Panamá, 9 de septiembre de 2001
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El engendro y la engendra

Guillermo Sánchez Borbón

El 30 de agosto la Academia Panameña de la Lengua celebró los 75 años de su edad. Para un individuo de nuestra especie 75 años son demasiados; para una institución son muy pocos.

El único orador en el acto conmemorativo fue la doctora Elsie Alvarado de Ricord, directora de la Academia. Su discurso nos pareció a todos los asistentes una obra maestra del rigor académico, de la ironía y del humor. Contrariamente a lo que creen algunos despistados, la seriedad no está reñida con la amenidad y el humor. La que está peleada a muerte con ellos es la solemnidad, algo muy distinto. Para mi gusto, y el de las otras personas reunidas en el salón de las grandes solemnidades, sus palabras le vinieron como anillo al dedo a la ocasión. Voy a citar algunos párrafos. Pero para que los puedas apreciar en su justo valor, lector(a) debo explicarte que meses atrás la Asamblea Legislativa aprobó, seguramente que por unanimidad, una ley que supera todas las agresiones anteriores a nuestro pobre idioma. Que yo sepa, ni un solo diputado alzó la voz para oponerse. La presidenta, a su vez, la sancionó. Nadie en su entorno trató de hacerle ver que aquello era un despropósito. Y ahora sí, cedámosle la palabra a Elsie:

“Una ley que la Asamblea aprobó en el año 2000, se refiere al lenguaje sexista. Y tal vez por una interpretación equivocada, se ha introducido en el habla panameña un criterio aterrador. Planteé mi desacuerdo en un encuentro feminista al que fui cordialmente invitada, antes de que la ley se aprobara. Una señora me contestó muy cortésmente que respetaba mi opinión, pero no la compartía, porque si a un niño o niña se les enseña a hablar correctamente desde pequeño(a)s, les será muy fácil aprender. Pregunto a ustedes qué pensarían de un párrafo como éste que estoy inventando para lectura en un segundo grado de primaria, y que es tan sencillo:

“Juan y María van juntos a la escuela. Cada uno lleva su maletín. Ambos son muy estudiosos. Los acompaña una tía, para que no crucen la calle solos.

“Es muy simple, ¿verdad? Pero es totalmente sexista, y, según los nuevos rumbos, por completo inadmisible:

- Juan y María van juntos a la escuela.

- ¿Juntos? Puro machismo: son un niño y una niña. Hay que decir, juntos y juntas.

- Pero si sólo son dos. Tampoco se puede decir: junto y junta.

-Hay que eliminar, para el caso, el adjetivo juntosNo se puede decir. Censurado.

-Cada uno lleva su maletín.

-¿Cada uno? Machismo: son uno y una.

-Pero no se puede decir cada uno y cada una porque sólo son dos.

- A eliminar de nuevo. Para el caso no se puede decir cada uno. Censurado.

- Ambos son muy estudiosos.

“- ¿Ambos? Machismo: son un niño y una niña.

- Pero no se puede decir ambos y ambas, porque no son cuatro, sino dos. Tampoco ambo y amba [materilerilerón].

- A eliminar, para el caso, el adjetivo ambos. No se puede decir, excepto si fueran dos varones. Censurado,

- Los acompaña una tía.

- ¿Los? Machismo. Son un niño y una niña. Tampoco se puede decir los/las porque sólo son dos. Se dirá lo/la [y terció una desconocida en la discusión] acompaña una tía.

- Para que no crucen la calle solos.

- ¿Solos? Machismo: son un niño y una niña. Se dirá: para que no crucen la calle solo(a)”.

“Lo grave de todo esto es que, como es una ley, ya introdujeron la novedad en los programas de enseñanza.

“Digo yo: como si no fuera suficientemente difícil el español, ahora van a obligar a los niño(a)s a correr una especie de carrera idiomática con obstáculos (insalvables).

“Con los padres de familia: ustedes, que viven protestando contra todo, debieran hacerlo ahora también, cuando hay cosas verdaderamente importantes en juego. Con los abogados: ustedes que demandan hasta los pronombres mal puestos, ¿por qué no demandan ante la Corte esta invitación abierta a la tontería? En alguno de sus artículos la Constitución debe prohibirla”.

En cuanto a mí, me dará mucho gusto violar la ley (que es lo único que puedo violar ahora) cada vez que me dé la regalada gana. No hay juzgado que pueda condenarme por no cumplir con las ñamerías que prescribe el malhadado engendro legislativo.


Además en opinión

• Del lector: Sobre corrupción y Juventud de Colón: Carlos Antonio Harris Jiménez , Pastor E. Durán E.
El engendro y la engendra: Guillermo Sánchez Borbón
Esta no es mi patria: Jorge Eduardo Ritter
Hacia una economía cultural: Juan Carlos Ansin
Los subsidios a la exportación: Roberto C. Henríquez