Panamá, 2 de septiembre de 2001
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Catacumbas y unidad

Rómulo Emiliani

El 14 de agosto celebré la santa misa con un grupo pequeño de panameños en las Catacumbas de Priscila en Roma, un cementerio católico usado en los primeros siglos de la historia de la Iglesia y donde hay enterrados unos cuarenta mil cristianos, entre ellos varios Papas y muchos mártires. En sus galerías subterráneas encontramos la primera imagen de la Virgen y una de las primeras pinturas de Jesús el Buen Pastor. En Roma hay unas 60 catacumbas; 6 de ellas abiertas.

En los primeros siglos, se alternaban temporadas de paz y de persecución, y los emperadores, por miedo a la nueva religión y en represalia porque no adoraban las divinidades paganas, emprendían oleadas de encarcelamiento y asesinatos de cristianos. Cuando Nerón quema Roma y le echa la culpa a los seguidores de Cristo, en una sola noche crucifica y quema a 7,000 y se goza de ver la ciudad iluminada gracias a los cuerpos quemados de los mártires. San Pedro muere crucificado cabeza abajo en tiempos de Nerón y sus restos están en un viejo cementerio que está bajo de la cúpula de la Basílica de San Pedro.

Ofrecí la misa por Panamá y por la unidad del pueblo panameño. Nuestra Iglesia ha mantenido la unidad querida por Cristo durante veinte siglos, lo que ha permitido conservar la verdad de la fe y ser fiel a Jesús.

Estados Unidos, gracias al liderazgo de Lincoln y a la guerra civil de 1865, logró su unidad y por eso es potencia. España, gracias a la reconquista (1492) y respetando ahora las autonomías de sus provincias, es grande por su unidad. Israel ha logrado la unidad de su pueblo y por eso resiste todas sus crisis históricas (el pueblo palestino intenta hacer lo mismo). Italia comienza su etapa contemporánea y ya es potencia gracias a la unidad de los diferentes reinos. La Iglesia pone su cuota de sacrificio cediendo a la fuerza sus estados pontificios por la nueva Italia. Bolívar intuye que ese es el camino de América Latina, pero su sueño se desbarata; y aunque no se puede dar marcha atrás, se puede lograr una unidad económico y cultural que haga sentir que somos parte importante del desarrollo de la humanidad. Europa ha logrado una unidad económica muy fuerte; las dos Alemanias se han unido y les espera un gran futuro. La unidad respetando la diversidad es el camino.

Pero en Panamá, pequeño y débil, nos damos el lujo de pelearnos, dividirnos, hundirnos unos a otros y debilitar aún más la vida del país. Cantidad enorme de partidos políticos, divisiones internas, intrigas, pugnas que nunca terminan, enemistades y traiciones, búsqueda del interés personal y muchas veces monetario; y, por otro lado, el crecimiento de la pobreza y la delincuencia, con el monstruo de la mafia que invade la vida nacional. Mientras, ¿el pueblo qué?

Necesitamos urgentemente una reconciliación y un liderazgo fuerte que conduzca a la unidad nacional. La crisis económica en Panamá es seria y solo la unidad de todas las fuerzas vivas del país, en esta situación de emergencia, podrá presentar soluciones contundentes. El hambre es mal consejero, y ante la debilidad de los gobiernos y las economías, las fuerzas tenebrosas del mal se harán más grandes y el país caerá lentamente en una zozobra y anarquía peligrosa.

Por encima de los partidismos e ideologías, con el sacrificio de todos -en eso incluyo a la empresa privada, que tiene que seguir invirtiendo en tiempo de crisis, manteniendo los empleos aunque los ingresos sean menores- con una austeridad personal, familiar y del gobierno, debemos promover una economía más humana en tiempo de crisis y potenciar todas nuestras riquezas humanas, culturales y geográficas. En eso incluyo algo que salvó a España e Italia después de la guerra: un turismo bien planificado y organizado, sin dejar de lado la agricultura, la pequeña y mediana empresa y la promoción del amor, el orgullo y el respeto a nuestro país.

Hay que sacrificar muchas cosas por la unidad. Todos los partidos políticos deberían unirse y formar bloques bien estructurados con ideologías claras y posturas económicas científicamente elaboradas y con candidatos que tengan madera de auténticos líderes. ¡Y trabajar por Panamá!

El autor es arzobispo de Darién


 

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