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De
política
Vacuna contra la ceguera
Encandilados por el poder,
los gobernantes pierden la capacidad de entender los acontecimientos
desde el prisma de los ciudadanos afectados
Sabrina Bacal
Una de las cosas más difíciles cuando se
gobierna es mantener intacto el sentido de la realidad. Aunque se
piensa que las fuentes de información privilegiadas a las que tienen
acceso los gobernantes son garantía de una dirección estatal guiada
por coordenadas empíricas, lo contrario ocurre con frecuencia. Resulta
que una vez en el poder, los líderes políticos, encandilados por
la comprobación de todo lo que pueden manejar a su antojo, suelen
perder la capacidad de entender los acontecimientos desde el prisma
de los ciudadanos afectados por ellos. Las personas y asesores que
los rodean no siempre cuentan con la voluntad y/o la visión para
hacer bajar a tierra a sus jefes supremos, lo que muchas veces deriva
en una peligrosa ceguera gubernamental.
Las encuestas de opinión son la vacuna ideal
para esa clase de invidencia. Mantienen al político cercano al sentir
de la población y le impiden creer que la realidad nacional tiene
algo que ver con los discursos preparados, las frases de cajón y
las adulaciones cotidianas que encontrará en su camino. Los sondeos
continuos son la mejor forma de tener a la sociedad al oído y son
estas percepciones de los ciudadanos las que obligan a los gobernantes
a no dejar enterrar su noción autocrítica, bajo la avalancha de
lisonjas que trae consigo el poder.
Lamentablemente, no siempre se toma conciencia
de la importancia de estos instrumentos para gobernar. La ceguera
induce a inventar justificaciones, acusaciones y complots que deslegitiman
el sentir ciudadano transmitido por las encuesta de calidad y, en
el mejor de los casos, a aducir que son los medios y sus sondeos
los que crean una dimensión de imágenes y percepciones distorsionadas.
Ese planteamiento es sencillamente insostenible en un régimen democrático,
donde los medios responden a una multiplicidad de intereses y sus
informaciones no solo se contrastan unas con otras, sino que deben
resistir el contrapeso de las opiniones de ciudadanos libres que
se expresan individual y colectivamente.
En este contexto, ignorar los resultados
de encuestas serias e independientes es más que un contrasentido,
es una irresponsabilidad que solo puede ser adjudicada a la necesidad
de ver la realidad con tapujos que la embellezcan.
La última encuesta de Dichter & Neira
publicada por el diario La Prensa, es una clara demostración de
cómo el sentir social, expuesto a través de los medios masivos,
puede derrumbar las justificaciones con las que un gobierno cobija
sus defectos. El sondeo en cuestión, no solo enseña que la mayoría
de panameños considera que la gestión de Mireya Moscoso es deficiente,
sino que las opiniones más negativas provienen de los grupos en
cuyas necesidades específicas la presidenta dice haber basado su
mandato. La severa calificación de 4.1 sobre 10, que en promedio
le dan los panameños al accionar de su primera mandataria, se acentúa
en el interior del país y en los segmentos de población con ingresos
menores a los 400 dólares; lo que deja sin piso la coartada de que
su administración favorece sobre todo a los pobres y a los interioranos.
Pareciera que las promesas de campaña son
ahora mentiras que, de tanto repetirlas, se han convertido en los
dogmas de fe de unos gobernantes empeñados en ignorar las más claras
evidencias de lo que les rodea. Seguirán reiterando cuán maravilloso
es este gobierno incomprendido y difamado, mientras sus verdaderas
secuelas se continuarán publicando en forma de encuestas con alarmantes
descensos de popularidad. ¡Que insensatez!
Especial para La Prensa
Por quién doblan las encuestas
Históricamente, poco
favorecen a la presidenta las encuestas publicadas
Jaime A. Porcell Alemán
En plena era de la comunicación, dos versiones
contrapuestas chocan por alcanzar la mente de los ciudadanos. En
una trinchera, los esfuerzos de relaciones públicas del Gobierno
y su “todo está bien”. En la de enfrente, la necesidad de los medios
de capturar lectores, en la que lo negativo por “noticiable” pareciera
vender mejor. Para algunos, las encuestas de opinión, prisioneras
de una guerra entre dos gigantes, doblan por un bando.
En la batalla por la mente, los medios ponen
las encuestas a jugar el papel de pieza de artillería. Estas apuntalan
y son apuntaladas por una versión periodística que vende catástrofes.
Algunos críticos sustentan que las encuestas
publicadas devinieron en periódico de ayer. Los tres diarios reiteran
hasta el aburrimiento que Martín marca de lejos como opositor más
simpático, pero que Alberto daría batalla. Insisten en que del sonriente
doctor Terán la gente se viene olvidando; que si el desempleo; que
la clase política no obtiene “nota de pase”; que la economía empeora
y que el HP-1430 flota para hundir la imagen del Gobierno.
Replico a los críticos que la última encuesta
descubre a una ciudadanía dispuesta a sacrificarse para salvar al
Seguro Social. El pertinente aporte contiene el germen de un enfoque
constructivo, ante un cansado periodismo de opinión que abusa del
facilismo de contenidos catastróficos, desgastados como signos de
novedad y originalidad.
Los medio casi nos convencen de que, en su
objetividad, solo reflejan la realidad. Juegan con su credibilidad
al tratar de adjudicarse el rol de pasivos mensajeros. Enmascaran
que, presionados por la competencia y en pro de expandir audiencia,
deberán seleccionar temas y enfoques que mejor rating provean, mientras
censuran otros. Así, en la batalla por alcanzar las mentes, la objetividad
resulta la primera víctima.
La presidenta Moscoso no estaría equivocada
cuando insiste en responsabilizar a los medios de la erosión de
una imagen gubernamental. Pero, también compartiría responsabilidad
aquel equipo de relaciones públicas que, con armas de bajo calibre
y poco apoyo del Estado Mayor, pierde batalla tras batalla.
Históricamente, poco favorecen a la presidenta
las encuestas publicadas. Moscoso prefiere parangonar popularidad
con aquellos aplausos “de carne y hueso” que recibe en recónditos
parajes. Mientras, estrategas debaten sobre el inmenso cariño que
la presidenta prodiga al campo, en desmedro de centros urbanos que
aglutinan nueve de cada diez electores, y de donde encuestadores
seleccionan esas muestras que, precisamente, poco favorecen.
“Para la oposición, en cambio, el resultado
demuestra que el Gobierno no ha cumplido sus promesas de campaña”
(La Prensa).
A pesar de una notoria ausencia de novedad
en las anteriores posturas opositora y oficialista, observadores
profundos prefieren enfocar la función para la democracia que las
mediciones juegan. Los temas que aparejan estas, más que desaparecer
luego de efímera vida en los medios, perdurarían en el inconsciente
ciudadano. Influirían al momento de las decisiones. Así, evidenciarían
poder de medios, y que la carrera política arrancó.
En su dinámica renovadora, La Prensa estrena
diagramación de sus encuestas, las que veremos publicadas ahora
con regularidad mensual. Apuesta al poder de las mediciones para
convocar lectores, mientras refuerzan con evidencias estadísticas,
la clásica versión de “no todo está bien”.
Más allá de la puerilidad de quién es más
simpático, las encuestas doblarán por aquella propuesta de país
corrupto y desesperanzado que padece una clase política descalificada.
Aunque ya nos convencieron, insistirán en que la economía empeora
más y que perdimos la poca fe que restaba. Continuarán prisioneras
de versiones periodísticas estilo: “Panamá en el umbral del abismo”.
Ojalá toparan el camino de investigar todo un universo temático
más acorde con un país que clama por esperanza y desarrollo para
colaborar con un periodismo, hoy atorado en demasiadas catástrofes.
El autor es investigador de mercado
Frases
de la semana
Para el Ministerio Público, Heliodoro Portugal sigue
siendo un desaparecido.
José Antonio Sossa, descalificando las pruebas hechas
por el laboratorio
Reliagene que permitieron identificar los restos del activista desaparecido
durante la dic tadura militar.
Yo era PRD hasta hoy, pero desde ahora paso a filas del
Partido Arnulfista
Declaración de David Viteri después de haber
sido favorecido con una rebaja de
pena por el Ejecutivo.
Lo que
ellos opinan
Raúl
Leis
Sociólogo
Las encuestas son instrumentos válidos y al mismo tiempo fotografías
del momento. Ambas cosas se utilizan para poder ubicar una opinión
coyuntural sobre un tema determinado en un momento determinado y
con una cierta objetividad.
Laurentino
Cortizo
Legislador de la República
Yo creo en las encuestas, sobre todo si son científicas; pues, ellas
son el reflejo de lo que opinan los encuestados en un momento dado.
Las encuestas deben servir para rectificar rumbos.
Foro
ciudadano
Quienes participan en la encuesta de la página de
Política de La Prensa se han dividido esta semana de forma casi
equitativa entre las tres principales opciones ofrecidas. No hay,
pues, mucho consenso sobre la utilidad de las encuestas de opinión.
¿Qué opina usted?

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