Cumplimiento, remuneración, negligencia e Hipócrates
Estoy de acuerdo en sancionar a los médicos irresponsables, porque constituyen una deshonra para la noble profesión
Xavier Sáez-Llorens
Cumplimiento. Los médicos estamos confundiendo la solidaridad con la complicidad y nos estamos echando la soga al cuello. Me parece bochornoso y penoso tratar de defender a galenos que no cumplen con su horario de trabajo. Las actuaciones de estos profesionales irresponsables, aupadas por declaraciones públicas lamentables de algunos dirigentes de asociaciones médicas, han ocasionado que la sociedad nos repudie nuevamente y pierda, aún más, la credibilidad y admiración por nuestra carrera. Lo peor es que paguen justos por pecadores. Yo les aseguro que también existe una significativa proporción de médicos abnegados, madrugadores y apegados a la nobleza de la profesión. Necesitamos recobrar el prestigio que otrora teníamos. Ojalá que las sanciones no solo sean ejecutadas por el Lic. Jované en las dependencias de la Seguridad Social, sino que también estas medidas se extrapolen a las instituciones médicas estatales.
Conviene aclarar al público, sin embargo, que estar ausente de su puesto no necesariamente significa falta de cumplimiento. Por ejemplo, cirujanos, anestesistas y sub-especialistas hacen turnos vespertinos, nocturnos y en fines de semana (entre 5 y 15 por mes, dependiendo de la cantidad de recurso humano disponible en cada institución). Estos turnos no son usualmente pagados y resulta injusto que atiendan llamadas o acudan al hospital en horas tardías y no tengan compensación en su horario diurno. Otro problema es que, en muchas ocasiones, el médico llega a las 7:00 a.m. y no puede empezar a laborar hasta 1 ó 2 horas después por retrasos en la búsqueda de expedientes o en la preparación de los salones quirúrgicos. Finalmente, yo no creo en horarios rígidos sino en cumplimiento de labores. En numerosos hospitales de Estados Unidos y Europa, los médicos tienen flexibilidad en su hora de entrada, pero cumplen a cabalidad con sus obligaciones diarias o terminan sus labores en horas posteriores al resto de los trabajadores.
Remuneración. El pago por turnos hospitalarios es una aspiración indudablemente justa. Es probable que el médico sea el único profesional panameño que no reciba emolumentos por trabajar horas extras. Y aunque no tenga necesariamente que acudir al hospital, éste debe permanecer disponible en las horas asignadas y no alejarse del perímetro institucional por cualquier eventualidad que acontezca. La medicina es una profesión extremadamente sacrificada. En términos generales, no es sino hasta aproximadamente los 40 años de edad cuando el galeno empieza a tener estabilidad laboral (aunque muchos tienen solo contratos parciales) y comienza a forjar cierta reserva bancaria que asegure el bienestar y futuro de su familia. La inmensa mayoría de los otros profesionales (abogados, arquitectos, ingenieros, empresarios, expertos en computadoras y ni hablar de los “benditos” políticos) usualmente adquiere estabilidad laboral y económica a edades más tempranas, probablemente con una menor cantidad de años de estudio y sin haber sacrificado los mejores momentos de su juventud por memorizar libros cuando el resto de los mortales duerme o agita su cuerpo en discotecas.
Negligencia. Esta palabra se ha usado recientemente, de forma errónea, para describir los desafortunados incidentes del Hospital Oncológico. Negligencia médica es un acto de comisión u omisión en el cuidado de pacientes que viole un estatuto o se oponga de manera franca a los dictados de las prácticas médicas aceptadas. Ninguno de los profesionales involucrados se negó a atender a los pacientes con cáncer o deliberadamente aplicó un tratamiento no recomendado ni trató de hacer daño. Los errores cometidos fueron por desconocimiento técnico involuntario, por ausencia de protocolos de manejo o por falta de controles de calidad. Lo que no me ha gustado de las sanciones es que éstas han recaído exclusivamente en subalternos. Me pregunto: ¿quiénes tienen la obligación de vigilar que las normas o protocolos en una entidad estatal se cumplan al pie de la letra y sean actualizados constantemente, o de adiestrar y capacitar al personal involucrado? ¿Será la dirección médica, será el patronato, será el Ministerio de Salud? ¿O es que imitaremos a Poncio Pilatos para no asumir la responsabilidad correspondiente?
Hipócrates. Fastidia que cada vez que los médicos hacen reclamaciones económicas justas o se desvían de un comportamiento excelso, salga a relucir la figura del considerado “padre de la medicina”. Si nos resignamos a creer fielmente en la historia, Hipócrates de Cos fue un médico griego (460-377 a.C.) cuyo principal logro fue escindir la medicina de las prácticas religiosas y la superstición. Se le atribuye, aunque con serias dudas, ser el fundador de una ética médica que posteriormente sirvió para postular el famoso “Juramento hipocrático”. Uno de los postulados de este manuscrito bizantino decía de forma abreviada: “tributaré a mi maestro de medicina el mismo respeto que a mis padres, partiendo con él mi fortuna; trataré a sus hijos como a mis hermanos y les enseñaré la ciencia de manera desinteresada y sin pedir recompensa”. Hay escritos que testifican que Hipócrates era un personaje muy acomodado de la antigüedad, con numerosas prebendas monárquicas y que no cobraba por enseñar a sus discípulos, pero sí obtenía trueques, favores y regalías al atender a los enfermos. Me atrevo a asegurar que si él hubiese tenido la mente saturada de preocupaciones y deudas, su apostolado hubiese sido muy frágil.
Otro enunciado decía: “no ejecutaré la castración, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla”; a cualquier médico que diga esto hoy se le acusaría de negligente, ya que no practica la injuria pero se calla si otros la hacen. Por último, otro postulado decía: “guardaré secreto de lo que oiga o vea en mi práctica médica y en la sociedad, que no sea preciso que se divulgue”; esto se podría interpretar, en la actualidad, como tapar errores flagrantes de sus amigos o colegas (más complicidad que ética). Afortunadamente este juramento fue ampliado, mejorado y adecentado en una nueva versión generada en la II asamblea general de la Asociación Médica Mundial que se celebró en 1948 en Ginebra.
Estoy de acuerdo en sancionar a los médicos irresponsables, porque ellos constituyen una deshonra para la noble profesión y un castigo a los que sí cumplen (sigo añorando la implementación de un colegio médico con un tribunal de honor impecable). Pero también resulta justo y necesario que las autoridades de Salud luchen por conseguir la remuneración adecuada y el pago de turnos, especialmente para los galenos que se ciñen a las obligaciones laborales. Aunque hemos recibido múltiples críticas recientemente, merecidas y no merecidas, les puedo asegurar que muchos médicos actuales exhiben cualidades más altruistas, éticas y humanitarias que las atribuidas al legendario Hipócrates de Cos.
El autor es pediatra
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en opinión
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Salvemos nuestros bosques: Guillermo Quijano
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• Cumplimiento, remuneración, negligencia e
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Presiones políticas no, presiones morales
sí: Basilio Fernández Pérez
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