Panamá, 28 de agosto de 2001
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Más sobre el trastorno obsesivo compulsivo

En definitiva, las ideas e imágenes obsesivas pueden ser de casi cualquier tipo. Y una vez que recurren en el cerebro de forma persistente y reiterada (a pesar de los intentos que se hacen por suprimirlas), nos encontramos con un cuadro patológico

Alicia Rego
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

El suelo del apartamento de Ana Lucía está tan limpio que hasta un bebé podría lamerlo sin contraer infección alguna. Y es que lo barre, trapea y desinfecta por lo menos tres veces al día. Cuando se casó, hace ya casi veinte años, su marido pensaba que había tenido muchísima suerte pues se llevaba a la mujer más hacendosa y pulcra del planeta. Sin embargo, ahora él ve el panorama de forma diferente: los que parecían unos exquisitos hábitos de higiene se han vuelto enfermizos. Riñas a diario se dan en esta casa que, a pesar de limpia, es el motivo del enfrentamiento diario entre ambos. Ella está consciente de que su comportamiento es exagerado (basta ver sus manos hechas llagas de tanto cloro), pero por su cabeza siguen merodeando ideas relacionadas con suciedad, infecciones y enfermedades que le hacen temer por su salud. Y para prevenir, lava y friega todo lo que pudiese esconder alguna peligrosa bacteria.

Este es un caso representativo de una obsesión: el miedo a la suciedad y las enfermedades derivadas; y de una compulsión: limpiar y limpiar hasta la saciedad. Pero aunque las patologías más frecuentes en esta línea estén relacionadas con este tipo de ideas que tienen que ver con la limpieza, la lista de otros tipos de cuadros es larga.

Así nos encontramos con que otras manifestaciones frecuentes de los trastornos obsesivos compulsivos son los rituales de repetición. Entre ellos, el más característico es aquel en que se emplean números cada vez que un pensamiento obsesivo irrumpe en la mente. Por ejemplo, si una persona que padece este trastorno tiene una imagen relacionada con un peligro inminente, repite un determinado número o una secuencia específica como si esta acción fuese una especie de talismán contra la mala suerte.

Menos extravagantes pero también comunes son los rituales de comprobación, más frecuentes en hombres que en mujeres. A través de ellos, los pacientes comprueban reiterada y repetidamente las cosas más variopintas. Desde si está cerrada la llave del gas o la del agua en su casa, hasta si han matado accidentalmente con el carro a las persona con la que se acaban de cruzar.

Y también están los relacionados con el orden, quizás los más populares entre la gente. Quién no conoce a alguien “fanático” por ver todas las pertenencias bien colocadas en sus sitios y que para ello pase horas ordenando objetos de una manera determinada.

En definitiva, las ideas e imágenes obsesivas pueden ser de casi cualquier tipo. Y una vez que recurren en el cerebro de forma persistente y reiterada (a pesar de los intentos que se hacen por suprimirlas), nos encontramos con un cuadro patológico. Cuadro que también incluye todas esas acciones encaminadas a reducir el malestar y el miedo ante una situación temida.

Diagnóstico y tratamiento

La mayoría de los que sufren las consecuencias de esto reconocen que sus obsesiones y compulsiones son excesivas o irracionales. Pese a eso, poco pueden hacer por evitarlos. De ahí el hecho de que las múltiples quejas, consejos y regaños de familiares y amigos no ayudan en nada, de hecho pueden llegar a ser contraproducentes.

Por ello, los expertos recomiendan una terapia a manos de un profesional una vez que se haya hecho el diagnóstico exhaustivo. Y esto último es importante porque en ocasiones el síndrome puede ser producto secundario de otra patología. La práctica clínica ha demostrado, en este sentido, que las ideas obsesivas pueden ser manifestaciones de una depresión (con lo cual habría que tratar este mal primero) y que remiten una vez superada esta. Otras veces pueden estar ligadas a la tricotilomanía (deseo repetido de arrancarse las pestañas, las cejas o el pelo del cuero cabelludo o de otras partes del cuerpo); a un trastorno dismórfico corporal (preocupación excesiva por defectos imaginarios o reales relacionados con la apariencia); o también a la hipocondría.

La nueva línea de investigación incide en el tratamiento a base de fármacos como uno de los métodos más efectivos. Esto debido a los buenos resultados obtenidos con pacientes tratados con medicamentos que afectan el funcionamiento de un neurotransmisor llamado serotonina. Este hecho ha demostrado la importancia de las bases neurológicas a la hora de buscar las causas, factor que a su vez deja de lado la vertiente más clásica de orientación, que estipulaba que en un hecho traumático estaba el origen de la patología.

Ahora bien, también está comprobado que las situaciones estresantes pueden acuciarla, y que hay una innegable influencia de factores ambientales (como los relacionados con prácticas determinadas de crianza). Una vez más la herencia y el ambiente se dan la mano. Y por ello, psiquiatras y psicólogos también lo hacen; aunque estos para buscar una solución. Así, encuentran en la terapia de modificación de conducta apoyada en la farmacología la fórmula para el tratamiento.


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