Panamá, 14 de agosto de 2001
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Cerro Hoya: cuidar la vida

Hubo desconfianza de los campesinos sobre las disposiciones de la reserva. Aún ahora hay quienes dudan. Creen que los títulos privados dentro del parque no están sustentados en firme, por ello se resisten a la titulación.

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

En el Parque Nacional Cerro Hoya habita una vida intensa: fauna y flora conviven en todo su esplendor. Vista desde la comunidad de Flores.

En Cerro Hoya la riqueza está en la vida que habita la más importante reserva forestal de la península de Azuero. Desde el 2 de octubre de 1984, cuando se creó el Parque Nacional Cerro Hoya, mediante el decreto ejecutivo No. 74, esta reserva encierra unas 32 mil 557 hectáreas. No se hizo en esa ocasión la demarcación de los límites, lo que creó confusión entre los campesinos que tenían sus siembros dentro del parque.

Localizado al sur de los distritos de Mariato (en Veraguas) y de Tonosí (en Los Santos), abriga dentro de sus linderos y en la zona de amortiguamiento a unas 25 comunidades (entre ellas: Restingue, Cacao, Varadero, Flores, La Barra. Changuales, Arenas, Ventanas, Tembladera, Puerto Escondido, Piro, Sierra, Granada, Lajas, Colorado, Cobachón, Portobelo, Provincias, El Cortezo, Arenosa, Maquencal y Pedregalito). Más de 2 mil panameños viven en el área, la mayoría de los cuales ocupan esas tierras desde antes de la creación del parque y se dedican a la agricultura de roza.

La confusión de los campesinos está combinada con el temor a perder sus tierras, único medio de subsistencia que tienen. Dudan de la solución planteada por la presidenta Mireya Moscoso, quien mediante decreto ejecutivo dispuso otorgar títulos de propiedad sobre las tierras de los campesinos dentro del parque. Ciertamente que los títulos gratuitos se otorgan con el compromiso de que no habrá extensión de la propiedad y de no deforestar más allá de los límites de la propiedad, determinados por el actual uso de las tierras.

Estas confusiones y temores están fundamentados en la falta de información y educación adecuada para que los campesinos sepan con claridad cuál es su futuro. Hasta el momento esa incertidumbre ha abonado una resistencia en algunas comunidades, principalmente en el área de Tonosí, y que ha llevado a los campesinos a impedir de hecho la introducción de programas educativos y la medición y titulación de las tierras. Ellos creen que los títulos señalados por Moscoso no son legítimos porque están dentro de un parque nacional y piensan que el día de mañana les pueden quitar las tierras.

A menos que las autoridades regionales y las instituciones que deben velar por la conservación del ambiente brinden la pedagogía adecuada, que derribe los temores y permita a los campesinos la comprensión necesaria para el mantenimiento de la reserva boscosa de Cerro Hoya, se mantendrán las situaciones de tensión y conflictos aislados que pueden tener carácter violento.

Díaz Hoa: “falta una gestión más rápida”

El alcalde de Tonosí, Roberto Díaz Hoa, explica que “los moradores del área de Cerro Hoya esperaban, en un principio, que el gobierno los indemnizara por las tierras que han trabajado, para salir de ellas. A esta propuesta la presidenta Moscoso les dijo que no había dinero para indemnizarlos, pero que iba a reformar el decreto de 1984 para otorgarles los títulos de propiedad dentro del parque. Hasta este momento, eso es lo que se ha hecho”.

De acuerdo con la apreciación de Díaz Hoa, en el lado de Veraguas el 95% de los campesinos han comprendido la política del gobierno, pero “en la parte de acá, de la provincia de Los Santos, puede haber un 70% que está de acuerdo. Porque viéndolo así, creo que es la mejor solución al no haber otra”.

El alcalde observa que esto funciona como una especie de indemnización, dado que el propietario puede vender su tierra.

Considera que ha habido mala asesoría a los campesinos, condicionada por intereses económicos de algunos abogados que vieron en la indemnización la posibilidad de obtener alguna comisión por las gestiones. “Al otorgar los títulos de propiedad, el negocio se les vino abajo”.

“De parte del gobierno falta una gestión más rápida en cuanto a la medición de las tierras y al otorgamiento de los títulos. Una vez que se comience a desarrollar el plan, se verán los resultados, y la resistencia y el temor de los campesinos se desvanecerán”, dice el alcalde.

Hubo un tiempo en el que los campesinos le quemaron un rancho al grupo de Cooperación Técnica Alemana (GTZ, por sus siglas en alemán), que desarrolla en el parque un programa de educación ecologista, y también quemaron una o dos lanchas que servían para el transporte de los alemanes.

El alcalde fue testigo de la incertidumbre que se vivía en las comunidades aledañas a Cobachón, pero, asegura ahora, que comparado con aquel entonces “hoy hay casi paz”.

Díaz Hoa considera que los campesinos tienen razón para temer lo que pueda pasar porque “hasta el momento no se le ha dado una respuesta ágil”, y para subsistir tienen que labrar la tierra y hasta la fecha se les había impedido talar, “pero hay moradores que han talado, porque ellos tienen que sembrar, ellos tienen que vivir, hay que comprenderlos y lo que se debe hacer es agilizar los trámites para cumplir con la propuesta de la presidenta Moscoso”.

Espino: “han abierto un paréntesis”

Ha habido una especie de “paréntesis”, se pararon todas las cosas que se estaban haciendo allá. Ese paréntesis ha dejado dormir las cosas, lo que ha llevado al afloramiento de dudas y discrepancias sobre el cumplimiento de los programas, explica el ecologista y asistente para asuntos ambientales de la gobernación de Los Santos, Mario J. Espino, quien se ha relacionado directamente con los campesinos del Parque Cerro Hoya.

“Allí había intereses, otros intereses económicos, que movieron a los campesinos. Se les inculcó una idea que no era lo que estaba pasando en Cerro Hoya. Después que se inculcó esa idea, se abrió un abismo entre las entidades gubernamentales y los campesinos y ha sido muy difícil subsanar esas discrepancias”, dice Espino.

El ecologista es enfático al describir la situación de pobreza en la que viven muchos campesinos del área, “esa es una situación muy difícil, hay que comprenderla, los señores de allá no se pueden quedar cruzados de brazos esperando que se haga todo el papeleo, toda esta cosa, para darle un permiso para tumbar un palo, dinero que requiere para la compra de los uniformes escolares que no pueden esperar por tiempo indefinido”.

Espino, al igual que el alcalde Díaz Hoa, considera que el problema se puede resolver pacíficamente. Es asunto de educar y de tramitar las disposiciones de titulación con diligencia.

Vergara: “los campesinos, únicos garantes del parque”

El administrador regional de la ANAM en Los Santos, David Vergara, es del criterio que los campesinos de Cerro Hoya son los únicos que pueden garantizar que no se avance en la colonización de tierra dentro de la montaña.

Vergara considera que “los campesinos, tanto los que están dentro del parque como los de la zona de amortiguamiento, son los únicos que pueden crear una frontera para la protección real y efectiva del parque”.

El administrador regional considera que los títulos de propiedad sobre la tierra dentro del parque conforman una “rara figura” de propiedad privada dentro de un parque nacional, con el compromiso de los usuarios de la tierra de frenar la expansión de la frontera agrícola.

De esta forma se otorga “un título por indemnización” y se establecen las pautas para detener la deforestación de esa “comunidad de vida” que es Cerro Hoya.

[Este es el último de los actuales trabajos sobre Cerro Hoya. En los anteriores se definió el parque y se planteó una propuesta de agricultura y ganadería sostenibles].

 
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