La nueva cara de la energía
Altos de Curundu o Curundu Heights, construida allá por la década de 1930 por la armada de Estados Unidos en la vieja Zona del Canal, fue de las primeras comunidades verdes en los trópicos de nuestro continente: amplias avenidas con árboles y elegantes palmas reales cubanas, grandes espacios entre viviendas y con los cables de luz y teléfono enterrados para no contaminar visualmente el paisaje.
En este invierno del 2001, la empresa Edemet-Edechi (Unión Fenosa), sin tomar en cuenta a los residentes de esta comunidad, se ha afanado en destruir brutalmente los árboles para instalar postes y guindar cables eléctricos. Un domingo reciente, al preguntarle a unos trabajadores de la empresa, que abrían un enorme hueco para un poste, por qué no enterraban los cables y así salvarían los árboles, respondió que “los gringos tenían plata y los españoles no.... que más barato era tumbar los palos y poner postes”.
¡Qué ironía! Una empresa que se hace llamar “La nueva cara de la energía”, destruye los árboles de una comunidad ecológica, y los sustituye por postes de cemento y cables.
Al mudarme con mi familia a Altos de Curundu, allá por el verano de 1982, y al revertir a Panamá esta área sembré guayacanes, traídos de Chiriquí, para que diesen sombra al caminante y que al florecer, como solo los guayacanes saben hacerlo, asemejando fuegos artificiales de oro, diesen vistosidad a la entrada de la comunidad. Los cuidé por 19 años. Estaban coposísimos y galanos. Un domingo, sin aviso ni preaviso, entró “La nueva cara de la energía” y los desramó ruda y brutalmente.
Me imagino que en España esta empresa no se comporta así. Se guiará por normas ambientales de la Comunidad Europea. América Latina, obviamente, es otra cosa. Claro está, si se les deja.
Stanley Heckadon-Moreno
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