Casi
un simulacro
El
simulacro tuvo como propósito demostrar eficacia, pero fue
insuficiente, debido a que los equipos de los bomberos aeronáuticos
no han sido reemplazados ni reparados
ABDIEL ZARATE
azarate@prensa.com
El simulacro
de accidente aéreo realizado por el Servicio de Extinción
de Incendios (SEI) del aeropuerto internacional de Tocumen, demostró
que hace falta renovar equipos, más entrenamiento y capacitación
para los bomberos aeronáuticos.
El ejercicio,
denominado Eco 2001, dejó más preocupación
que tranquilidad, porque no se hizo correctamente como lo establece
la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).
Otro aspecto
importante es que con esta práctica se corrobora el estudio
presentado por el ingeniero y bombero aeronáutico certificado
por la Administración Federal de Aviación de Estados
Unidos (FAA), Roberto Carrillo, quien fue tildado de ignorante por
el director de Aeronáutica Civil, Jorge Rodríguez,
el pasado 13 de junio del 2001.
La razón
fue por haber presentado un informe el 31 de julio del 2000, a solicitud
de algunos jefes de departamento de la Dirección de Aeronáutica
Civil (DAC), en donde informaba sobre las deficientes condiciones
del SEI de los aeropuertos de Tocumen y Albrook, el cual fue publicado
por La Prensa el 11 y 12 de junio del 2001.
El estudio
El uniforme
de los bomberos aeronáuticos mostraba deterioro, la comunicación
no fue efectiva y los cuatro viejos carros bombas estaban maquillados
de verde.
Estas deficiencias,
entre otras, fueron detectadas por Carrillo en los aeropuertos de
Tocumen y Albrook, y las dio a conocer a Rodríguez. Sin embargo,
no se hizo nada, lo que lleva a preguntar: ¿cuáles
serían las consecuencias de haber habido un accidente aéreo?
Carrillo, en
su informe denominado Diagnóstico relacionado al departamento
de salvamento y extinción de incendios, daba a conocer
que debido al descuido y abandono de las diferentes administraciones
en los últimos 10 años, entre otras cosas, los carros
bomba tienen salida lenta, problemas de arranque, fuga de aire y
aceite hidráulico.
El vehículo
con agente complementario tiene problemas de arranque, luces
de emergencia quebradas y no giran.
Los tanques
de concentrado de espuma AFFF al 6%, que sirven en la extinción,
no tienen un sistema apropiado para el relleno de los vehículos
con este agente, lo que pone fuera de servicio al aeropuerto y causa
un atraso.
Según
el estudio, las radios de comunicación ni reciben ni transmiten,
lo cual es grave. El sistema de gritos y ademanes no es apropiado
al efectuar un rescate, porque no brinda seguridad ni control
del incidente.
En cuanto a
la indumentaria para el combate de incendio y rescate, se
cuenta con cuatro equipos nuevos repartidos en los vehículos.
La indumentaria para fuegos estructurales está deteriorada,
al igual que el equipo aluminizado. El resto de los uniformes se
encuentra totalmente deteriorado y es de uso colectivo.
La maniobra
En un accidente
de aviación, la responsabilidad del SEI es salvaguardar la
vida de los pasajeros, a través del control y extinción
del incendio y hacer la evacuación en condiciones seguras.
La práctica
debió ser en avión, como se acostumbra en otros lugares,
para hacerlo lo más real posible. No obstante, el espectáculo
se dio dentro de un viejo y destartalado bus, donde había
unas 50 personas; algunas atrapadas y otras tantas yacían
en el suelo, muy distantes del vehículo que estaba rodeado
de llantas.
A las llantas
se les regó querosén y se les tiró un fósforo.
Al instante hubo fuego y una columna de humo se elevó.
La alerta tres
se había dado en el aeropuerto internacional de Tocumen.
El trabajo era para los bomberos aeronáuticos de la DAC.
Los bomberos
se aproximaron en cuatro viejos carros bomba: tres de espuma y uno
de polvo químico.
Al llegar a
la escena, a una distancia prudente, se suponía que el carro
de espuma debía disparar hacia el bus, pero lo hizo hacia
el aire.
El sistema de
comunicación no fue efectivo. Había gritería
entre los bomberos: traigan la camilla acá hay una
mujer embarazada. Esta aseveración fue aceptada por
el propio jefe del departamento de salvamento y extinción
de incendios del aeropuerto de Tocumen, Ricauter Devutto.
Las otras instituciones,
como el Cuerpo de Bomberos de Panamá, Cruz Roja, Grupo 911,
Caja de Seguro Social, Servicio Aéreo Nacional, Policía
Nacional y el Sistema Nacional de Protección Civil, hicieron
su trabajo dentro de sus posibilidades.
No obstante,
a pesar de la falta de apoyo de parte de las autoridades, el SEI
hizo los tres minutos reglamentarios requeridos para controlar un
incendio provocado por un accidente aéreo.
Lo que queda
en duda es, ¿qué hubiera sucedido si el trabajo hubiese
sido con 100 personas en vez de 40 y con un avión en vez
de un bus viejo?
La operación,
que duró aproximadamente unos 45 minutos, debió iniciarse
a las 12:30 p.m. Sin embargo, empezó a las 12:45. A las 12:53
sacaron a la primera víctima de la aeronave y
la última fue socorrida a las 12:57 p.m.
¿Cómo
debió ser?
Las mayores
posibilidades de que ocurra un accidente aéreo están
en el despegue o en el aterrizaje de la nave, porque son momentos
críticos.
El objetivo
principal del simulacro es verificar la eficacia del plan de urgencia
del aeropuerto, la ejecución de los procedimientos de actuación
de los servicios internos de la terminal aérea y la intervención
de los servicios de apoyo externo.
El plan de simulacro
debe hacerse con un año de anticipación, el cual debe
ser aprobado por el director del aeropuerto y por el jefe de operaciones
de la terminal aérea.
Pero debido
a las fallas o deficiencias detectadas el pasado 11 de agosto, una
fuente bien documentada sobre materia aeronáutica considera
que no existía un plan de coordinación, de acuerdo
al plan de urgencia del aeropuerto, que debe seguir los lineamientos
de la OACI.
Según
documentos directrices de la OACI, las prácticas de simulacro
de urgencia deben ser dos: la estática o de mesa y la de
campo.
En el campo,
según la fuente, debió utilizarse un avión,
para hacer la maniobra lo más real posible.
Según
la OACI, en caso de accidente, el fuego se propaga muy rápido
y el exterior de la nave alcanza elevadas temperaturas, lo cual
pone en peligro la supervivencia de las personas, cuyo margen de
tiempo ha sido estimado de unos dos minutos, siempre que el fuselaje
se encuentre más o menos intacto.
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