Panamá, 9 de septiembre de 2001
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Segundo corazón de mujer

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Pocas veces, en el teatro mundial reciente, una obra ha calado tan profundamente entre los artistas de la escena y el público, principalmente femenino, como Monólogos de la vagina.

Pero esta pieza de Eve Ensler tiene la particularidad de que no solo está presente hoy día en los escenarios profesionales de 15 países, sino que también ha ganado su espacio a lo interno de las escuelas de drama de las universidades, sobre todo, en las estadounidenses y europeas.

Ha conquistado a nombres importantes de Hollywood como Glenn Close, Wynona Rider, Cate Blanchet, Julianna Margulies, Kate Winslet, Gillian Anderson, Melanie Griffith, Susan Sarandon, Calista Flockhart, Marisa Tomei, Rossy Pérez y Whoppi Goldberg, que desde el proscenio hablaron de sus vaginas a partir de lo escrito por Ensler.

Pero el lirismo y la crudeza de este texto también ha llevado a que cantantes (Alanis Morissette y Shirley Knight), periodistas, profesoras y políticas (Hillary Clinton y Donna Hanover) se hayan animado a experimentar su intimidad a través de las luces y el maquillaje. Incluso, la propia Ensler la representó en Nueva York durante su estreno formal en 1996 y posteriormente en Londres.

En el siglo XX solo habían causado tanto revuelo intelectual y artístico los planteamientos de mujeres como Simone de Beauvoir, Erica Jong y Franca Rame, quienes mucho antes de Ensler lucharon para que el sexo femenino tuviera pleno control de su propio destino.

Mónologos de la vagina ha tenido una amplia difusión en América Latina. Actualmente es presentada con éxito de boletería y de crítica en Argentina, Chile, México, Colombia y Venezuela.

Panamá, un país donde las piezas más famosas llegan con notable retraso (cuando llegan) también participa de este fenómeno artístico gracias al grupo Tablas, liderado por Norman Douglas.

Y no hay mejor colectivo en nuestro país para montar una obra que reivindica a la mujer y la ayuda a redescubrirse, ya que Tablas se ha especializado en la temática feminista desde hace más de tres lustros. Ahora su cita con Ensler y Douglas es de miércoles a sábado, durante todo el mes de septiembre y parte de octubre, a las 8:00 p.m., en la Sala El Colibrí (tel. 223-5409).

En esta ocasión, Norman Douglas apuesta por dos actrices, Vivian Pérez (una incondicional de Tablas) y Valeria Ovando. Ambas no solo se complementan entre sí, sino que además logran darle ese sentido riguroso, triste, pero sobre todo simpático y gracioso a esa parte del cuerpo femenino que la poeta y escritora estadounidense Eve Ensler ha denominado el “segundo corazón de mujer”.

Aunque Douglas, por razones de tiempo y espacio sin duda, dejó de lado aquella historia donde la propia autora describe la maravilla que es ver cómo nace una niña (asistió al hospital para ver llegar al mundo a su nieta) o lo doloroso e incomodo de la menstruación o de los exámenes pélvicos, sí mantiene en su hora de espectáculo el punto básico de que las vaginas hablen con el público sobre aspectos censurables para los conservadores como la violación, el clítoris, las mutilaciones, el sexo lésbico y la masturbación.

Genitalidad femenina

La sexualidad femenina ha sido un tabú a lo interno de la ancestral cultura machista de dominación. Un hecho que ocurre tanto en las regiones industrializadas como entre los nacidos bajo el denominado Tercer Mundo.

Algo tan sencillo como nombrar la palabra vagina es una acción pecaminosa. De allí que en Latinoamérica existan más de 130 formas de llamar a la vagina, siempre buscando un sustituto a una parte del organismo que debería recibir un tratamiento sin prejuicios como lo tienen los brazos, los pies o los ojos.

Para saber más de lo poco que saben las mujeres sobre sí mismas, Ensler entrevistó a más de 200 mujeres de diferentes clases sociales, oficios, nacionalidades y grupos étnicos, y les preguntó sobre ese órgano destinado al placer y a la gestación.

De conversar con prostitutas y amas de casa, ancianas y jovencitas, asiáticas y africanas, surgieron personajes teatrales como la abogada que descubre que su verdadera vocación es proporcionarle satisfacción a otras mujeres, una joven en Bosnia que fue violada reiteradamente en un campo de concentración, una anciana que no se veía su vagina desde 1953 y una dama que logró su primer orgasmo con la ayuda de una terapeuta.

Cada montaje es una propuesta particular del director. Esa es una verdad inalterable. Lo interesante de Monólogos de la vagina es cómo ha encendido la llama de la creatividad. Mientras que en las universidades norteamericanas han realizado montajes hasta con 18 mujeres, en Panamá se concentra en dos actrices que interpretan más de un papel, en México lo hacen seis mujeres y en Argentina se hace con un elenco rotativo que cambia cada cuatro semanas.

Incluso los hombres han arremetido con propuestas como Defendiendo al cavernícola, que en octubre producirá Morris Gilbert en México, o títulos que le deben mucho a Ensler como Títeres del pene o Ventriloquía vaginal, que participaron en el pasado Festival Internacional de Teatro de Edimburgo (Inglaterra).


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