Panamá, 2 de septiembre de 2001
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Vestidos y alborotados

Que la selección de fútbol Sub-18 no haya podido asistir a los Juegos Deportivos Bolivarianos porque los muchachos no estaban médicamente preparados para jugar en una altura de 2 mil 800 metros, me parece una medida razonable. En ese sentido, nadie puede criticar el dictamen médico. Más bien hay que aplaudirlo.

Pero sí es cuestionable el que la Comisión Normalizadora de Fútbol haya estado pregonando por más de cuatro meses sobre la preparación de un equipo para unos Juegos Bolivarianos en el que se invirtió tiempo en giras por el interior del país, esfuerzo, sacrificio y dinero para que a escasos días del certamen nos salgan con que los muchachos no estaban aptos para jugar en la altura de Ambato.

Una excusa que, obviamente, le sirve a los directivos de la Comisión Normalizadora como escudo para sus acostumbrados razonamientos.

Irónicamente ahora no fue por dinero, como lo expresa la misma Comisión, sino por el fantasma de la altura, al que por lo visto nuestra dirigencia no le ha podido hacer frente.

Aquí siempre hemos estado haciendo fuerza, no de ahora, para que el fútbol asistiera a unos Juegos Bolivarianos. Por la importancia de esta justa con la que prácticamente se iniciaba un ciclo olímpico, en este caso, el de una selección que se piensa preparar con anticipación para las eliminatorias del pre-mundial Sub-20 del 2003.

Nunca antes el fútbol había estado tan cerca de volver a estos Juegos, a los que no participamos desde 1973, cuando se realizaron aquí y lo hicimos como anfitriones. Pero la altura nos afectó antes de tiempo.

Sí, el famoso síndrome de la altura, al cual el fútbol panameño no le ha podido hacer una finta con una buena preparación, ni con los juveniles ni los mayores.

Muchos y, con justa razón, nos preguntamos, si la Comisión Normalizadora no sabía de la altura de Ambato. Porque así pareció ser de unos días para acá, cuando se notó la preocupación de la dirigencia sobre el tema. Aunque ellos digan lo contrario.

Al final, los muchachos de la Sub-18 se quedaron ilusionados y con los crespos hechos. De nada les valió tanto sacrificio.

Ahora habrá que esperar si al doctor Rubén Alvarez, encargado de las selecciones menores, le dejan continuar su trabajo con esta selección con miras al 2003.

Esperemos que se piense desde ya en una buena planificación y no se eche al olvido este equipo ahora que viene la preparación de una selección Sub-21, para los Juegos Deportivos Centroamericano de Guatemala.

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

 




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