Cielos envenenados
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Debido a la presencia en la atmósfera de dióxido de carbono (CO²) y de cloro en los océanos, por lo general, toda lluvia es ligeramente ácida. Sin embargo, cuando su nivel de PH es inferior a 5 puede ser clasificada como lluvia ácida, una forma de precipitación que es potencialmente perjudicial para toda clase de vida sobre el planeta, y que desde la Revolución Industrial, se da cada vez con mayor frecuencia.
De acuerdo con el sitio www.ask.com,
los científicos han identificado las emisiones provenientes de los
combustibles fósiles como la causa primordial de la lluvia ácida.
Los químicos responsables por la formación de este tipo de precipitación
nociva son el dióxido de azufre (SO²) y el óxido de nitrógeno (NOx).
Usualmente, la lluvia ácida se forma en las capas altas de las nubes, en donde el SO² y el NOx reacciona junto al agua, el oxígeno y los oxidantes. Esta mezcla forma una solución de ácido sulfúrico y nítrico, cuya reacción es ignitada por la acción de la luz solar. La solución derivada se precipita a la Tierra contenida en el agua, la nieve, la neblina, etc.
A nivel mundial, las principales fuentes de SO² son las emisiones provenientes de las plantas de energía, mientras que los gases expulsados por los vehículos terrestres son primordialmente responsables por la presencia de NOx en la atmósfera.
En el reino vegetal, los árboles que presentan la mayor suceptibilidad a la lluvia ácida son las coníferas, cuyas hojas y semillas pueden verse severamente afectadas. El ácido también se disuelve en nutrientes como el calcio y el potasio, los cuales son vitales para la sobrevivencia de este tipo de árboles. Esto sin mencionar el debilitamiento del tronco como consecuencia de la acción del ácido.
Asimismo, el nivel de PH de lagos y ríos puede aumentar hasta el punto de ocasionar la muerte de especies de peces y de algas.
Aunque los efectos en los seres humanos se han visto afectados por los efectos sobre las plantas y animales, en realidad este tipo de lluvia pude ser igualmente mortal para las personas, ya que puede disolver metales que se encuentran enterrados en el subsuelo, contaminando así las fuentes de agua potable.
En lo que a los monumentos se refiere, la situación es también crítica, ya que el ácido puede disolver el carbonato de calcio presente en materiales como la arcilla y el mármol, formando así cristales en el interior de la piedra. A medida que estos cristales crecen, se forman rajaduras que pueden culminar en el colapso de la estructura.
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