En la isla San José, la siembra de
la contaminación
En el mes de julio de
1997, La Prensa publicó varios artículos sobre la contaminación
química y militar en la isla de San José por parte del ejército
de Estados Unidos. El gobierno de ese entonces no hizo nada. El
tema ha vuelto al tapete, por esa razón se reproduce el siguiente
artículo publicado originalmente el 29 de julio de 1997.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
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Muelle construido por el ejército
norteamericano en la base militar de San José durante la Segunda
Guerra Mundial.
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Durante los años de la Segunda Guerra Mundial,
el trabajador peruano José Humberto Alsola Valdés llegó a Panamá en
busca de mejores días. En el Istmo había trabajo y salarios razonables
aunque acompañados de algunos riesgos. De todos modos, valía la pena
probar suerte.
Alsola, joven y fuerte, logró colocación
como personal civil del ejército de Estados Unidos en Panamá. Entre
una labor y otra, en 1946 fue empleado en el Chemical War Departament
que, aún después de la guerra, hacía experimentos en la isla de
San José, en el archipiélago de Las Perlas.
Antes, en enero y febrero de 1944, la isla
de San José había sido utilizada, únicamente por 60 días según acuerdo
oficial entre los gobiernos de Panamá y Estados Unidos, por el ejército
estadounidense para realizar prácticas militares con materiales
químicos.
Pasados los tiempos de muerte y violencia,
característicos de la conflagración mundial, Alsola se casó y se
radicó en Panamá. Hoy vive en esta tierra, `“como si fuera la mía
propia”. Está jubilado y mantiene algunas preocupaciones que las
vivencias de aquellos años le dejaron marcadas en su memoria.
Un testimonio valioso
Nombrado como trabajador de la categoría
B, Alsola llegó a la isla de San José en donde había trabajadores
salvadoreños, colombianos (de los que mayor cantidad había), nicaragüenses,
guatemaltecos y en menor porcentaje panameños. Había solamente dos
peruanos, uno de los cuales era Alsola.
“Me asignaron el trabajo, me dieron machete
y lima y me mandaron a limpiar los caminos. Ya había carreteras
y campamentos. De nosotros los civiles eran tres campamentos, de
80 hombres cada uno; los norteamericanos que estaban allí eran tropas,
eran soldados, había muchos puertorriqueños, ellos estaban alejados
de nosotros; pero las carreteras eran muy buenas carreteras”. Alsola,
como la gran mayoría de ``los latinos trabajaba en labores de limpieza
del área empleada para los entrenamientos militares.
La isla de San José ha alcanzado reciente
notoriedad a raíz de la difusión de documentos secretos del ejército
de Estados Unidos que fueron revelados o ``desclasificados el 3
de mayo de 1993 y en los que se comprueba que allí se hicieron experimentos
de guerra química, que buscaban comprobar sus efectos en seres humanos
y en el ambiente tropical.
San José es la isla del archipiélago más
alejada de la costa. En ella se aprovisionaban los piratas, porque
en esa isla había agua de manantial tan buena como la de Panamá
en la década de 1940 (“en esa época en Panamá había una agua muy
buena”), buena y abundante. “Nosotros, unos compañeros y yo, cuando
salíamos los domingos a pasear, en caminatas, llegamos a encontrar
trabucos de la época de los piratas. Eso nos sirvió de prueba para
comprender que los piratas bebían agua en San José”.
Fue a raíz de las publicaciones sobre la
contaminación militar de la isla, que Alsola aceptó contar sus experiencias.
Una historia viva sobre su estancia en este territorio en el tiempo
que se hacían allí prácticas de guerra química.
“En una ocasión ``llegó un jeep con dos soldados
que buscaban a dos trabajadores que supieran hablar inglés para
que fueran a limpiar el campamento”. Alsola fue en esa misión. “Cuando
se acabó eso me mandaron nuevamente al monte. Ya nos habían dado
hachas porque estaban tumbando el monte para hacer un aeropuerto.
Que lo hicieron muy grande y muy rápido. Se limpió el terreno y
llevaron un conjunto de planchas metálicas, del mismo tipo de las
que se usaron en Normandía, que se engrapaban unas con otras para
formar la pista”.
En esos tiempos Alsola fue designado a trabajos
en el muelle. Allí, gracias a su pericia como guía de los tanques
anfibios, logró enganchar con el equipo de operadores de tractores
y fue trasladado al aeropuerto que al terminarse pudo ser usado,
incluso, para el aterrizaje de bombarderos.
“En la isla no había culebras. Hay allí unas
playas preciosas. Cerca del campamento de nosotros había una que,
gracias a la forma de las rocas, parecía una piscina. Esa era la
piscina de nosotros, aparte de que más adentro, como a 50 ó 100
metros había unos manantiales abundantes donde uno lavaba la ropa
de trabajo; uno no tenía que usar el agua de los tanques que habían
instalado los norteamericanos”.
Los experimentos militares con químicos
“En cada cabecera, en cada cama, en todos
los campamentos había una máscara antigás. ``Eso fue lo que más
me sorprendió''. Según Alsola eso se debía al hecho de que hacían
pruebas con gas``”. ¿Cuál era la prueba que hacían ellos? Ellos
traían chivos del Ecuador, se llegó a saber que eran del Ecuador,
y le arrojaban esos gases. A los animales se les caía la piel, se
morían y quedaban sancochados: el animal rojo rojo!, como cocinado,
quemado.
Ese trabajo lo hacían los soldados, allí
no intervenía el personal latino. ``Ellos entraban a hacer esa prueba
con una ropa especial, como casaca. Cuando terminaban venía un truck
con una pluma que al hombre lo cogían y lo ponían en una especie
de mesa, en un piso de arena especial; al hombre lo paraban ahí
y el hombre se desnudaba, cada hombre en pelotas se agarraba allí,
lo sacaban y lo bañaban. Con toda esa ropa el hombre salía rojo
y esa ropa la cogían con unos ganchos especiales y la metían en
unos tanques y la mandaban a botar. Eso hacían”.
Esto se podía observar desde lejos, porque
“no nos dejaban acercarnos, pero también uno se enteraba en conversaciones
con soldados propiamente dichos. En cierta ocasión un civil, creo
que era salvadoreño, quiso recoger una de esas casacas y no lo dejaron
porque eso estaba contaminado; después lo botaron del trabajo”.
Cuando se iban a hacer las pruebas se avisaba a la población civil
para que se pusiera su máscara, “incluso la perra, también tenía
su máscara”. Estas pruebas con gases y sustancias químicas se realizaban
cada mes o al máximo cada dos meses.
Durante esa época, posterior a la Segunda
Guerra Mundial y antes del rechazo panameño del convenio de bases
en diciembre de 1947, en la base militar de la isla de San José
estaban acantonados entre 300 y 500 soldados norteamericanos. “En
el 47, cuando la gente se opuso a las bases, la de San José fue
de las primeras que devolvieron, porque ya no les interesaba, ya
habían hecho sus experimentos”. Para José Alsola no hay dudas de
que los norteamericanos hicieron pruebas de guerra química en la
isla de San José entre 1945 y 1947.
Antes, en enero 1944, hicieron estas pruebas
oficialmente; es decir, que la Embajada de Estados Unidos en Panamá
solicitó el permiso correspondiente a la Cancillería panameña para
experimentar por 60 días con sustancias químicas. El panameño Alfredo
Fonseca trabajó en ese año para el ``San Jose Proyect y él cuenta
que en varias ocasiones, en esos meses de enero y febrero de 1944,
mientras los soldados norteamericanos hacían los experimentos, todos
los empleados civiles radicados en la isla eran embarcados y conducidos
a pasear por el golfo durante periodos de 48 o más horas.
Esa contaminación no es biodegradable
Según pudo conocer Alsola, después de que
se había cerrado la base de San José, la pesca disminuyó considerablemente
en los alrededores de la isla, “porque ellos tenían una chuta por
la que tiraban todos esos residuos que iban directamente al mar”.
Los norteamericanos impedían el arribo de cualquier persona ajena
a la isla. “Cuando venían los campesinos de la isla de Pedro González,
que quedaba ahí cerca, no se lo permitían. Pero de todos modos ellos
venían a escondidas y nos traían yuca, verduras o pescado seco a
cambio de frazadas u otros útiles o por dinero propiamente dicho.
Esto era a escondidas, porque los soldados no lo permitían”.
En la isla había unas especies de ciudadelas,
con comisariatos en los que se compraba lo necesario. ``Esos comisariatos
estaban divididos, para los estadounidenses había unos y para los
latinos había otros. “Nosotros no podíamos entrar a los comisariatos
exclusivos de ellos. Yo sufrí, yo viví esa discriminación, tanto
en la isla de San José como en Balboa”.
En la isla se instaló un cine, al cual los
latinos podían asistir, siempre y cuando se sentaran en la parte
de atrás. Como el cine estaba localizado en el campamento de los
norteamericanos, a los latinos les llevaban y regresaban en camiones.
Alsola recuerda que una vez que comenzaron a “descubrirse las barbaridades
que hicieron los alemanes, nos pasaron un noticiero de eso”.
Los latinos podían pescar y practicar algunos
deportes como el fútbol o el boxeo. Es decir, que “se permitía la
libertad para que uno ocupara su tiempo libre en alguna actividad
recreativa”. Con una vida así, de pocos gastos y entradas económicas
regulares, los latinos que vivieron en la isla en esos años no midieron
la magnitud del riesgo al que se enfrentaban. Sin embargo, en la
memoria de ellos sí se han fijado aquellas escenas y experiencias
de los años 46 y 47 en la isla de San José.
Tanto Fonseca como Alsola reconocieron que,
hasta donde ellos saben, ninguno de sus compañeros se vio afectado
físicamente de manera directa por efectos de las prácticas de guerra
química en la isla de San José. Se ha reconocido, tanto en los revelados
informes secretos como en estudios hechos por ecologistas, que las
sustancias utilizadas no son biodegradables y que en varias ocasiones
se experimentó con seres humanos.
Alsola después que salió de la isla de San
José se convirtió en marino y recorrió el mundo de puerto en puerto.
Ahora descansa junto a su familia y dedica gran parte de su tiempo
a la lectura y el estudio. Al ponerlo a consideración de la comunidad
panameña, Alsola no ha guardado para sí su revelador testimonio.
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