
Un
problema conocido por todos
Ya se ha vuelto
muy común escuchar toda una serie de comentarios, en su mayoría
hirientes, cada vez que nuestro seleccionado mayor de fútbol
queda eliminado de un torneo internacional, como nos pasó
el domingo ante Cuba, para la Copa de Oro, en el que cada quien
encontró al culpable del descalabro.
Algunos hablan
de que el técnico no sirve; otros, que los jugadores no sienten
amor por la casaca nacional; también se dice que la dirigencia
de la federación es la única culpable, y hasta por
allí hay gente que le achaca la culpa a los periodistas.
Cada quien dice su parte.
Es el mismo
cuento de nunca acabar. Todos sacando provecho del árbol
caído. Unos para bien y otros para mal.
Entre las críticas
algunos tienen un espacio para las soluciones y es allí en
donde todos coinciden cuando afirman que el futuro del fútbol
está en el desarrollo científico de las bases.
En Panamá
todos saben que en las bases está el porvenir de este deporte.
No se necesita
ser futbolista, ni dirigente ni mucho menos periodista para darse
cuenta. Hasta el más ignorante en materia de fútbol
conoce que este deporte no está cimentado en las bases; que
falta desarrollar el semillero desde cuando el jugador es niño
para ir educándolo progresivamente hasta que llegue a la
edad adulta.
Es que el fútbol
es un deporte que no se aprende de la noche a la mañana.
Al futbolista
hay que hacerlo. Son raras las excepciones con aquellas luminarias
que nacieron para ser grandes, pero no aquí en Panamá,
sino en aquellos países futbolizados que desarrollan este
deporte desde muy temprana edad.
Aquí,
por ejemplo, al mismo Gary Stempel durante su dirección en
las selecciones juveniles le tocó primero enseñarle
a algunos jugadores cómo se paraba un balón o cómo
se patea, lecciones que se supone todo jugador tiene que aprender
en una escuelita.
Todos sabemos
que allí está el talón de Aquiles del fútbol
panameño. El domingo, por ejemplo, ante Cuba, vimos a un
grupo de jugadores desmotivados, faltos de espíritu para
luchar y buscar la clasificación. Eran jugadores sin esa
garra futbolística que se aprende o se le inculca al niño
desde que hace sus pininos.
Ni Stoichita
ni Bilardo ni el más respetado entrenador del planeta podía
ganarle el domingo a Cuba con un equipo como el que presentó
Panamá en La Habana.
Este va a seguir
siendo el problema eterno del fútbol panameño, mientras
no se tenga una estructura sólida. Ya una vez lo escribí
en este mismo espacio, que no esperáramos que Stoichita fuera
nuestro salvador. El hizo un buen trabajo en la Copa de Naciones,
pero allá contó con los hermanos Dely Valdés,
a quienes muchos criticaron y que hoy está demostrado que
por el momento no tienen reemplazos.
Entre la dirigencia
de la federación hubo dos errores grandísimos en esta
última parte del repechaje, como el hacer entrenar dos meses
al seleccionado en el Estadio Nacional, para luego jugar en el peladero
del Rommel Fernández el partido contra Cuba. Asimismo, el
no haber hecho todos los esfuerzos para haber jugado el primer partido
contra Cuba en La Habana, y el segundo en Panamá.
El problema
de nuestro fútbol no lo va a solucionar una victoria sobre
Honduras o Costa Rica. Lo que aquí falta es una verdadera
estructura con una dirigencia seria, de lo contrario vamos a seguir
trillando con el bendito tema de las bases. Ese es el principal
problema que tiene el fútbol. Todos aquí lo conocemos
Campo
Elías Estrada
cestrada@prensa.com
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