Segundo corazón de mujer
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
Pocas veces, en el teatro mundial reciente,
una obra ha calado tan profundamente entre los artistas de la escena
y el público, principalmente femenino, como Monólogos de la vagina.
Pero esta pieza de Eve Ensler tiene la particularidad
de que no solo está presente hoy día en los escenarios profesionales
de 15 países, sino que también ha ganado su espacio a lo interno
de las escuelas de drama de las universidades, sobre todo, en las
estadounidenses y europeas.
Ha conquistado a nombres importantes de Hollywood
como Glenn Close, Wynona Rider, Cate Blanchet, Julianna Margulies,
Kate Winslet, Gillian Anderson, Melanie Griffith, Susan Sarandon,
Calista Flockhart, Marisa Tomei, Rossy Pérez y Whoppi Goldberg,
que desde el proscenio hablaron de sus vaginas a partir de lo escrito
por Ensler.
Pero el lirismo y la crudeza de este texto
también ha llevado a que cantantes (Alanis Morissette y Shirley
Knight), periodistas, profesoras y políticas (Hillary Clinton y
Donna Hanover) se hayan animado a experimentar su intimidad a través
de las luces y el maquillaje. Incluso, la propia Ensler la representó
en Nueva York durante su estreno formal en 1996 y posteriormente
en Londres.
En el siglo XX solo habían causado tanto
revuelo intelectual y artístico los planteamientos de mujeres como
Simone de Beauvoir, Erica Jong y Franca Rame, quienes mucho antes
de Ensler lucharon para que el sexo femenino tuviera pleno control
de su propio destino.
Mónologos de la vagina ha tenido una amplia
difusión en América Latina. Actualmente es presentada con éxito
de boletería y de crítica en Argentina, Chile, México, Colombia
y Venezuela.
Panamá, un país donde las piezas más famosas
llegan con notable retraso (cuando llegan) también participa de
este fenómeno artístico gracias al grupo Tablas, liderado por Norman
Douglas.
Y no hay mejor colectivo en nuestro país
para montar una obra que reivindica a la mujer y la ayuda a redescubrirse,
ya que Tablas se ha especializado en la temática feminista desde
hace más de tres lustros. Ahora su cita con Ensler y Douglas es
de miércoles a sábado, durante todo el mes de septiembre y parte
de octubre, a las 8:00 p.m., en la Sala El Colibrí (tel. 223-5409).
En esta ocasión, Norman Douglas apuesta por
dos actrices, Vivian Pérez (una incondicional de Tablas) y Valeria
Ovando. Ambas no solo se complementan entre sí, sino que además
logran darle ese sentido riguroso, triste, pero sobre todo simpático
y gracioso a esa parte del cuerpo femenino que la poeta y escritora
estadounidense Eve Ensler ha denominado el “segundo corazón de mujer”.
Aunque Douglas, por razones de tiempo y espacio
sin duda, dejó de lado aquella historia donde la propia autora describe
la maravilla que es ver cómo nace una niña (asistió al hospital
para ver llegar al mundo a su nieta) o lo doloroso e incomodo de
la menstruación o de los exámenes pélvicos, sí mantiene en su hora
de espectáculo el punto básico de que las vaginas hablen con el
público sobre aspectos censurables para los conservadores como la
violación, el clítoris, las mutilaciones, el sexo lésbico y la masturbación.
Genitalidad femenina
La sexualidad femenina ha sido un tabú a
lo interno de la ancestral cultura machista de dominación. Un hecho
que ocurre tanto en las regiones industrializadas como entre los
nacidos bajo el denominado Tercer Mundo.
Algo tan sencillo como nombrar la palabra
vagina es una acción pecaminosa. De allí que en Latinoamérica existan
más de 130 formas de llamar a la vagina, siempre buscando un sustituto
a una parte del organismo que debería recibir un tratamiento sin
prejuicios como lo tienen los brazos, los pies o los ojos.
Para saber más de lo poco que saben las mujeres
sobre sí mismas, Ensler entrevistó a más de 200 mujeres de diferentes
clases sociales, oficios, nacionalidades y grupos étnicos, y les
preguntó sobre ese órgano destinado al placer y a la gestación.
De conversar con prostitutas y amas de casa,
ancianas y jovencitas, asiáticas y africanas, surgieron personajes
teatrales como la abogada que descubre que su verdadera vocación
es proporcionarle satisfacción a otras mujeres, una joven en Bosnia
que fue violada reiteradamente en un campo de concentración, una
anciana que no se veía su vagina desde 1953 y una dama que logró
su primer orgasmo con la ayuda de una terapeuta.
Cada montaje es una propuesta particular
del director. Esa es una verdad inalterable. Lo interesante de Monólogos
de la vagina es cómo ha encendido la llama de la creatividad. Mientras
que en las universidades norteamericanas han realizado montajes
hasta con 18 mujeres, en Panamá se concentra en dos actrices que
interpretan más de un papel, en México lo hacen seis mujeres y en
Argentina se hace con un elenco rotativo que cambia cada cuatro
semanas.
Incluso los hombres han arremetido con propuestas
como Defendiendo al cavernícola, que en octubre producirá Morris
Gilbert en México, o títulos que le deben mucho a Ensler como Títeres
del pene o Ventriloquía vaginal, que participaron en el pasado Festival
Internacional de Teatro de Edimburgo (Inglaterra).
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