Panamá, 2 de septiembre de 2001
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Trasfondo
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Neoliberalismo y crisis

Olmedo Beluche

La globalización, así como la política neoliberal que la impulsa, tienen un objetivo, sacar al capitalismo de la crisis abierta a fines de los 60. La pregunta hoy es: ¿ha logrado su objetivo?

A principios del siglo XX, el economista Kondratiev concluyó que la historia del capitalismo reflejaba períodos largos, de 50 años, en los que se dan grandes ciclos de ascenso o descenso de la economía mundial. Estos ciclos largos mostrarían los períodos de auge o decadencia del capitalismo.

Siguiendo este criterio, se han sugerido cuatro grandes ciclos: 1. Siglo XVIII-1847, una gran onda ascendente (Revolución Industrial): 2. 1850-1893, creciendo 1850-1873 y decayendo 1873-1893; 3. 1893-1940, dos fases, una ascendente (1894-1913) y otra descendente (1914-1939); 4. 1940-1966, un ciclo ascendente (boom).

Desde 1966 se entra en un ciclo decadente con una caída de la tasa de crecimiento, de la ganancia y la plusvalía. Para recuperarse, el capitalismo echó mano del neoliberalismo. Las medidas neoliberales (privatizaciones, flexibilización laboral, etc.) permitieron aumentar la tasa de explotación de los trabajadores (plusvalía) y la ganancia consecuente, pero no el crecimiento económico.

En el período 1980-89, en pleno auge neoliberal, la tasa de plusvalía creció al 1.8% anual -“tres veces más” que en la posguerra-; se redujo el tiempo de rotación del capital, y se recuperó la tasa de ganancia en 1.2% anual. Perry Anderson, historiador inglés, afirma que en la crisis de los 70, la tasa de ganancia había disminuido en un 4.7%, pero que en los 80 se recuperó en 4.4%.

Sin embargo, el crecimiento económico no se recuperó sino que mantuvo una tendencia de caída constante: en los 60 era 5.5% promedio mundial anual, en los 70 bajó al 3.6%, en los 80 a 2.9%, y en los 90 por el 3%.

Crecimiento que ha sido dispar: Estados Unidos tuvo ocho años de bonanza (1992-2000), pero Europa tuvo un crecimiento bajo y Japón se estancó desde 1989. A América Latina le fue peor, los 80 fueron la “década perdida”, se creció un poco en los 90, pero desde el 98-99 volvió al estancamiento. Los “Tigres Asiáticos” pasaron de modelo del neoliberalismo a la crisis abierta a partir del 97. Ni hablar de Africa.

Según el economista Shaik, nos encontramos “en plena onda descendente”, ya que la recuperación relativa de fines de los 80 y principios de los 90 se debe a la “ampliación artificial crediticia”, que ha creado una burbuja financiera ficticia y que va a explotar, o con una crisis violenta como la del 29, o con una crisis dilatada como la de 1870-80. Parece que esta última es la forma que adquirió la crisis mundial a partir del 2000.

En conclusión, el neoliberlismo aumentó la explotación de los trabajadores en todo el mundo, con su consecuente ampliación de la miseria social; pero esto no ha permitido una recuperación duradera del capitalismo. Se confirma, pues, que nos encontramos en la etapa de decadencia de este sistema social.

Jorge Beinstein, de la Universidad de Buenos Aires, dice respecto al comportamiento de la economía capitalista en los 90 que, comenzó con una crisis de Japón que se recuperó, pero dejó de crecer. Continuó en el 94 con la crisis mexicana; en el 97 con la crisis asiática; en el 98 con la crisis rusa; en el 99 con la crisis de Brasil y desde mitad del año 2000 comienza a desinflarse la bola financiera de Estados Unidos. “Lo que vemos, haciendo una retrospectiva de los 90, es una crisis financiera de la economía, y, por otro lado, una serie sucesiva de crisis financieras, que en la realidad cada una ha sido más impactante que las otras”, concluye Beinstein.

Si, para resolver males sociales como el desempleo, se requiere un ritmo de crecimiento del 6% anual, mismo que no se ha alcanzado desde hace 40 años, tenemos que los trabajadores y las masas empobrecidas del mundo no pueden afincar ninguna esperanza en el sistema capitalista. La urgencia de resolver las contradicciones del capitalismo, mediante la planificación económica y la propiedad social de la producción, sigue siendo una necesidad de vida o muerte para la mayoría de la humanidad.

Pero esto requiere una acción política consciente. Se equivocan los que creen que la sola crisis económica capitalista dará paso al socialismo. Sin una lucha organizada de los trabajadores por modificar las relaciones sociales y económicas, el mundo seguirá debatiéndose entre “el socialismo o la barbarie”, como bien expresara León Trotski. El primero como necesidad cada vez más urgente, y la segunda como una realidad cada vez más dramática.

El autor es sociólogo


 

Además en opinión

La nueva cara de la energía: Stanley Heckadon-Moreno
La República de los Sobrinos: Guillermo Sánchez Borbón
Catacumbas y unidad: Rómulo Emiliani
Un poco más para el bolero: Jaime A. Porcell Alemán
Neoliberalismo y crisis: Olmedo Beluche