Más sobre corrupción
Hace unos días, en un programa televisado, se invitó a tres políticos, uno de cada partido que conforma la asamblea (Teresita de Arias y Héctor Alemán, del PRD y José Blandón, arnulfista); para equilibrar, invitaron al viceministro de Gobierno (...), el tema era “los políticos”.
Los presentadores del programa (Atenógenes Rodríguez y Karen Chalmers) no podían ser objetivos por sus inclinaciones personales y las del dueño del medio de comunicación. Y el “público” era partidario de Teresita de Arias (...) Sin embargo, no llegaron al fondo del problema porque ¿quién le pone el cascabel al gato?
Por poner un ejemplo, la HL de Arias dice que ella “no puede vivir con lo que gana como legisladora” (palabras textuales) y que sus cuatro hijos ganan, todos ellos, más que un legislador. En un principio, parecería un exabrupto porque todos sabemos que un legislador se embolsilla once mil dólares mensuales más lo que chorrea, pero en realidad lo que decía era cierto y en serio: los miembros de la Asamblea Legislativa, si la memoria no me falla (yo nunca he sido legislador) tienen un sueldo de mil ochocientos balboas mensuales y eso es lo que declaran a Rentas Internas y al Seguro Social. el resto es ganancia pura (...)
Ninguno de los cuatro sujetos (dos del gobierno y dos de la oposición) explicó los fundamentos del quehacer corrupto; se limitaron a acusarse mutuamente de minucias cotidianas que lo único que hace es girar en una discusión estéril sobre el mismo tema, sin profundizar ni acercarse siquiera al cogollo del asunto.
En mi humilde entender, la corrupción tiene tres elementos fundamentales: el alto costo de la legalidad, la impunidad y los intereses particulares. Si uno tiene que gastar tiempo y dinero para hacer las cosas por las buenas, siempre resulta más fácil pagar “por debajo de la mesa” o por la puerta de atrás (...)
La impunidad es básica: si nadie lo denuncia, es fácil realizar cosas ilegales desde el puesto de funcionario. Un político recibe la primera presión para la corrupción de parte de su propia familia (madre, padre, hermanos), que insisten en que debe recurrir al nepotismo y “poner a vivir” a los miembros de su familia, aun cuando estos no tengan la preparación adecuada. La siguiente presión proviene de sus electores, que también esperan el “salve” de sus políticos en la forma que sea, becas, materiales de construcción (...)
La corrupción es un delito de la misma sociedad que considera que el Estado tiene la obligación de mantenerla y que el Gobierno debe ser la única fuente de ingresos (...)
Rafael Pernett
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