenos y malos.
Tal vez de todas estas uniones, una de las que resulte más interesante de analizar sea las agrupaciones ideológicas que, por lo general, son el resultado de la suma de ideas, conceptos y principios que un grupo de hombres considera los más apropiados. Algunas de estas ideas, por supuesto, son tan nefastas como la bomba atómica (para mencionar al nazismo); sin embargo, otras son tan misteriosas e intrincadas que al propio Einstein le costaría analizarlas.
¿Qué hace que un grupo de panameños sea PRD, otros Liberales (esa es fácil...les gusta el rojo), otros estrella verde y otros más, arnulfistas. Tal vez muchos de los miembros de esos partidos políticos conocieron a sus fundadores y se apasionaron de una forma personal y directa. Otros, tal vez ingresaron para conseguir un empleo, un nombramiento, una carretera asfaltada hasta la puerta de su casa o los usuales favorcillos políticos. ¿Pero se han puesto a pensar que puede haber rasgos de nuestra propia personalidad que nos hacen identificarnos con uno de estos colectivos? La verdad no sé, pero estoy comenzando a pensarlo.
Será que a los más peleones y problemáticos les gusta más el partido X porque, por supuesto, ahí hay más peleones y problemáticos. O a los más pachangueros les gusta el partido Z, porque ahí las fiestas son mejores, más sabrosas y frecuentes.
Estoy absolutamente seguro de que así funcionan las agrupaciones: por razones de inteligencia; eso sí que no se puede mezclar. Los inteligentes (técnicos) buscan a los inteligentes y los brutos (rudos) a sus iguales. Si esta premisa es verdadera, entonces debe haber partidos políticos donde los coeficientes intelectuales son altos y otros donde las puntuaciones deben ser muy bajas.
Si un rudo le presenta un proyecto de su propia creación a un inteligente, éste, por su propia condición, le encontrará una serie de defectos que al final los enemistarán. Sin embargo, si un rudo le presenta el mismo proyecto a otro rudo, lo colmará de elogios, incapaz, en su corto entendimiento, de encontrarle falla alguna. Al final serán grandes amigos y permanecerán eternamente felices en su pequeñez.
Imagínense lo siguiente: los flotadores de un helicóptero están puestos ahí para flotar. Solo a un rudo se le ocurriría dispararles, y solo otros (también escasos) se atreverían a justificar dicha acción. Y lo de los gastos de la cumbre, bueno para qué hablar: gastos en artículos de limpieza, 70 mil dólares, otros gastitos de limpieza, 90 mil dólares más. ¡Qué locura!, ¿verdad?
Pero la tapa del coco es lo del narcotraficante premiado con el perdón presidencial. Cuando llovieron las críticas, salieron los otros, los del grupo que se identifican entre sí, a justificar lo injustificable.
Lo más interesante de todo esto (algo a favor de mi humilde teoría), es que el convicto narcotraficante al salir de la cárcel, se inscribió rápidamente en el Partido Arnulfista. ¿Curioso verdad?
Mis teorías son muchas y las leyes pocas, lo que significa que todo esto son apenas conjeturas que podrían ser analizadas por nuestros sociólogos o historiadores. Lo que sí deseo de corazón, es que mi teoría tenga algunas fallas y que uno que otro técnico esté juntándose con los rudos para ver si, sumando los promedios, logran subir un poquito el coeficiente actual, que anda bien, pero bien bajito.
El autor es neurocirujano
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