Panamá, 21 de agosto de 2001
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¿La revolución de Koizumi o el nuevo revisionismo japonés?

En momentos de severa crisis económica, la verdad histórica es la primera víctima

Saúl Maloul Zebede

Un escritor a quien le tengo un profundo respeto, dijo una vez que ningún evento había marcado más nuestro presente que la Segunda Guerra Mundial y el nuevo orden internacional que nació de él, producto del triunfo de las fuerzas aliadas. A pesar de que la Guerra Fría ha terminado, sigue siendo la secuela de ese gran evento (la Segunda Guerra Mundial), la que explica algunos acontecimientos internacionales que aún ocurren hoy día.

Por ejemplo, ¿por qué, desde la época del presidente Richard Nixon, Estados Unidos tomó la decisión estratégica de mejorar sustancialmente sus relaciones con China? ¿No ha pensado el lector que el expansionismo japonés durante la Segunda Guerra Mundial haya pesado en esta decisión norteamericana?

El 15 de agosto de 1945, Japón se rendía incondicionalmente a las tropas aliadas, luego de que sobre dos de sus ciudades se sintiese la furia de sendas bombas atómicas. ¿Pero, por qué Truman se decidió por esta salida para forzar la rendición japonesa? Quienes comentan seriamente este episodio de la guerra nos dicen que, a esas alturas de la misma, Japón ya se sabía vencido; y que, no obstante, el orgullo y la soberbia nipona los impulsaba a seguir peleando. Nos dicen también que producir la rendición del Japón por métodos convencionales les hubiera causado más bajas a los norteamericanos que aquellas que estos le infligieron a los japoneses soltando las bombas atómicas. Justificaciones morales aparte (no es lo mismo atacar poblaciones civiles que blancos militares), se trataba del mismo Japón que había forzado la entrada de Estados Unidos al conflicto armado, luego de su infame ataque a Pearl Harbor, en Hawaii, sin haber sido previamente atacados por ese país.

Pues bien, los cables internacionales de prensa dan cuenta de que en una obvia conmemoración de la rendición japonesa, su flamante nuevo primer ministro Junichiro Koizumi, días antes del 15 de agosto de este año (para paliar las condenas de China y de Corea del Sur), visitó el altar de Yasukuni. Este altar shintoista honra a los 2.5 millones de soldados japoneses muertos durante la Segunda Guerra Mundial, incluso criminales de guerra, juzgados y ejecutados después del conflicto, como el ex primer ministro Hideki Tojo.

Pero, si a Japón la Segunda Guerra Mundial le costó casi 3 millones de vidas humanas, a manos del expansionismo japonés murieron otras 20 millones de personas en el resto de Asia.

Es por eso que China dijo en un comunicado que la visita “daña las relaciones entre ambos países” y ofende los sentimientos del pueblo chino. Además, en un parque de Seúl, 20 coreanos se cortaron la punta de sus dedos meñiques en señal de protesta.

Pero, ¿quién es Junichiro Koizumi y qué mensajes nos ha enviado desde que asumió el poder en abril de este año, reemplazando a la vieja guardia del Partido Democrático Liberal ? Junichiro Koizumi ha dicho públicamente que su principal misión es la recuperación de la maltrecha economía nipona. En sus palabras: “La más alta prioridad que se me ha confiado es la de revitalizar la economía y establecer una sociedad llena de confianza y orgullo…”.

Y es precisamente la restauración del orgullo japonés lo que tiene preocupados, sobre todo, a China y a Corea del Sur. La visita al altar de Yasukuni, es solo la última manifestación de la tensión creciente entre estos Estados. Hace un mes, el gobierno de Corea del Sur acusó al de Japón de mantener un doble criterio al rechazar la revisión de textos de historia que han ofendido a sus vecinos asiáticos. Corea del Sur exigió a Tokio cambiar los textos escolares “en base a una genuina representación del pasado y de sus lecciones”. El gobierno de Japón contestó que los textos escolares no contenían “errores claros” en los relatos históricos.

Los críticos afirman que las obras “blanquean” los crímenes cometidos por Japón durante la ocupación de la península coreana entre 1910 y 1945. China y Corea del Sur también exigieron a Tokio que revisara 35 pasajes de los libros, porque no mencionaban a las 100,000 “mujeres de comfort”, es decir las esclavas sexuales al servicio de los soldados japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Seúl también objeta la justificación nipona de la ocupación de su territorio como “necesaria para la estabilidad”.

Como resultado de la disputa textual, Corea del Sur ha congelado sus relaciones con Japón. Incluso ha cancelado un ejercicio militar conjunto en junio y está reconsiderando los planes de ampliar la cooperación cultural, además de la suspensión de los planes de abrir el mercado coreano a productos japoneses. Y la disputa está llegando a donde todos se temían que llegaría. La organización conjunta del Mundial de Fútbol para el próximo año, que se veía como una oportunidad de acercamiento entre los dos países, ahora se ve seriamente empañada por la disputa textual.

No obstante, lo preocupante es lo que está sucediendo adentro del Japón. De todos es conocido que en momentos de severa crisis económica la verdad histórica es la primera víctima del “restablecimiento del maltrecho orgullo nacional” (suena mucho a fascismo, ¿no?). Sobre la visita al altar Yasukuni, el presidente del principal partido opositor del Japón, el Partido Democrático, dijo que “Yasukuni no es un lugar para la reconciliación (…) la intención de Koizumi envía señales diplomáticas equivocadas”. Y si no que le pregunten a los chinos y a los coreanos.

Sin embargo, casi el 50% de la población apoyó la decisión del primer ministro según las últimas encuestas.

El autor es abogado panameño


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