Panamá, 13 de septiembre de 2001
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De política

Vacuna contra la ceguera

Encandilados por el poder, los gobernantes pierden la capacidad de entender los acontecimientos desde el prisma de los ciudadanos afectados

Sabrina Bacal

Una de las cosas más difíciles cuando se gobierna es mantener intacto el sentido de la realidad. Aunque se piensa que las fuentes de información privilegiadas a las que tienen acceso los gobernantes son garantía de una dirección estatal guiada por coordenadas empíricas, lo contrario ocurre con frecuencia. Resulta que una vez en el poder, los líderes políticos, encandilados por la comprobación de todo lo que pueden manejar a su antojo, suelen perder la capacidad de entender los acontecimientos desde el prisma de los ciudadanos afectados por ellos. Las personas y asesores que los rodean no siempre cuentan con la voluntad y/o la visión para hacer bajar a tierra a sus jefes supremos, lo que muchas veces deriva en una peligrosa ceguera gubernamental.

Las encuestas de opinión son la vacuna ideal para esa clase de invidencia. Mantienen al político cercano al sentir de la población y le impiden creer que la realidad nacional tiene algo que ver con los discursos preparados, las frases de cajón y las adulaciones cotidianas que encontrará en su camino. Los sondeos continuos son la mejor forma de tener a la sociedad al oído y son estas percepciones de los ciudadanos las que obligan a los gobernantes a no dejar enterrar su noción autocrítica, bajo la avalancha de lisonjas que trae consigo el poder.

Lamentablemente, no siempre se toma conciencia de la importancia de estos instrumentos para gobernar. La ceguera induce a inventar justificaciones, acusaciones y complots que deslegitiman el sentir ciudadano transmitido por las encuesta de calidad y, en el mejor de los casos, a aducir que son los medios y sus sondeos los que crean una dimensión de imágenes y percepciones distorsionadas. Ese planteamiento es sencillamente insostenible en un régimen democrático, donde los medios responden a una multiplicidad de intereses y sus informaciones no solo se contrastan unas con otras, sino que deben resistir el contrapeso de las opiniones de ciudadanos libres que se expresan individual y colectivamente.

En este contexto, ignorar los resultados de encuestas serias e independientes es más que un contrasentido, es una irresponsabilidad que solo puede ser adjudicada a la necesidad de ver la realidad con tapujos que la embellezcan.

La última encuesta de Dichter & Neira publicada por el diario La Prensa, es una clara demostración de cómo el sentir social, expuesto a través de los medios masivos, puede derrumbar las justificaciones con las que un gobierno cobija sus defectos. El sondeo en cuestión, no solo enseña que la mayoría de panameños considera que la gestión de Mireya Moscoso es deficiente, sino que las opiniones más negativas provienen de los grupos en cuyas necesidades específicas la presidenta dice haber basado su mandato. La severa calificación de 4.1 sobre 10, que en promedio le dan los panameños al accionar de su primera mandataria, se acentúa en el interior del país y en los segmentos de población con ingresos menores a los 400 dólares; lo que deja sin piso la coartada de que su administración favorece sobre todo a los pobres y a los interioranos.

Pareciera que las promesas de campaña son ahora mentiras que, de tanto repetirlas, se han convertido en los dogmas de fe de unos gobernantes empeñados en ignorar las más claras evidencias de lo que les rodea. Seguirán reiterando cuán maravilloso es este gobierno incomprendido y difamado, mientras sus verdaderas secuelas se continuarán publicando en forma de encuestas con alarmantes descensos de popularidad. ¡Que insensatez!

Especial para La Prensa

Por quién doblan las encuestas

Históricamente, poco favorecen a la presidenta las encuestas publicadas

Jaime A. Porcell Alemán

En plena era de la comunicación, dos versiones contrapuestas chocan por alcanzar la mente de los ciudadanos. En una trinchera, los esfuerzos de relaciones públicas del Gobierno y su “todo está bien”. En la de enfrente, la necesidad de los medios de capturar lectores, en la que lo negativo por “noticiable” pareciera vender mejor. Para algunos, las encuestas de opinión, prisioneras de una guerra entre dos gigantes, doblan por un bando.

En la batalla por la mente, los medios ponen las encuestas a jugar el papel de pieza de artillería. Estas apuntalan y son apuntaladas por una versión periodística que vende catástrofes.

Algunos críticos sustentan que las encuestas publicadas devinieron en periódico de ayer. Los tres diarios reiteran hasta el aburrimiento que Martín marca de lejos como opositor más simpático, pero que Alberto daría batalla. Insisten en que del sonriente doctor Terán la gente se viene olvidando; que si el desempleo; que la clase política no obtiene “nota de pase”; que la economía empeora y que el HP-1430 flota para hundir la imagen del Gobierno.

Replico a los críticos que la última encuesta descubre a una ciudadanía dispuesta a sacrificarse para salvar al Seguro Social. El pertinente aporte contiene el germen de un enfoque constructivo, ante un cansado periodismo de opinión que abusa del facilismo de contenidos catastróficos, desgastados como signos de novedad y originalidad.

Los medio casi nos convencen de que, en su objetividad, solo reflejan la realidad. Juegan con su credibilidad al tratar de adjudicarse el rol de pasivos mensajeros. Enmascaran que, presionados por la competencia y en pro de expandir audiencia, deberán seleccionar temas y enfoques que mejor rating provean, mientras censuran otros. Así, en la batalla por alcanzar las mentes, la objetividad resulta la primera víctima.

La presidenta Moscoso no estaría equivocada cuando insiste en responsabilizar a los medios de la erosión de una imagen gubernamental. Pero, también compartiría responsabilidad aquel equipo de relaciones públicas que, con armas de bajo calibre y poco apoyo del Estado Mayor, pierde batalla tras batalla.

Históricamente, poco favorecen a la presidenta las encuestas publicadas. Moscoso prefiere parangonar popularidad con aquellos aplausos “de carne y hueso” que recibe en recónditos parajes. Mientras, estrategas debaten sobre el inmenso cariño que la presidenta prodiga al campo, en desmedro de centros urbanos que aglutinan nueve de cada diez electores, y de donde encuestadores seleccionan esas muestras que, precisamente, poco favorecen.

“Para la oposición, en cambio, el resultado demuestra que el Gobierno no ha cumplido sus promesas de campaña” (La Prensa).

A pesar de una notoria ausencia de novedad en las anteriores posturas opositora y oficialista, observadores profundos prefieren enfocar la función para la democracia que las mediciones juegan. Los temas que aparejan estas, más que desaparecer luego de efímera vida en los medios, perdurarían en el inconsciente ciudadano. Influirían al momento de las decisiones. Así, evidenciarían poder de medios, y que la carrera política arrancó.

En su dinámica renovadora, La Prensa estrena diagramación de sus encuestas, las que veremos publicadas ahora con regularidad mensual. Apuesta al poder de las mediciones para convocar lectores, mientras refuerzan con evidencias estadísticas, la clásica versión de “no todo está bien”.

Más allá de la puerilidad de quién es más simpático, las encuestas doblarán por aquella propuesta de país corrupto y desesperanzado que padece una clase política descalificada. Aunque ya nos convencieron, insistirán en que la economía empeora más y que perdimos la poca fe que restaba. Continuarán prisioneras de versiones periodísticas estilo: “Panamá en el umbral del abismo”. Ojalá toparan el camino de investigar todo un universo temático más acorde con un país que clama por esperanza y desarrollo para colaborar con un periodismo, hoy atorado en demasiadas catástrofes.

El autor es investigador de mercado

 


Frases de la semana


“Para el Ministerio Público, Heliodoro Portugal sigue siendo un desaparecido”.

José Antonio Sossa, descalificando las pruebas hechas por el laboratorio
Reliagene que permitieron identificar los restos del activista desaparecido durante la dic tadura militar.

“Yo era PRD hasta hoy, pero desde ahora paso a filas del Partido Arnulfista”

Declaración de David Viteri después de haber sido favorecido con una rebaja de
pena por el Ejecutivo.


Lo que ellos opinan

Raúl Leis
Sociólogo

Las encuestas son instrumentos válidos y al mismo tiempo fotografías del momento. Ambas cosas se utilizan para poder ubicar una opinión coyuntural sobre un tema determinado en un momento determinado y con una cierta objetividad.


Laurentino Cortizo
Legislador de la República

Yo creo en las encuestas, sobre todo si son científicas; pues, ellas son el reflejo de lo que opinan los encuestados en un momento dado. Las encuestas deben servir para rectificar rumbos.

 


Foro ciudadano

Quienes participan en la encuesta de la página de Política de La Prensa se han dividido esta semana de forma casi equitativa entre las tres principales opciones ofrecidas. No hay, pues, mucho consenso sobre la utilidad de las encuestas de opinión. ¿Qué opina usted?

 




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