Panamá, 28 de agosto de 2001
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La feria

María Nelly de Figueroa

La Cámara del Libro que preside Priscilla Delgado, ofreció la oportunidad para que enterráramos el paradigma que todos hemos repetido por años: “en Panamá no se lee”. La doctora Rosa María Britton, ni corta no perezosa, firmó el acta de defunción. Según los miles de visitantes, la V Feria Internacional del Libro, se convirtió en la madre de todas la ferias celebradas este año.

La comisión organizadora, que se reunía desde hace un año, era coordinada por Priscilla Delgado, en su calidad también de vicepresidenta internacionalmente, cargo que comparte con Elvira Terán de Exedra Books. También participaban en las reuniones Rosa Ma. Britton y Ma. Magela Brenes, presidenta y directora administrativa de la Fundación Pro Bibliotecas; Emma de Blanco por el INAC, así como Gloria Bejarano y Lorena Roquebert de Casa Taller, en representación de la Alcaldía. Compartían además conmigo, en reuniones ampliadas y en representación del Ministerio de Educación, las profesoras Eloísa García y Fermina Díaz, supervisoras nacionales de Español y Edith Ostía de San Miguelito.

La comisión contaba también con Manolín Alzamora, experimentado organizador de ferias; Plinio Delgado, quien tenía la comisión de recibir a nuestro invitados especiales, y ocasionalmente, asistían representantes de la Universidad Nacional y de algunas casas editoriales.

A partir de abril, nos reuníamos todos los viernes en la Biblioteca Nacional, que ratificó su condición de excelente anfitriona. Entre todos empujamos la carreta biónica.

El Ministerio de Educación, como siempre, cumplió su compromiso; docentes, estudiantes y padres de familia se comprometieron a apoyar la feria. Así, escogimos el área de San Miguelito para darle oportunidad de demostrar sus potencialidades y porque se hacía más fácil el traslado de los participantes. El hecho de estar en período de vacaciones, hacía menos fácil la coordinación, pero era la única fecha en la que podían coincidir los expositores extranjeros.

Involucramos a la subdirectora regional de San Miguelito, Magister Angela Martínez, encargada del Programa Ministerial “Podemos leer y escribir”, convenio que activó nuestra ministra con CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina). Comprometimos 12 escuelas del programa —dos privadas— con 300 niños, educadores y padres de familia que participaron en nuestro local “La Hora del Cuento”, donde docentes y niños promotores de lectura, reforzaron su entrenamiento en talleres y conferencias. Treinta y cuatro educadores participaron en las jornadas profesionales.

El profesor Rodolfo García, director (magnífico) del Instituto Alfredo Cantón (la escuela que soñé), propuso la participación de la banda de su colegio que se aprendió la música del Himno al libro. También coordinó la participación de 700 estudiantes y consejeros de cuartos, quintos y sextos años en las jornadas culturales, y consiguió la representación de escuelas privadas para el área de “La Hora del Cuento”. Más de 15 parejas del conjunto típico hicieron calle de honor el día de la inauguración, mientras la banda y un conjunto de niños amenizaron el sábado la espera en la taquilla.

Por su parte, un grupo de 45 niños con sus maestros y entrenadores de la escuela Plinio Moscoso, salieron a las 3:00 a.m. de Pedasí; presentaron un hermoso espectáculo a las 10:00 a.m y regresaron a las 4:00 p.m. como quien da una vuelta en “u”; mientras que el profesor Sánchez del Naudeau, convocó grupos de IV año.

Las bebidas para niños y jóvenes las donó Estrella Azul y Bonlac, y la meriendas TAYCA, DEMASA y Galletas Pascual; y se exhibieron libros donados por las damas judías panameñas y la casa editora EDIESCO.

A todos agradecemos su participación y entusiasmo.

Mi responsabilidad era muy grande, ya que la señora ministra me designó para representarla, con el mandato expreso de que hiciera todos los esfuerzos necesarios ya que ella compartía plenamente el interés de la Cámara.

Durante los cinco días que duró la Feria, pudimos ver cómo el espacio se quedaba chico; allí se encontraron viejos amigos que no se habían visto en años, y era enternecedor ver a los padres orgullosos acompañados de sus muchachones que hacían cola en ameno diálogo, mientras se esperaba la firma de un escritor extranjero o nacional.

Finalmente, pude sacar en conclusión lo que diferenciaba a esta feria de otras: el sentimiento de alegría, la actitud de complacencia compartida, de satisfacción interior, que solo se da cuando se entrelazan aspectos relacionados con el espíritu.

La respuesta ciudadana se produjo, porque los panameños generalmente sabemos elegir cuando tenemos una buena opción y también por la bien planificada campaña de divulgación. Hay que reconocer que los medios de comunicación abrieron sus puertas de par en par y los periodista y comunicadores hicieron de la feria, “una buena noticia”.

El chaparrón publicitario se estimuló con la presencia comprometedora de Rosa María Britton, quien sabe poner gotitas de miel en sus palabras, pero se arma también con su escalpelo por si hay que hacerle la disección a alguien, “o a algo”.

La ministra Doris Rosas de Mata, muy interesada en apoyar los esfuerzos de la Cámara, en cuña de Canal 11, invitaba a docentes, estudiantes y a la sociedad civil. Colaba el tema en cada entrevista que se le hacía, pero nunca tuve tiempo para observar el efecto de las tijeras, al editar la cinta.

Es obvio que el éxito alcanzado no fue casual; es el testimonio también de la dedicación de los maestros y profesores que estimulan la buena lectura y de programas bien llevados por el Ministerio de Educación. Era la evidencia del deber cumplido; era la imagen de “abuelos cuenta cuentos”, de padres modernos de todos los estratos sociales que llevan a sus niños a Exedra Books, al Hombre de la Mancha; a la labor callada de Apalec, que a dedicado esfuerzos en bibliotecas y escuelas; a los recientes esfuerzos de Casa Taller, el Círculo de Lectores de la USMA, de las Universidades, el INAC; a los esfuerzos de la Biblioteca Nacional, de los autores panameños y de organismos e instituciones cuya gestión escapa a mi memoria.

Nuestro aplauso de pie para todos ellos y nuestra gratitud por haber podido responder a la Cámara del Libro, a los patrocinadores, auspiciadores y escritores internacionales que asistieron para darnos el espaldarazo.

La doctora Doris Rosas de Mata reconoce el esfuerzo de la comunidad educativa y nos felicita por ello. La doctora Rosa María Britton puede firmar el certificado de nacimiento del nuevo paradigma “en Panamá sí se lee”.

La autora es funcionaria del Ministerio de Educación


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