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La escasez de la abundancia

Por insólito que suene para los sedientos residentes del este de la ciudad, Panamá no necesita ampliar su producción de agua; debe, eso sí, asegurar su adecuada distribución, facturación y cobro

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

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Acompañado de una bulliciosa barra con tufillo a tácticas populistas de la dictadura, el ministro de Economía y Finanzas, Norberto Delgado, llevó la semana pasada a la Asamblea el proyecto de ley que pretendía modificar la ley del Fondo Fiduciario y autorizar el uso de 150 millones de dólares de dichos fondos para “solucionar el problema del IDAAN”.

Luego, y durante varios días, el ministro Delgado primero y la propia presidenta Moscoso después -acompañados por algunos legisladores- recorrieron (¿patrullaje doméstico?) las áreas de Panamá Este y San Miguelito para dejar pública constancia de su preocupación por la falta de agua de las comunidades allí asentadas y, de paso, responsabilizar a la oposición en caso de que no se logre su apoyo para el uso de los fondos requeridos.

Estudios y proyectos

Sin duda, el IDAAN fue desde siempre la Cenicienta de las empresas públicas, y sus múltiples problemas son de vieja data. Aunque muchos piensan que la solución pasa por la privatización, ni siquiera el aguerrido gobierno de Pérez Balladares pudo hacerlo. La presidenta Moscoso, por su parte, prometió que no lo privatizaría, y ahora parece que ha decidido invertir en la institución, siempre y cuando cuente con los fondos del llamado “ahorro nacional”, cosa que por lo demás, no le está siendo nada fácil.

Lo cierto es que desde hace ya tiempo se sabe que es preciso hacer algo con la institución que suple de agua potable a los panameños antes de que colapse. Hasta ahora, sin embargo, salvo la planta de Laguna Alta durante el gobierno anterior y ahora con la aprobación de la Línea de Oriente, nada se había hecho.

En marzo de 1995, cuatro grupos de consultores -Hazen and Sawyer, Louis Berger, Tecnipan y Alfa Panamá- entregaron a las autoridades nacionales un informe sobre el IDAAN financiado por el BID. El informe, llamado “Estudios de factibilidad y diseños finales de proyectos de optimización de los sistemas de agua potable de los principales centros urbanos de la República de Panamá”, formó parte del programa de reformas a las empresas públicas que estuvo impulsando la institución financiera internacional en todo el continente, y que en el caso particular de Panamá, buscaba superar la ineficacia del IDAAN.

En lo que al área metropolitana se refiere, el informe establecía una serie de medidas que debían tomarse para alcanzar eventualmente la meta de eficacia y sostenibilidad de la institución. De las 19 acciones establecidas en el cuadro N°12.2.1 , la llamada “línea nueva hacia el oriente” era la acción No.17 (ver cuadro). Es decir, antes de construir esa nueva línea de conducción de agua, el IDAAN debía llevar a cabo otras que redundarían en el éxito del programa. Sin embargo, hace unas semanas, el Gobierno aprobó finalmente -tras un accidentado proceso de licitación pública- el contrato de construcción de la llamada “Línea de Oriente” por un monto de 8 millones de dólares.

David Lowinger

Subdirector del IDAAN por un corto período durante la administración de Pérez Balladares, trabajó también en la construcción de la planta de Chilibre. Ha liderado la oposición a cualquier proyecto que implique aumentar la producción de agua, haciendo hincapié en la necesidad de reparar la red e instalar medidores como fórmula fundamental para solucionar el problema.

José Fierro

El tres veces director del IDAAN es el principal impulsor de la Línea de Oriente y opositor tenaz a cualquiera propuesta de privatización. Cree que no hay necesidad de construir una nueva planta en Pacora, y que ampliando la capacidad de producción de Chilibre, unido a la producción de Laguna Alta, tendremos el agua que necesitamos.

Norberto Delgado

Como ministro de Economía y Finanzas, ha sido el funcionario que ha liderado la propuesta gubernamental de usar los 150 millones del Fondo Fiduciario para invertir en el IDAAN. Para ello no ha escatimado esfuerzos, incluyendo acaloradas caminatas por el sector este de la ciudad, en la búsqueda de apoyo popular.

Carlos Sánchez Frías

A pesar de ser el actual director del IDAAN, no se le ha oído mucho durante los debates. La ciudadanía lo recordará sin duda por el hecho de haberse tenido que separar del cargo cuando se descubrió que en la institución a su cargo, se dedicaban a cobrar cuotas de partido Cambio Democrático a los funcionarios. A pesar de que nada se ha sabido de los resultados de la investigación que lleva a cabo la Fiscalía Electoral, el señor Sánchez volvió hace tiempo al cargo y tendría la responsabilidad de implementar el ambicioso proyecto de mejoras que ha propuesto el Gobierno.

¿Por qué hacia oriente?

Todos hemos oído a los residentes del área de Tocumen, Mañanitas o Chepo, quejarse permanentemente de que no tienen agua. En efecto, se trata de una enorme población que no recibe de forma permanente el tan necesario servicio, por lo que decir que se construirá una nueva línea de conducción de agua que vaya directamente a ese sector de la ciudad, parece lógico y plausible. Sin embargo, la cosa no es tan simple.

Resulta que la planta potabilizadora de Chilibre produce unos 125 millones de galones de agua al día, y que la necesidad de agua para toda el área metropolitana es de aproximadamente 120 millones de galones diarios (siendo realmente liberales en el consumo). Si esto es así, ¿por qué razón no hay agua en Tocumen ni en lugares más cercanos a la ciudad?

La respuesta es simple según los especialistas consultados por La Prensa: de cada 100 galones que se producen, solo 56 llegan efectivamente a venderse, facturarse y cobrarse. El resto se pierde en el camino por fugas en la red o por ausencia de medidores.

Programa de optimización

Por ello, las acciones que el informe del BID de 1995 establecía como prioritarias eran, entre otras, reparaciones/mejoras en macromedición; ampliación de cobertura de micromedición; control de fugas; reemplazo/reparación de válvulas, etc.

Cuando el informe habla de cobertura de micromedidores, está haciendo alusión a un grave problema que permite el enorme desperdicio de agua que suele hacer el panameño y que resulta realmente escandaloso para los estándares mundiales. Resulta que de las 360,000 conexiones que existen, solo la mitad -180,000- tiene medidores. El resto se cobra a través de diferentes fórmulas que establecen tasas fijas. Por ello, aunque se consuma más o menos en cada casa sin medidor, siempre se pagará lo mismo. Es decir, la receta perfecta para la irresponsabilidad ciudadana.

En lo relativo al control de fugas físicas, se necesita reparar la red para disminuir el actual 44% de pérdidas hasta lo que se considera como un nivel aceptable que puede ser de 20%, ya que según los expertos consultados, toda red tiene escapes debido a que no hay “juntas perfectas”. Según se nos informó, desde 1977 no se da mantenimiento a la red, y el costo aproximado de repararla puede ser de unos 80 millones de dólares.

Poca gente como garantía

La crítica situación del abastecimiento de agua potable en el área metropolitana, así como el lamentable estado de la red existente, tiene como contrapartida favorable los bajos índices de crecimiento poblacional.

Entre 1970 y 1980, la población del área creció en un 3.4%; entre 1980 y 1990, lo hizo en un 2.7% y de 1990 hasta el 2000, el crecimiento fue de 1.9%. En otras palabras, hay motivos para ser optimistas en cuanto a las necesidades de producción de agua que tendremos que enfrentar. Por ello, y según algunos expertos consultados como David Lowinger, exsubdirector del IDAAN, resulta un absurdo propiciar una ampliación de la producción de agua potable en Chilibre o, según acaba de aprobar el CENA (en estudios de factibilidad), hacer una nueva planta en Pacora para producir 12 millones de galones de agua. Lo lógico es reparar la red, evitar las fugas e instalar medidores, todo lo cual hará posible que la producción actual sea suficiente.

El reparto de la escasez

¿Qué pasará entonces si el gobierno sigue adelante con la construcción de la Línea de Oriente sin tomar otras medidas? La respuesta lógica según los técnicos consultados es que al repartirse la producción en dos redes, una nueva y otra con fugas, la producción actual de Chilibre no alcanzará. Por ello, habrá una presión para producir más, ya sea en Chilibre o en la nueva propuesta de planta en el río Pacora. Pero según los especialistas consultados por La Prensa, en realidad no necesitamos presionar más al medio ambiente produciendo más agua; lo que necesitamos es reparar la red y cobrar el verdadero consumo.

Problema complejo

Hay quienes, sin embargo, discrepan de este análisis. José Fierro, tres veces director del IDAAN, apoya la decisión gubernamental de hacer la Línea de Oriente, e incluso se siente muy contento de que “por fin, algún gobierno decida invertir en una institución que siempre ha estado abandonada”.

Para el ingeniero Fierro, el problema del abastecimiento de agua del área metropolitana se resuelve haciendo cuatro cosas: ampliando la potabilizadora de Chilibre, ampliando la red de conducción, aumentando la capacidad de almacenamiento y optimizando la red. “Como quiera que el gobierno no tiene dinero para hacer todo, la construcción de la Línea de Oriente significa un avance en lo relativo a la ampliación de la red de conducción, agrega Fierro.

Acerca de lo poco destacada que estaba la Línea de Oriente en el informe del BID, el ingeniero Fierro explica: “el BID nunca ha querido que nosotros hagamos más inversiones sin que antes se repare la red y se evite el actual nivel de desperdicio... y es lógico. No es fácil entender que se quiera hacer nuevas obras si estamos botando la actual producción. El problema es que reparar la red implica un proceso largo y complicado, y mientras tanto ¿qué hacemos con todos aquellos a quienes no les llega el agua?”.

Pero, ¿qué pasará cuando el resto de la ciudad se quede sin agua como consecuencia de la existencia de la Línea de Oriente?

Para Fierro la cosa es sencilla, “ampliar la capacidad de producción de Chilibre”. Cuestionado en torno a si esta ampliación de la producción no implica una presión muy grande en el lago Alajuela, Fierro afirma que tal peligro no existe. “Cuando se hizo Chilibre, se diseñó la toma del lago Alajuela para captar 270 millones de galones de agua diarios, de manera que la ampliación de la capacidad de la potabilizadora es perfectamente viable.

¿De Cenicienta a millonaria?

Unas semanas después de que se adjudicara a la empresa COPISA la construcción de la Línea de Oriente, el gobierno de la presidenta Moscoso ha decidido empeñarse a fondo con el IDAAN, y si consigue los fondos que ha solicitado, estará llevando a cabo obras que incluyen la modernización, reconstrucción y ampliación de la capacidad de producción de la planta potabilizadora de Chilibre, la construcción de la nueva línea paralela Chilibre-María Henríquez-Tinajitas, obras complementarias para la distribución de agua potable de Arraiján y sus alrededores, mejoras al acueducto de Colón y la construcción de la planta potabilizadora de Pacora. Además, se incluye la implementación del programa de optimización de agua no contabilizada para la ciudad de Panamá, las áreas de Arraiján y La Chorrera, y la ciudad de Colón, catastro de redes, rehabilitación de conexiones domiciliarias, macromedición, sectorización, control de fugas, control operacional y el mantenimiento de unidades operacionales.

En otras palabras, aunque el programa gubernamental incluye la tan necesaria reparación de la red y la instalación de medidores, se insiste en la necesidad de producir más (ampliando Chilibre y construyendo una planta en Pacora), a pesar de que si se implementa con éxito el plan de control de fugas, facturación y cobro, la producción actual, aunada a la de Laguna Alta, será suficiente para el ritmo de crecimiento de nuestra población. Incluso el ingeniero Fierro, propulsor de la Línea de Oriente, considera que es absurdo construir otra planta en Pacora.

Lógicamente, toda la actividad que significaría la puesta en ejecución de tan ambicioso proyecto, necesita que el IDAAN sea administrativamente eficiente; algo sobre lo cual existen fundadas dudas. Según denunciara la legisladora Teresita de Arias, de $19 millones asignados al IDAAN en el presupuesto para este año, solo han comprometido $4 millones y ejecutado $20,000 (según, informe del 30 de junio que incluye lo ejecutado hasta marzo), lo que demuestra la poca capacidad de los actuales responsables de la institución.

Por su parte, el ingeniero Rafael Mezquita, coordinador del fallido intento de concesión del IDAAN durante la administración PRD, y que coincide con aquellos que ven en la eliminación de las pérdidas físicas la solución del problema, ha dicho que existe una lamentable carencia de personal técnico, y que en estos momentos escasean los ingenieros sanitarios tan necesarios en una institución de esta naturaleza.

Ciertamente y como ha sido tradicional, el IDAAN -como tantas otras instituciones públicas- ha ido deteriorándose paulatinamente, sobre todo por la ausencia creciente de personal idóneo que, después de cada cambio político, era sustituido por miembros de los distintos clanes partidarios. Son los gajes del clientelismo político, que parece no querer abandonarnos y que tiene en la ausencia de la carrera administrativa, su mejor caldo de cultivo.

En esas circunstancias, ¿quién estaría ejecutando y supervisando las acciones que implica la propuesta gubernamental? Y más adelante, ¿quién establecería las pautas que permita darle un adecuado mantenimiento a las nuevas estructuras para prevenir en el futuro una situación como la actual?

Son preguntas sin respuestas, pero que son clave en la solución de un problema que sin duda seguirá siendo de actualidad. La ciudadanía espera que el Gobierno empiece a responderlas, para que la “nueva rica” (en caso de que se consigan los fondos) no vuelva a ser Cenicienta tan pronto llegue la medianoche.

 
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