Cuando la cobardía hace de las suyas
Lo más grave es que los criminales actos de terrorismo se cometen invocando el nombre de Dios
Adolfo L. Suárez A.
Al momento de escribir estas líneas, han pasado las primeras 24 horas del día que nunca olvidaremos. Los horrendos resultados que han dejado los atentados llevados a cabo contra las torres gemelas del World Trade Center de la ciudad de Nueva York y el edificio del Departamento de Defensa, mejor conocido como el Pentágono, en la ciudad de Washington, D.C., no han sido más que actos criminales de lesa humanidad contra personas indefensas, y deben recibir el total repudio de la comunidad internacional.
Estos ataques tuvieron como objetivo desafiar de manera abierta, tanto el corazón comercial como el centro neurálgico de operaciones de las Fuerzas Armadas de la primera superpotencia mundial. Los mismos lograron no solo paralizar en una alerta máxima a toda la nación estadounidense, sin que también provocó el pánico mundial ante el temor de una ola mundial de atentados.
Lamentablemente, el terrorismo internacional actúa bajo las sombras, ocultándose en estas para atacar a civiles desprotegidos y no objetivos militares (como en el caso del ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941). Lo más grave es que se cometan estos actos invocando el nombre de Dios, utilizando la religión como sustento.
Sea o no el conocido terrorista saudita exiliado en Afganistán, Osama bin Laden -principal sospechoso intelectual detrás de esta barbarie, según los medios internacionales-, hay una serie de dudas que se ciernen sobre la seguridad de Estados Unidos de América.
Primero, ¿cómo pudieron estos terroristas entrar a territorio estadounidense, sin problemas, para poder tomar cuatro aviones comerciales de American y United -precisamente las líneas aéreas número uno y dos de Estados Unidos (dos Boeing 757 y dos Boeing 767-200)- con el fin de utilizarlos junto con todos sus pasajeros y tripulaciones como armas kamikaze contra los edificios en Nueva York y Washington, D.C.? Y segundo, ¿cómo pudieron planificar con tanta exactitud y sincronización estos hechos, sin que los entes encargados de la seguridad del país pudieran tener la más mínima sospecha?
Mientras Estados Unidos se peleó públicamente hace algunos días con los países miembros de la Unión Europea, Rusia y China por el proyecto de crear un escudo antimisiles para defender sus fronteras, su seguridad interna ha sido vulnerada abiertamente por una banda de asesinos, matando e hiriendo a miles de personas y causando grandes pérdidas materiales; en especial, los cientos de personas que también podrían quedar sin empleo y el efecto que causaría en sus familias, en un momento en que la economía mundial está en problemas.
No obstante, este hecho debe movernos a reflexionar sobre los problemas existentes en la región del Cercano Oriente, al igual que en otras latitudes de nuestro planeta. Las conversaciones de paz entre Israel y Palestina son fundamentales para terminar con la ola de violencia que sacude a este lugar del mundo, debido a los extremismos que han estado presentes. Es necesario reencontrar el camino del diálogo lo antes posible, a fin de lograr una solución justa entre ambas partes y así evitar nuevos atentados criminales como los de la trágica mañana del martes 11.
Por otra parte, hay que resaltar la iniciativa de nuestra presidenta doña Mireya Moscoso, al tomar medidas de seguridad en todo el país, una vez sucedidos los hechos. Igualmente, por las iniciativas adicionales de comunicar a todos los representantes de los partidos políticos y a los medios de comunicación social. Este hecho demuestra la actitud responsable con la que se afrontó esta situación.
Me queda por último decir que cuando invocamos en nuestras vidas a Dios, debe ser con el ánimo de darle gracias por la vida, el aire que respiramos, por tantas y tantas cosas. El Padre de todos los seres que debemos enseñar a nuestros hijos, debe ser ese que nos ama y nos cuida siempre. Es hora de que aprendamos a amarnos.
Pienso en aquellas familias que hoy lloran porque algún familiar o amigo ha muerto, está herido, desaparecido o bajo los escombros. En esos seres inocentes que solo cumplían con su rutina diaria de laborar o de asistir a clases y que jamás olvidarán esta dolorosa experiencia, pues no solo había estadounidenses en el sitio, sino personas de todas las nacionalidades.
Que descansen en paz.
El autor es analista de comercio exterior
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