
Vestidos y alborotados
Que la selección de fútbol Sub-18 no haya podido
asistir a los Juegos Deportivos Bolivarianos porque los muchachos
no estaban médicamente preparados para jugar en una altura
de 2 mil 800 metros, me parece una medida razonable. En ese sentido,
nadie puede criticar el dictamen médico. Más bien
hay que aplaudirlo.
Pero sí es cuestionable el que la Comisión Normalizadora
de Fútbol haya estado pregonando por más de cuatro
meses sobre la preparación de un equipo para unos Juegos
Bolivarianos en el que se invirtió tiempo en giras por el
interior del país, esfuerzo, sacrificio y dinero para que
a escasos días del certamen nos salgan con que los muchachos
no estaban aptos para jugar en la altura de Ambato.
Una excusa que, obviamente, le sirve a los directivos de la Comisión
Normalizadora como escudo para sus acostumbrados razonamientos.
Irónicamente ahora no fue por dinero, como lo expresa la
misma Comisión, sino por el fantasma de la altura, al que
por lo visto nuestra dirigencia no le ha podido hacer frente.
Aquí siempre hemos estado haciendo fuerza, no de ahora,
para que el fútbol asistiera a unos Juegos Bolivarianos.
Por la importancia de esta justa con la que prácticamente
se iniciaba un ciclo olímpico, en este caso, el de una selección
que se piensa preparar con anticipación para las eliminatorias
del pre-mundial Sub-20 del 2003.
Nunca antes el fútbol había estado tan cerca de volver
a estos Juegos, a los que no participamos desde 1973, cuando se
realizaron aquí y lo hicimos como anfitriones. Pero la altura
nos afectó antes de tiempo.
Sí, el famoso síndrome de la altura, al cual el fútbol
panameño no le ha podido hacer una finta con una buena preparación,
ni con los juveniles ni los mayores.
Muchos y, con justa razón, nos preguntamos, si la Comisión
Normalizadora no sabía de la altura de Ambato. Porque así
pareció ser de unos días para acá, cuando se
notó la preocupación de la dirigencia sobre el tema.
Aunque ellos digan lo contrario.
Al final, los muchachos de la Sub-18 se quedaron ilusionados y
con los crespos hechos. De nada les valió tanto sacrificio.
Ahora habrá que esperar si al doctor Rubén Alvarez,
encargado de las selecciones menores, le dejan continuar su trabajo
con esta selección con miras al 2003.
Esperemos que se piense desde ya en una buena planificación
y no se eche al olvido este equipo ahora que viene la preparación
de una selección Sub-21, para los Juegos Deportivos Centroamericano
de Guatemala.
Campo
Elías Estrada
cestrada@prensa.com
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