El café en la mira de la crisis
La tremenda complejidad de la crisis que ha comenzado a azotar a las regiones cafetaleras reclama soluciones de emergencia
Carlos Iván Zúñiga Guardia
Recientemente el Gobierno y la oposición, seguramente sin el ánimo de sacar algún provecho electoral, dieron un apreciable paliativo económico a las fuerzas productoras del país. Al sector cafetalero que suma alrededor de ocho mil productores, le otorgaron un préstamo pagadero dentro de siete años, a bajos intereses y con dos años de gracia. La medida bancaria se explica porque en los dos últimos años la cosecha de café se vio afectada por el mal tiempo y por los precios bajos en el mercado internacional.
En Panamá se producen alrededor de doscientos cincuenta mil quintales de café y de esa actividad agrícola unas treinta mil personas, o tal vez más, derivan parte de su sustento. Solo en la época de la cosecha, antes de la actual crisis, los cosecheros del grano, en su mayor parte pertenecientes a la población indígena, percibían en concepto de salario un poco más de seis millones de balboas. Se trata de una suma apreciable destinada al renglón de la zafra que transcurre entre los meses de setiembre a febrero, según la región productiva. Lo devengado por esa población laboral sirve en alguna medida para financiar muchas actividades de subsistencia en el resto del año en las zonas indígenas.
En la cosecha pasada —del 2000 al 2001— el productor vendió su grano de altura a B/50.00 el quintal, de los cuales B/20.00 fueron destinados, como término medio, al pago del cosechero. El precio de B/50.00 por quintal de café de altura estuvo determinado exclusivamente por el mercado internacional que lo tenía fijado en B/75.00 el quintal. En la cosecha del presente año, la correspondiente del 2001 al 2002, los precios en el mercado internacional tienden a la baja y a estancarse en la suma de B/50.00 el quintal. Lo que significa, siguiendo la pauta de los porcentajes usuales, que este año el productor de café de altura recibirá por su producto entre B/30.00 y B/40.00 por quintal cosechado. Si el costo de producción de un quintal es mayor de B/60.00 (algunos caficultores que desarrollan su cultivo con tecnología media fijan el costo por quintal en la suma de B/93.00), es absolutamente cierto que el negocio del café vive la crisis más espectacular y dramática de los últimos cien años.
Si la crisis perdura y todo parece indicar que tiende a agravarse, las regiones productoras de café de Panamá se enfrentarán a dilemas muy graves. Uno de ellos podría obligar a los propietarios de fincas a venderlas para hacerle frente a sus obligaciones o necesidades. En Boquete hoy, muchísimos finqueros tienen sus tierras en venta y se están haciendo transacciones de compra y venta a precios altos, creándose una especie de especulación en el valor de la tierra; otra alternativa sería convertir las fincas en negocios para el turismo y la solución inmediata, la que está más cerca de lo que sabe hacer el productor, es dedicarla a otros cultivos “de pan llevar” o de hortalizas.
Lo paradójico en la crisis del café es que no ha sido producida por la globalización, pero las medidas que se podrían tomar para superar la crisis contravienen las recetas del libre mercado. La primera medida que se debería tomar es prohibir la importación de toda clase de café, o la de fijar aranceles altos, destinados a la protección del café nacional. El día que los torrefactores panameños se dediquen a importar, por ejemplo, café procedente de Vietnam, la producción nacional recibiría un golpe de gracia; o sea, el mismo golpe que han recibido o que están recibiendo otros renglones de la producción agropecuaria.
La segunda medida de emergencia sería fijar un precio sostén para el café de altura, el que se produce en fincas situadas a más de mil 300 metros de altitud. Este precio sostén debería responder a un gran consenso atendiendo los intereses del productor, del torrefactor y del consumidor. Desde luego, ese precio sostén tomaría en cuenta dos factores esenciales: el precio que se fija para el mercado nacional y el precio fijado en el mercado internacional. Tengo entendido que el consumo nacional —salvo corrección de la estadísticas—, oscila entre el 50% y el 60% de la producción total del país y si el torrefactor pagó al productor en la última cosecha B/50.00 por quintal de café de altura y pagará este año un precio más bajo o inferior, aun cuando el consumidor sigue comprando su café de cada día a un precio alto y fijado en los días de bonanza, quiere decir que en esto de los precios existe una pieza desajustada que no la puede ajustar la libre oferta y demanda, sino el Estado.
Se puede ensayar un ejercicio aritmético simple con pequeño margen de error, así: si cada quintal de café de altura en grano produce, según la calidad, 80 u 85 libras de café en polvo y si el consumidor compra ese café en polvo, de altura, a B2.81, o a B/2.95 o hasta a B/4.00 la libra, significa que el consumidor paga mínimamente, libra a libra, la suma de B/224.40 el quintal y por ese detalle me parece del todo justo y necesario que el Estado incorpore un factor de equidad en el precio y mercado del café y vele objetivamente por los intereses de los tres protagonistas: productor, torrefactor y consumidor, dentro de un espíritu de consenso. Bastaría con brindar soluciones razonables y rectificadoras.
A pesar de todo, en las tierras altas de Chiriquí existen duras realidades y espléndidas expectativas. Se dice ahora que esas tierras ocupan el cuarto lugar de atracción turística en América. Esta distinción ha hecho posible que estos parajes tan hermosos sean visitados incesantemente por turistas. Muchísimos extranjeros se están instalando, v.g. en Boquete y todos deben ser bienvenidos. Pero lo preocupante es la exaltación de las bondades turísticas y paradisiacas de la región coincida con la crisis de la agricultura, lo que podría obligar a los dueños tradicionales a enajenar sus bienes como viene ocurriendo, con muy buena paga, para poder subsistir, para cumplir con sus obligaciones o para dedicarse a otras actividades realmente lucrativas.
La tremenda complejidad de la crisis que ha comenzado a azotar a las regiones cafetaleras reclama soluciones de emergencia, bien para superar los tropiezos de los precios o para establecer institucionalmente las bases de una nueva estructura socio-económica, fundadas en el ecoturismo y en la inversión extranjera, pero sin desplazar de esas bases la piedra humana raizal. Ella debe ser una pieza importante en la recuperación y desarrollo de la región.
El autor fue rector de la Universidad de Panamá
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