Panamá, 16 de septiembre de 2001
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Documentos de identidad

El siglo XX es el siglo de la innovación continua y masiva. Los avances científicos y tecnológicos marcan su desarrollo de una forma implacable

Daniel Domínguez Z.

Autor: Aníbal Ford
Obra: La marca de la bestia
Género: ensayo
Editorial: Grupo Editorial Norma
Año de publicación: 2001

Vigilancia y control, información turbulenta en una sociedad global, diferencias entre ricos y pobres, tres ejes centrales de la sociedad mundial que son estudiados por Aníbal Ford en su libro La marca de la bestia.

No se preocupe, no se trata de un texto apocalíptico o una guia para entender mejor los Expedientes Secretos X. Es simplemente un título impactante de un libro que analiza de forma seria, sin histerias ni con tanto filo ideológico, sobre la televisión basura, las migraciones desesperadas y las necesidades de un mercado que proclama el bienestar por encima de todo.

Ford trata de entender el conglomerado social que vive, sin darse cuenta, en medio de extremos. Por ejemplo, en materia de acceso de la comunicación, nos asombra con la siguiente comparación: un lector promedio de la versión dominical de The New York Times lee más en esa sola edición en particular que un africano promedio en todo un año, o que los países en desarrollo (que representan las tres cuartas partes de la población mundial) publican sólo el 30% de los periódicos que circulan diariamente en el planeta.

Uno no sale del asombro cuando remata con otro datito: el sarampión, la neumonía y el tétano serían enfermedades erradicadas si los organismos de salud tuvieran el presupuesto que manejan las tabacaleras para promover la venta de sus productos.

Ese es el mundo que investiga Aníbal Ford, un hombre muy cercano al periodismo, el ensayo y la literatura. Imagine un tema dramático o noticiable (racismo, desempleo, homicidios o delincuencia) y es seguro que tendrá un comentario al respecto. No por menos La marca de la bestia contiene 319 páginas y es la recopilación de ocho estudios que ha hecho en los últimos años para organismos o universidades de América Latina o de su Argentina natal.

A Ford le interesa cómo todo ese cúmulo de datos llegan a la mente de las personas, ya sea que ingresen a su vida por medio de los comentarios de otros, por internet, los periódicos, la televisión, el cine o la radio.

Aunque piensa que la comunicación es un servicio público y que debería ser comunitario, los divide entre inforricos e infopobres, entre la gente que sabe poco o mucho de acuerdo a los sistemas informativos con que cuente.

Le inquieta a Aníbal Ford en La marca de la bestia que la economía neoliberal no solo haya transformado las estructuras del trabajo, los países, la familia y la vida cotidiana, sino que además su influencia se deje sentir en los mecanismos clásicos de información, en los que se comercializa con los sentimientos y con los problemas de la gente, al punto que convierten lo normal en caos, y el orden en un desorden mayúsculo.

Tampoco pierde tiempo para preocuparnos sobre el exceso de vigilancia, de los sistemas, dispositivos y procedimientos informáticos que son utilizados por los gobiernos y las empresas privadas para identificar y monitorear cada uno de nuestros movimientos.

Opina que el derecho a la privacidad, reconocido en la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 1948, no existe en este mundo moderno, donde los avances tecnológicos son los espías del presente, y donde las leyes de protección de datos sensibles no son acatadas ni por los gobiernos totalitarios ni entre las naciones democráticas.


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