Panamá, 24 de agosto de 2001
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CSS, galgos y podencos

El tiempo se nos acaba para salvar a la Caja del Seguro Social de una crisis que aún podemos evitar, si todos ponemos algo de nuestra parte

Juan Planells

No entiendo la estrategia de los que se oponen a que el tema de la privatización sea discutido en el diálogo sobre el futuro de la Caja de Seguro Social. Nunca ha sido mejor el momento político para que la mayoría descarte esta alternativa por convicción. Por una parte el déficit en el Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte es tan grande que no existe el dinero para traspasar el programa a manos privadas. En otros países latinoamericanos, este déficit estaba calculado en moneda local que había sido devaluada a través del tiempo, lo que sin duda facilitó el proceso; pero aquí no hay manera de reunir los 7 mil millones de dólares que exigiría vender el programa completo al sector privado.

Por la otra, en lo que se refiere al Fondo de Enfermedad y Maternidad, la experiencia con las privatizaciones de servicios públicos ha sido tan traumática para los panameños, que a nadie medianamente inteligente se le ocurre defender esta posición frente a los ejemplos del servicio de energía eléctrica caro y malo que ha resultado de un proceso de privatización mal programado y peor ejecutado. Los diseñadores del programa buscaban en su momento recaudar la mayor cantidad de dinero posible por la compra del IRHE y del INTEL, y para ello hicieron concesiones sobre la extensión del monopolio, así como de posibles aumentos de tarifa que han dejando a los consumidores maldiciendo el momento en que apoyaron la medida.

Sin embargo, tampoco entiendo a los representantes de algunos grupos empresariales que, ante la oposición de una parte de los asistentes al dialogo a que este tema sea discutido, han decidido dejar al resto de la concurrencia con la palabra en la boca, abandonando la oportunidad que se les brinda de ganar respaldo para sus valiosos argumentos.

Definitivamente parece que habrá que escoger mejor a los representantes de nuestros grupos a favor y en contra de que sea discutido el tema de la privatización, porque las muestras que tenemos nos indican que aun no están preparados para el intercambio de ideas, entre los que dicen tener como finalidad común la defensa de la principal institución social panameña.

Es lamentable que a estas alturas de la historia, cuando los fanáticos de las posiciones ideológicas más extremas en otras latitudes se sientan a resolver sus diferencias en la mesa de negociación, nosotros, de una manera o de otra, nos negamos la posibilidad de aplicar este instrumento en Panamá.

De no cambiar de actitud, nos puede pasar lo que a los conejos de la fábula de Iriarte que, mientras que discutían si los ladridos que escuchaban eran de galgos o de podencos, llegaron los perros y se los comieron. El tiempo se nos acaba para salvar a la Caja de Seguro Social de una crisis que aún podemos evitar, si todos ponemos algo de nuestra parte.

El autor es miembro de la Fundación del Trabajo

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