Panamá, 28 de agosto de 2001
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Los 482 años de Panamá Viejo

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografía: Todos los derechos reservados por R. López Arias
Grabados: De diferentes obras

 

Estamos ante una maqueta que muestra las ruinas de los edificios de Panamá la Vieja después del ataque del pirata inglés Henry Morgan. La maqueta, tal como se puede leer, fue elaborada por E. G. Dexter y D. Morton en 1913. A la derecha se observa el sitio de la no muy amplia bahía, donde desembocaba el río Gallinero. Sobre la pequeña loma, los restos de las casas del Gobierno, la cárcel, el mercado y la casa conocida como “de los genoveses”, el lugar que se encargaba de todo lo relativo al infame comercio de esclavos. La casa también fue ocupada por los traficantes portugueses. El puente a la izquierda era el del Matadero. Por allí se iba a Natá de los Caballeros. A la izquierda se ve el otro puente, el del Rey, por donde seguía el camino hasta Portobelo. Como la mayoría de las casas eran de madera, solo sobrevivieron los conventos y templos hechos de otros materiales más fuertes.

Antes que nada me permito recomendarles el libro publicado por Juan B. Sosa en 1919, sobre el origen de Panamá la Vieja, por su amenidad y valor didáctico e histórico.

Pienso que debería ser editado nuevamente ahora que estamos entregados a la celebración de nuestro primer centenario.

De ese libro hemos obtenido una buena cantidad de los datos que les reseño a continuación.

Por ejemplo, el significado de la palabra Panamá entre nuestros indígenas podría ser: país de las mariposas, país del recreo, el nombre de un árbol y la abundancia de peces en sus aguas. Juan B. Sosa se queda con el significado de la abundancia de peces.

El sitio escogido para asentar la nueva ciudad fue descubierto y recomendado por el capitán Tello de Guzmán.

Pedro Arias Dávila, ya como gobernador de Castilla de Oro, resolvió utilizar ese enclave ocupado por una ranchería de humildes pescadores.

El lugar, en realidad, no era el más adecuado. Su escogencia se consideró después precipitada. El puerto no era el ideal; las mareas obstaculizaban la llegada de los barcos, había mucho fango y era insalubre.

La fundación

Copia de un plano de Panamá la Vieja, elaborado en 1609 por el ingeniero Pedro de Roda.

Se trata de una vieja pintura titulada La batalla de Panamá, obra de Exquemelín y publicada en 1673.

Con posterioridad a la fecha de fundación de la ciudad, el 15 de agosto de 1519, se trató de buscar otro sitio más adecuado, pero los gastos ya hechos lo impidieron.

Pedro Arias Dávila era natural de Segovia, España, y cuando fundó Panamá tenía unos 79 años cumplidos. Murió de 92 años, en la ciudad nicaragüense de León, la cual también él había fundado y a donde había sido trasladado con el cargo de gobernador.

Con doña Isabel Bobadilla y Peñalosa, su consorte, tuvo nueve hijos. Se refiere que en una ocasión, allá en su tierra natal, estando enfermo, lo declararon difunto y cuando ya estaba dentro de un ataúd, uno de sus criados sintió ruidos y lo “halló resucitado”. Desde entonces y cada año en esa fecha se hacía abrir una sepultura, en la que se introducía al tiempo que le ofrecían una misa.

Recordemos además que Pedro Arias tuvo que ver con el nacimiento de Natá, quizás con Nombre de Dios y con una población chiricana conocida como Fonseca Dávila, esta última no tuvo larga vida.

La llega de Dávila

Con el estilo ampuloso de los tiempos pretéritos, Pedro Arias Dávila firmó la fundación de la ciudad, y también un acto imperdonable: la orden de decapitación de Vasco Núñez de Balboa.

Dávila llegó al istmo como parte de una expedición que constaba de 17 barcos y mil 500 hombres. Trajo las primeras reses, además de caballos, asnos, semillas de frutas y de cereales.

Sin embargo, fue dominante y cruel. Causó la muerte de innumerables indígenas y ordenó la decapitación de Vasco Nuñez de Balboa.

Para 1529, Panamá tenía 75 bohíos en donde vivían unos 32 españoles y alrededor de 500 indígenas. Aquellos con muchas ganas de trasladarse al Perú.

En 1541, las habitaciones eran 112 y los habitantes 4 mil, a los que ya había que añadirle los esclavos africanos. El sol era inclemente, abundaban los malos vapores. Por lo que se nota no era el mejor sitio para vivir.

Para 1607 la urbe tenía cuatro calles conocidas como la de La Carrera (paralela al mar), La Empedrada, otra de la cual no se consigna el nombre y La Portezuela.

Había otras siete vías que las cruzaban, además de algunas callejuelas. Estaban, por ejemplo, Calafeta y Santo Domingo. También se podía encontrar la Plaza Mayor y otra dos plazuelas.

La Catedral originalmente era de madera. En 1580 se le colocaron otros materiales sólidos. Más tarde hubo lujosas y sólidas construcciones.

Su destrucción

Ahora les hablaré un poco de las destrucciones de la ciudad, que ocurrieron en 1539, 1563 y 1570, años en que se registraron devastadores incendios.

En 1621 sufrió los efectos de un fuerte terremoto.

Antes del asalto del pirata Henry Morgan, la ciudad sufrió el embate de Hernando de Bochica, teniente de Pizarro, quien en 1544 -al mando de la tripulación de cuatro buques- se apoderó por algunos meses del lugar, cometiendo junto a sus secuaces toda clase de atrocidades.

En 1556, el general Pedro Alonso de Hinojosa, también de las huestes de Pizarro (de la misma flotilla que el anterior) desembarcó en Ancón y se fue hasta Panamá la Vieja, con el fin de apoderarse de ella, pero por diferentes motivos que los de Bochica. De Hinojosa quería separar la ciudad del reino de España.

En 1550, dos nietos, nada menos que de Pedro Arias Dávila -los hermanos Hernando y Pedro Contreras, procedentes de Nicaragua- atacaron de nuevo a Panamá. Hicieron desastres, se robaron entre otras cosas 12 cajas con oro, mil barras de plata. Como consecuencia, uno de los hermanos murió ahogado al huir, y el otro apuñalado.

Mas la cosa no terminó allí. Hubo otro asalto más a cargo de Rodrigo Méndez y 250 de sus secuaces.

Al fin apareció Henry Morgan quien, el 29 de julio de 1668, se apoderó de Portobelo, y luego del fuerte de San Lorenzo, siguió avanzando hacia la costa del Pacífico; entró a la entonces capital el 28 de enero de 1671, permaneciendo allí hasta el 24 de febrero. Morgan no incendió la ciudad; fueron las autoridades españolas las que volaron los depósitos de explosivos. Quedó bastante más en el tintero.

 




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