Panamá, 24 de agosto de 2001
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¿Hay lluvia ácida en Panamá?

En el mes de mayo del próximo año el IEA estará implementando un estudio para determinar si en la capital se da o no el fenómeno conocido como la “lluvia ácida”

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

Aunque usualmente los problemas derivadas de la elevada concentración de gases contaminantes en la atmósfera, como el smog y la lluvia ácida, por ejemplo, son asociados con las potencias industriales del hemisferio norte, esto no quiere decir que los países tercermundistas sean menos susceptibles a este tipo de fenómenos.

En Panamá, la lluvia vertida por nuestros cielos, todavía relativamente limpios, posee un ph o nivel de acidez de 5.5, lo que se sitúa dentro de los parámetros normales.

No obstante, mediciones realizadas este año por el Instituto Especializado de Análisis (IEA) han encontrado niveles de ph lo suficientemente bajos en dos áreas de la periferia metropolitana, como para que los científicos de este centro hayan considerado seriamente la posibilidad de que en nuestros cielos ya se esté generando la infame lluvia ácida, la cual azota naciones como Estados Unidos, Canadá, Japón y Alemania, entre otras.

Episodios esporádicos

A pesar de que estos datos a priori pueden parecer alarmantes, Vasco Duke Hernández, subdirector del IEA, advierte que estos niveles elevados de acidez en la lluvia se limitan a dos sectores específicos de la capital: el distrito de San Miguelito y el área del Centro Comercial El Dorado.

Aparte del IEA, en esta investigación también participó Silvano Vergara, director nacional de evaluación y ordenamiento ambiental de la Autoridad Nacional del Medio Ambiente (ANAM), quien afirmó que este es un estudio preliminar destinado a recopilar datos que justificarán investigaciones posteriores.

Con la finalidad de establecer la frecuencia de estos “episodios de lluvia ácida”, Hernández prevee que a partir del mes de mayo de 2002 el IEA sitúe diversas estaciones de medición de ph en cinco o siete puntos representativos de la ciudad de Panamá.

“Si decidimos expandir el área de estudio a otras zonas, es porque creemos que los resultados que obtendremos podrían ser de consideración”, indicó el subdirector.

Hernández especula que si se comprueba que el fenómeno de la lluvia ácida se da regularmente en la capital, esto podría explicar la causa del acelerado deterioro de muchos monumentos, como el caso de la centenaria Torre de Panamá Viejo, la cual actualmente es objeto de trabajos de consolidación y restauración de su estructura debilitada, entre otras causas, por la acción de gases carbónicos y otros agentes contaminantes.

Asimismo, los estudios proyectados por el IEA resultan de suma importancia para los ambientalistas, ya que podrían determinar si los niveles de ph de las precipitaciones pluviales son lo suficientemente bajos como que la vida animal y vegetal se vea afectada.

El aumento de la acidez en la lluvia, en el caso específico de Panamá, podría ser causado por el alarmante incremento en las emisiones vehiculares que se ha venido dando en los últimos años, y que tiene su origen en los 225 mil automóviles que a diario circulan por las vías de acceso de la capital.

Según Hernández, la lluvia ácida es producto de la concentración en la atmósfera de dos gases específicos: el bióxido de azufre (SO²) y el óxido de nitrógeno (NOx). Como explica el subdirector, cuando estos dos contaminantes se mezclan con el agua pueden, bajo condiciones especiales, generar ácido sulfúrico y nítrico, que son los que conforman la lluvia ácida.

Los últimos informes del IEA revelan que la concentración de NOx en nuestra atmósfera está por encima de los 40 microgramos por metro cúbico, que es el límite máximo permitido. En cuanto al bióxido de azufre, los datos que se tienen actualmente no son concluyentes, pero Hernández no descarta la posibilidad de que los niveles superen los valores recomendados.

A pesar del aumento de la concentración de agentes nocivos para la salud, como es el caso del plomo, por ejemplo, Hernández contradice las opiniones difundidas por algunos políticos y organismos extranjeros que aseguran que el aire en Panamá está viciado. “Nuestro aire está mejor que el de muchas ciudades de los países del primer mundo, e incluso de la región”, aseguró.

Si es verdad que se han registrado alarmantes índices de contaminación, Hernández asegura que la misma se concentran en zonas muy específicas, como son las calles y avenidas con gran afluencia de vehículos.

El subdirector espera que para el próximo año, con la implementación de la Ley 36 del 17 de mayo de 1996 , la calidad del aire mejore en forma considerable. La concentración actual de plomo en la atmósfera es de 0.7 microgramos por metro cúbico, siendo el límite máximo de 0.5 microgramos por metro cúbico.


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