Ring
Side
Los manzanillos del
boxeo
Los organizadores de la cartilla boxística
de título mundial del próximo 29 de septiembre están tomando todas
las precauciones para realizar una función de primerísima calidad
esa noche. La actitud es muy responsable porque es una de las maneras
de garantizar que todos los presentes disfruten de una jornada especial.
Uno de los puntos que se ha discutido insistentemente
en las dos reuniones que han tenido los organizadores con la prensa,
es la forma de evitar que los conocidos “manzanillos” estén en primera
fila desde el campanazo inicial, y que a la hora del pleito titular
sean el mayor obstáculo para que los medios de comunicación puedan
realizar su trabajo.
Parecen magos, porque sin pase alguno no
solo encuentran la forma de entrar, sino de estar en la zona técnica.
Nadie los invita, pero allí están, saltando, haciendo bulla y algunos
hasta apostando. En la mayoría de las ocasiones solo conocen al
protagonista de vista, quizás un saludo y hasta una breve conversación,
pero conocen al amigo del amigo de la estrella, y esto es suficiente
patente para arrogarse algunos derechos.
No estamos seguros si de boxeo conocen, pero
su andar por las primeras filas no es por gusto. A la hora de la
verdad, están tirando trompadas al aire, gritándole al púgil de
su predilección, porque de apostar... de eso nada, quizás no tengan
para comprar ni siquiera un raspao. Pero allí están y si se les
permite, dan sus indicaciones en el minuto de descanso.
Pero llega el agente de seguridad o el policía
de turno a poner orden, porque la actuación del malquerido manzanillo
no ha pasado inadvertida. Los representantes de los medios, los
segundas, los invitados especiales y los comisionados de boxeo están
que se jalan los cabellos. El “amigo” de turno no los ha dejado
ver la pelea.
Repito, creo que son magos. En un abrir y
cerrar de ojos, en un pestañeo, se han pasado de una esquina a la
otra. Ahora, sus mímicas son mucho más fervientes, hay que recordar
que están en la esquina del contrario y deben guardar algo de distancia.
¡Bah! pero son tonterías, tienen un buen ángulo para seguir remando
a su “pupilo”.
¡Ah, y no se les ocurra decirles algo! Sus
ojos se tornan amenazadores y te hacen un gesto, como diciendo,
“no jodas”. No obstante, si los conoces, la mirada es mucho más
conciliadora, hasta tierna, pero solo es con el propósito de que
le permitas seguir allí. Te conocen y saben que estás trabajando,
pero con tu consentimiento desean seguir en ese privilegiado lugar,
pase lo que pase.
Pero el verdadero pandemonium, el verdadero
dolor de cabeza, aún no ha llegado. Es la hora de colgar los guantes,
de escuchar la decisión de los jueces o sencillamente de que el
combate ha llegado a su fin. Son los primeros en subir al ring...
son hechiceros.
La seguridad se ha apostado en cada una de
las esquinas para evitar que los que nada tienen que hacer estén
arriba. Pero, sorpresa, ellos ya subieron. Algunos son conocedores
del cuadrilátero, se dan su vueltica protocolar y hasta se mecen
en las cuerdas, esperando la decisión.... el momento adecuado para
abrazar al ganador, tal vez hasta para cargarlos en hombros. No
importa, hay que hacer el trabajo para que al final algo les toque,
por ser parte del grupo, del séquito del champ.
Son personas que definitivamente no desaparecerán,
forman parte del folclor del boxeo mundial. Pero de alguna forma,
hay que neutralizarlos.
|