Panamá, 21 de agosto de 2001
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En el ojo del huracán

Las sanciones se han dado en forma individual, mientras el Ministerio de Salud se lava las manos imitando a Pilato

David Méndez Dutary

Verdaderamente mientras más se vive, mayores son las posibilidades de contemplar situaciones difíciles de creer o imaginar; pero al final, son experiencias que para bien o mal, dejan enseñanzas que van a ser útiles en el andar diario.

En la antigua Roma, los corruptos gobernantes del Imperio utilizaban las instalaciones del famoso Coliseo para organizar espectáculos públicos en donde mataban dos pájaros de un sólo tiro: entretenían a las masas para hacerlos olvidar —por lo menos temporalmente— sus descontentos y frustraciones, y a la vez se deshacían de cualquiera secta o grupo gremial que pudiera poner en peligro la estabilidad del corrupto régimen. Así cayeron cientos de cristianos devorados por los leones, así como opositores políticos caídos en desgracia por algún batracio romano de la época. ¿Ya vio Gladiador?

En las últimas semanas, los médicos han sido lanzados en el famoso Coliseo Romano una vez más por el gobierno de turno. No es nada nuevo, pues durante la dictadura militar, la persecución llego a niveles de secuestro de dirigentes gremiales, destitución de algunos y por supuesto, desprestigio de la profesión. Sin embargo, junto a una Cruzada Civilista y el pueblo panameño pensante, el médico ha dejado una huella de lucha cívica abnegada, en el momento en que la sangre de humildes compatriotas se vertía en las calles de nuestro Panamá por las tropas norteamericanas. Quienes estuvieron en los hospitales podrán recordar rostros de médicos que por varios días sin dormir, ni regresar a sus hogares, se fajaban en una lucha cruenta con la muerte. Nunca se ha publicado esta historia. No es costumbre del galeno darse golpes en el pecho para justificarse.

El terrible y lamentable accidente del Hospital Oncológico es llevado a la escena circense; a los periodistas se les hace agua el poder contar la historia; los abogados en espera, como aves de presa, se pasean en las faldas del Cerro Ancón para ver a quién devorar. El público pide la cabeza del prestigioso director del Hospital con el pulgar derecho hacia abajo (del derecho romano). El César ha dictado sentencia.

Las sanciones son dadas en forma individual y son adjudicadas las responsabilidades; mientras, el Ministerio se lava las manos imitando a Pilato y adviertiendo que puede darse la ilegal decisión de contratar médicos extranjeros (aún cuando sabemos que nadie puede ejercer la medicina en nuestro país sin haber hecho los dos años de internado). Barrabás está libre y policías cantantes se pasean buscando donde sacar provecho.

En el segundo acto, amanece un lluvioso día con la noticia de que no se pueden pagar los turnos extras de especialistas del interior. A pesar de que el médico es el profesional de mayor tiempo de preparación y entrenamiento, con un gran riesgo legal en su práctica, así como víctima de demandas que no son amparadas por las instituciones del Estado. Se desea que el trabajo sea donado en pro de un supuesto apostolado mal comprendido. Su salario no representa ni el 20% de lo que gana un legislador (¿será por esto que habrá tantos legisladores médicos?).

No es buen momento para negociar un aumento salarial, las autoridades lo saben y ofrecen una injusta oferta a los ya algo desprestigiados dirigentes gremiales; total, algunos programas de la CSS pueden venirse abajo dicen, con los cinco reales que quieren de aumento.

Como tercer acto, aparece la vieja figura del cumplimiento de horarios, talón de Aquiles de milenarias historias. La última historia me hace recordar el numero 99 (no 666), la cual desconocía los acuerdos de huelga logrados entre grupos gremiales y administrativos. Poco duró su entusiasmo. Las huestes de inspectores romanos invaden los santuarios, lista en mano, desconociendo las responsabilidades múltiples de algunos funcionarios ausentes en el momento buscado, pero sancionando indiscriminadamente, que es el verdadero objetivo.

Mientras tanto, un viejo doberman se pasea por la República encontrando huesos humanos olvidados por la justicia. Por cada lugar que se pasea aparecen las escenas terribles de golpes y derramamiento de sangre inocente en Tocumen, Chiriquí, Quije, un pozo de agua y un árbol. Quién sabe qué otros sitios más podrían aparecer si el simpático y entrenado can permaneciera más tiempo en nuestras abusadas tierras. Las primeras planas y medallas son para Eagle, quien es el artista extranjero invitado al Circo Romano.

Estamos en el ojo del huracán, no hay duda; pues vientos tormentosos parecen querer destruir finalmente el poco prestigio que aún nos queda en la opinión pública. Pero, ¡cuidado! Hemos sido entrenados para pasar el temporal en momentos de tensión, en los salones de operaciones, en los cuartos de urgencia, en los cuidados intensivos, que son nuestros campos de batalla, en situaciones que ninguna otra profesión experimenta. La muerte misma ha sido nuestra enemiga, y muchas veces ha sido derrotada. Así, en la adversidad podría verse fortalecida, más que debilitada, nuestra solidariedad y autoestima profesional, que tanto estamos necesitando.

Solo nos alienta en el momento, el juramento dado, el amor por nuestra profesión y las palabras de los cientos de pacientes verdaderamente agradecidos que con una sonrisa se acercan cada día a decirnos simplemente, ¡gracias doctor!

El autor es médico


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Politiquería o política responsable: Pedro Ernesto Vargas