Panamá, 21 de agosto de 2001
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Preparan nueva exploración de Marte

La gran ventaja de un balón gigante para explorar la superficie de Marte es su poco peso y las grandes distancias que podría recorrer sin obstáculos impulsado por el viento sobre la superficie del planeta rojo, en el que podría buscar agua o trazar mapas

Juan R. Romero
De EFE

WASHINGTON, EU. –Sin tener muy claro si se trata de una idea de genios o de locos, unos científicos del Jet Propulsion Laboratory de la NASA pretenden explorar Marte con un balón de fútbol gigante.

Ni motores ni cohetes propulsores ni complicados mecanismos. La brisa suave de Marte, que puede alcanzar hasta 70 kilómetros por hora, empujaría este artilugio explorador lo mismo que la brisa del mar empuja un balón de playa.

“Una bola así (de unos 6 metros de diámetro) sube escalones, asciende dunas de arena, sortea rocas. Nada la para”, afirma Jack Jones, del laboratorio JPL de la NASA, quien ya ha realizado pruebas con éxito en el desierto de Mojave en California.

La gran ventaja de un balón gigante para explorar la superficie de Marte es su poco peso y las grandes distancias que podría recorrer sin obstáculos impulsado por el viento sobre la superficie del planeta rojo, en el que podría buscar agua o trazar mapas.

La nave Viking que se posó en Marte en 1977, pesaba cientos de kilos y el mismo problema tuvo 20 años después, en 1997, el Pathfinder, pero el balón no pesaría más de 40 kilos, incluido un radar detector y todos sus instrumentos.

El peso es una de las claves de la exploración espacial, porque poner en órbita un explorador que pesa cientos de kilos obliga a quemar millones de litros de combustible en el cohete que lo transporta.

Lo han llamado Tumbleweed, algo así como “matojo rodante”, en recuerdo de los arbustos que el viento hace correr en forma de bola por las tierras desérticas del oeste de Estados Unidos.

Los diseños realizados hasta ahora incluyen uno con forma de balón de fútbol, con los pentágonos del esférico dibujados, y varios más del estilo de balones de playa, en colores vivos y materiales ligeros pero resistentes.

“Esto es todavía un trabajo preliminar”, ha señalado Jack Jones, quien trabaja en el Inflatable Rover Program para desarrollar el explorador hinchable.

La idea de utilizar este sistema vino, como ocurre muchas veces en la ciencia, por casualidad.

Jones, el ingeniero Sam Kim, el diseñador Jay Wu y el técnico Tim Connors probaban un artilugio con tres ruedas esféricas en las dunas Dumont del Desierto de Mojave y aquel estrafalario explorador se paraba en cada obstáculo o inclinación que encontraba.

Marte, como pudo verse en las imágenes del robot Sojourner, está repleto de cantos rodados, rocas, colinas escarpadas y accidentes del terreno.

Pero cuando desmontaron el artilugio de tres ruedas circulares, una de ellas comenzó a moverse impulsada por el viento y obligó a todo el equipo a correr detrás de ella durante casi medio kilómetro en un terreno escabroso.

“Aquello volaba”, recuerda Jones, que cree que la experiencia sirvió para “plantar la semilla” del proyecto que ahora están desarrollando.

Aún tardarán años hasta que puedan desarrollarlo completamente, pero creen que van en la dirección correcta.

Un sencillo mecanismo permite que el balón se pare a voluntad de sus diseñadores, simplemente desinflando ligeramente la cámara interior, con lo que adquiere una amplia superficie plana que le da estabilidad.

Esto podría permitir en el futuro que el dispositivo se detenga para efectuar exploraciones más precisas en un lugar concreto.

El laboratorio en el que desarrollan este y otros artilugios, dentro del JPL de la NASA, en Pasadena, California, recuerda más a una guardería infantil repleta de globos de colores que a un lugar de experimentación.

Pero también el Meddia Laboratory del Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Cambridge, está repleto de piezas de juegos infantiles Lego de colores y los avances que logra son espectaculares.

Para finales de este mes tienen previsto realizar nuevas pruebas en el desierto y están diseñando un radar que tenga capacidad para buscar agua bajo la superficie.

Ya han ideado una forma para que la maquinaria interior, dispuesta de una forma determinada, puede proporcionar al balón un eje preferente de giro.

Afortunadamente, aún no se ha descubierto vida en Marte, porque es difícil prever qué reacción pudiera tener un ser inteligente que viera aparecer un balón de fútbol de seis metros procedente de otros mundos.


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