Panamá, 26 de agosto de 2001
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Democraticemos el Seguro Social

Estimular la organización de los asegurados debe ser el primer mandamiento del credo democrático

Mauro J. Zúñiga A.

La Caja de Seguro Social (CSS) agoniza en una crisis eterna. Todos estamos disconformes: los asegurados porque no reciben buen servicio, y los profesionales y técnicos de la salud porque no pueden darlo. Por la Dirección General de la Institución desfilan individuos de todas las ideologías en un abarcador arco iris, desde las derechas extremas hasta las izquierdas confesas y solapadas; desde los discípulos de Hitler hasta los adoradores de Stalin. Lo lamentable es que los problemas continúan su macabro desfile y la crisis se profundiza. La derecha arrogante y prepotente fracasó. La izquierda oportunista también.

En varios artículos periodísticos y en un par de monografías, he señalado que el problema medular de la CSS es de índole administrativo. Que antes de 1991 los directores generales eran escogidos por el dedo caprichoso del presidente de la República y después, por medio de una terna única que es seleccionada por los once individuos que integran la junta directiva de la institución. Es decir, que el cambio consistió en ampliar el índice de un solo individuo y delegarlo en once dedos. Digo esto porque no aparece en la Ley Orgánica de la CSS, ni en los reglamentos, que los seis representantes de los asegurados en la junta directiva vayan a escoger al director general como producto de una amplia consulta entre los representados de sus respectivas agrupaciones. A lo sumo, algunos siguen las directrices de sus propias cúpulas, pero la consulta democrática ni siguiera se insinúa.

Pero este proceder de los miembros de la junta directiva no se limita al escogimiento de la terna, sino que se extiende a todas las decisiones. La conducta de los directivos es discrecional. La consulta a las bases no existe. Esto nos indica que la CSS, una institución que maneja un presupuesto mayor de mil millones de dólares al año, es manejada por un director general y once individuos, de los cuales, al menos seis (se excluye a los representantes del Gobierno y a los empresarios), no mantienen ningún tipo de vínculo con sus representados.

Cualquier asegurado que lea este artículo me dará la razón porque no se siente representado en la junta directiva de su institución. Es más, numerosos grupos importantes de asegurados no tienen siguiera representación en el máximo organismo administrativo de la CSS. Esta práctica excluyente debe ceder su puesto a una genuina participación de la población asegurada en la toma de decisiones. La marginación de la población asegurada en las decisiones ha dado cabida a la implementación, en algunos países, de las nefastas medidas privatizadoras que han vulnerado sensiblemente a los trabajadores.

He leído los informes anuales que presenta el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. Nos ofrece cifras desgarradoras de la situación social y económica de muchos países. También señala la falta de participación de la gente. Es por ello que me atrevo a recomendar a los directivos del PNUD, que le den un nuevo enfoque al diálogo que han propuesto y que ya empezó: ¿Cómo va a participar la población asegurada en la toma de decisiones? ¿Cuál es la mecánica para que la población asegurada se organice para defender sus propios intereses? Una vez logrado esto, que sean los asegurados los que escojan los modelos más apropiados.

Sugiero, igualmente, que la participación de los asegurados debe incorporarse a la Ley Orgánica de la CSS. En la misma se debe determinar las organizaciones que deben tener representación en la junta directiva; que sus representantes deben ser escogidos por votación directa entre los integrantes de su organización y, sobre todo, debe establecerse un mecanismo de consulta permanente, de manera tal, que lo discutido y aprobado en la CSS responda de verdad a la decisión mayoritaria. Estimular la organización de los asegurados debe ser el primer mandamiento del credo democrático, sin la cual todo diálogo será vacío y peligroso porque seguirá alentando los vientos privatizadores.

El autor es médico


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