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Más sobre el trastorno obsesivo
compulsivo
En definitiva, las ideas
e imágenes obsesivas pueden ser de casi cualquier tipo. Y una vez
que recurren en el cerebro de forma persistente y reiterada (a pesar
de los intentos que se hacen por suprimirlas), nos encontramos con
un cuadro patológico
Alicia Rego
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
El
suelo del apartamento de Ana Lucía está tan limpio que hasta un
bebé podría lamerlo sin contraer infección alguna. Y es que lo barre,
trapea y desinfecta por lo menos tres veces al día. Cuando se casó,
hace ya casi veinte años, su marido pensaba que había tenido muchísima
suerte pues se llevaba a la mujer más hacendosa y pulcra del planeta.
Sin embargo, ahora él ve el panorama de forma diferente: los que
parecían unos exquisitos hábitos de higiene se han vuelto enfermizos.
Riñas a diario se dan en esta casa que, a pesar de limpia, es el
motivo del enfrentamiento diario entre ambos. Ella está consciente
de que su comportamiento es exagerado (basta ver sus manos hechas
llagas de tanto cloro), pero por su cabeza siguen merodeando ideas
relacionadas con suciedad, infecciones y enfermedades que le hacen
temer por su salud. Y para prevenir, lava y friega todo lo que pudiese
esconder alguna peligrosa bacteria.
Este es un caso representativo de una obsesión:
el miedo a la suciedad y las enfermedades derivadas; y de una compulsión:
limpiar y limpiar hasta la saciedad. Pero aunque las patologías
más frecuentes en esta línea estén relacionadas con este tipo de
ideas que tienen que ver con la limpieza, la lista de otros tipos
de cuadros es larga.
Así nos encontramos con que otras manifestaciones
frecuentes de los trastornos obsesivos compulsivos son los rituales
de repetición. Entre ellos, el más característico es aquel en que
se emplean números cada vez que un pensamiento obsesivo irrumpe
en la mente. Por ejemplo, si una persona que padece este trastorno
tiene una imagen relacionada con un peligro inminente, repite un
determinado número o una secuencia específica como si esta acción
fuese una especie de talismán contra la mala suerte.
Menos extravagantes pero también comunes
son los rituales de comprobación, más frecuentes en hombres que
en mujeres. A través de ellos, los pacientes comprueban reiterada
y repetidamente las cosas más variopintas. Desde si está cerrada
la llave del gas o la del agua en su casa, hasta si han matado accidentalmente
con el carro a las persona con la que se acaban de cruzar.
Y también están los relacionados con el orden,
quizás los más populares entre la gente. Quién no conoce a alguien
“fanático” por ver todas las pertenencias bien colocadas en sus
sitios y que para ello pase horas ordenando objetos de una manera
determinada.
En definitiva, las ideas e imágenes obsesivas
pueden ser de casi cualquier tipo. Y una vez que recurren en el
cerebro de forma persistente y reiterada (a pesar de los intentos
que se hacen por suprimirlas), nos encontramos con un cuadro patológico.
Cuadro que también incluye todas esas acciones encaminadas a reducir
el malestar y el miedo ante una situación temida.
Diagnóstico y tratamiento
La mayoría de los que sufren las consecuencias
de esto reconocen que sus obsesiones y compulsiones son excesivas
o irracionales. Pese a eso, poco pueden hacer por evitarlos. De
ahí el hecho de que las múltiples quejas, consejos y regaños de
familiares y amigos no ayudan en nada, de hecho pueden llegar a
ser contraproducentes.
Por ello, los expertos recomiendan una terapia
a manos de un profesional una vez que se haya hecho el diagnóstico
exhaustivo. Y esto último es importante porque en ocasiones el síndrome
puede ser producto secundario de otra patología. La práctica clínica
ha demostrado, en este sentido, que las ideas obsesivas pueden ser
manifestaciones de una depresión (con lo cual habría que tratar
este mal primero) y que remiten una vez superada esta. Otras veces
pueden estar ligadas a la tricotilomanía (deseo repetido de arrancarse
las pestañas, las cejas o el pelo del cuero cabelludo o de otras
partes del cuerpo); a un trastorno dismórfico corporal (preocupación
excesiva por defectos imaginarios o reales relacionados con la apariencia);
o también a la hipocondría.
La nueva línea de investigación incide en
el tratamiento a base de fármacos como uno de los métodos más efectivos.
Esto debido a los buenos resultados obtenidos con pacientes tratados
con medicamentos que afectan el funcionamiento de un neurotransmisor
llamado serotonina. Este hecho ha demostrado la importancia de las
bases neurológicas a la hora de buscar las causas, factor que a
su vez deja de lado la vertiente más clásica de orientación, que
estipulaba que en un hecho traumático estaba el origen de la patología.
Ahora bien, también está comprobado que las
situaciones estresantes pueden acuciarla, y que hay una innegable
influencia de factores ambientales (como los relacionados con prácticas
determinadas de crianza). Una vez más la herencia y el ambiente
se dan la mano. Y por ello, psiquiatras y psicólogos también lo
hacen; aunque estos para buscar una solución. Así, encuentran en
la terapia de modificación de conducta apoyada en la farmacología
la fórmula para el tratamiento.
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