Panamá, 26 de agosto de 2001
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Sobre la maldad humana

‘El cuarto de Verónica’, de Ira Levin, se presenta hasta el 31 de agosto en el nuevo Teatro La Cúpula

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Yarelín Cartín y Enrique Pareja son los jóvenes atrapados en un drama familiar con olor a muerte.

El director Edwin Cedeño vio como espectador El cuarto de Verónica en 1988, en Bogotá, Colombia. Desde aquella vez quedó encantado con la pieza del estadounidense Ira Levin (Nueva York, 1929), tanto por la multiplicidad de sus personajes como por lo interesante de su trama psicológica. Por eso, cuando la productora Gale Celluci le propuso en 1999 trabajar en el Teatro Guild, el también actor panameño enseguida le propuso dirigir esta obra de suspenso.

“Le propuse Veronica’s Room. Después de muchos años de querer hacerla y de buscar el libreto, finalmente lo encontramos y lo hicimos. Paradójicamente, el Teatro Guild había montado aproximadamente 25 años antes esa obra, por lo que hubo entusiasmo por traer viejas memorias al escenario del Guild”, recuerda Edwin Cedeño a La Prensa.

Ahora, El cuarto de Verónica vuelve a la vida de Edwin Cedeño, ya que su versión al español actualmente se presenta en el nuevo Teatro La Cúpula, de martes a domingo, hasta el 31 de agosto.

Su elenco lo conforman Cloty Luna, Yarelí Cartín, Alfredo Arango y Enrique Pareja, quienes cuentan la historia de una peligrosa pareja de ancianos que reside en una casa con un pasado trágico, al que llega una ingenua joven estudiante y su sospechoso novio abogado.

El terreno de lo misterioso no es del todo desconocido para Cedeño, ya que su primera aproximación al género fue en 1997, cuando fue el responsable del montaje El truco de los espejos, de Agatha Christie. Tampoco es su primera reposición, pues en 1994 hizo en Panamá Un extraño conocido y luego la presentó en inglés, en Estados Unidos, bajo el título de On Tidy Endings (Safe Sex).

En lo creativo, el también docente universitario no le teme a este tipo de experiencia, pues si como director ya conoce la pieza, el resto cambia por completo: “el elenco, el equipo técnico, las condiciones del país, el público, el teatro, etc. Es como empezar de cero. Siempre descubres cosas nuevas como resultado de nuevas variables que se conjugan en una nueva aproximación”.

-¿Diferencias entre el montaje de La Cúpula y la del Guild?

-En dos cosas son diferentes. En primer lugar, adaptamos la obra a Panamá. El texto original sitúa la obra en un poblado en las afueras de Boston y con abundantes referencias a nombres, situaciones y lugares totalmente ajenos a nosotros (irlandeses, por ejemplo). Situar la obra en Panamá también refiere a ciertos acontecimientos de nuestra historia, tales como los desaparecidos políticos en los años setenta. Algo que hicimos en el Guild, fue mover las paredes del cuarto a medida que la acción transcurría. En La Cúpula lo hacemos en cámara negra, lo cual da un efecto diferente, menos realista. El Guild funciona como teatro comunitario, mientras que en el montaje de La Cúpula tenemos a actores profesionales”.

El montaje del Teatro Guild participó en el Forscom Festival of the Performing Arts, obteniendo ocho premios. “Yo me sorprendí muchísimo, pues no entendí la magnitud del evento hasta que los jueces viajaron a Panamá para hacer su evaluación”.

Oscuros sentimientos

De acuerdo a Edwin Cedeño, el gran tema de El cuarto de Verónica es la maldad humana. “Los seres humanos son capaces de hacer mucho daño, y este tipo de obras permite reflexionar un poco sobre esto. Otro aspecto interesante es el sentimiento de culpa. El remordimiento de haber actuado mal y no haber pagado por ello como una forma de expiación. La distorsión como una forma de sublimar y proyectar las carencias afectivas en el proceso de desarrollo. Otro tema interesante es la identidad: ¿quiénes somos realmente?”.

El interés de Ira Levin por explorar el lado oscuro del corazón lleva a Cedeño a preguntarse si las personas son malas por naturaleza: “¿Hasta dónde es capaz de llegar la humanidad? ¿Qué cosas podemos hacer en nombre de la justicia personal? ¿Qué pasa con los cabos sueltos que no vamos resolviendo a medida que crecemos? Creo que el alma humana es potencialmente maligna como benigna y solamente los propios seres humanos tenemos el control de ella, a través de nuestras acciones e intenciones podemos dignificar nuestras almas”.

Aunque Ira Levin ha adaptado seis de sus novelas al cine y dos para la televisión, solo dos trabajos suyos han obtenido reconocimiento internacional: los thrillers de horror El bebé de Rosemary (1968, dirigida por Roman Polanski) y Los niños de Brasil (1978, Franklin J. Schaffner).

Si bien El cuarto de Verónica es la primera obra que lee Edwin Cedeño de Ira Levin, sí lo considera “un dramaturgo muy reconocido y sumamente hábil”. Su ingenio radica “en la trama, que poco a poco va desarrollando y atrapando al público o lector sin darle oportunidad de escapar”.

Sobre el motivo por el cual el género de misterio y de suspenso es poco representado en la escena mundial, Cedeño opina que se debe “fundamentalmente por el acoso del cine y su maquinaria efectista”.

En el caso panameño, la razón gira en torno a que “no hay mucho material de drama al alcance de las producciones locales. El resultado que estamos teniendo del público juvenil, por ejemplo, es sumamente halagador. Las actuaciones son intensas y el público las recibe como tal. Este género es un buen ejemplo para demostrar que la experiencia teatral es una experiencia viva y única en su especie”.


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