Panamá, 12 de agosto de 2001
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Un problema conocido por todos

Ya se ha vuelto muy común escuchar toda una serie de comentarios, en su mayoría hirientes, cada vez que nuestro seleccionado mayor de fútbol queda eliminado de un torneo internacional, como nos pasó el domingo ante Cuba, para la Copa de Oro, en el que cada quien encontró al culpable del descalabro.

Algunos hablan de que el técnico no sirve; otros, que los jugadores no sienten amor por la casaca nacional; también se dice que la dirigencia de la federación es la única culpable, y hasta por allí hay gente que le achaca la culpa a los periodistas. Cada quien dice su parte.

Es el mismo cuento de nunca acabar. Todos sacando provecho del árbol caído. Unos para bien y otros para mal.

Entre las críticas algunos tienen un espacio para las soluciones y es allí en donde todos coinciden cuando afirman que el futuro del fútbol está en el desarrollo científico de las bases.

En Panamá todos saben que en las bases está el porvenir de este deporte.

No se necesita ser futbolista, ni dirigente ni mucho menos periodista para darse cuenta. Hasta el más ignorante en materia de fútbol conoce que este deporte no está cimentado en las bases; que falta desarrollar el semillero desde cuando el jugador es niño para ir educándolo progresivamente hasta que llegue a la edad adulta.

Es que el fútbol es un deporte que no se aprende de la noche a la mañana.

Al futbolista hay que hacerlo. Son raras las excepciones con aquellas luminarias que nacieron para ser grandes, pero no aquí en Panamá, sino en aquellos países futbolizados que desarrollan este deporte desde muy temprana edad.

Aquí, por ejemplo, al mismo Gary Stempel durante su dirección en las selecciones juveniles le tocó primero enseñarle a algunos jugadores cómo se paraba un balón o cómo se patea, lecciones que se supone todo jugador tiene que aprender en una escuelita.

Todos sabemos que allí está el talón de Aquiles del fútbol panameño. El domingo, por ejemplo, ante Cuba, vimos a un grupo de jugadores desmotivados, faltos de espíritu para luchar y buscar la clasificación. Eran jugadores sin esa garra futbolística que se aprende o se le inculca al niño desde que hace sus pininos.

Ni Stoichita ni Bilardo ni el más respetado entrenador del planeta podía ganarle el domingo a Cuba con un equipo como el que presentó Panamá en La Habana.

Este va a seguir siendo el problema eterno del fútbol panameño, mientras no se tenga una estructura sólida. Ya una vez lo escribí en este mismo espacio, que no esperáramos que Stoichita fuera nuestro salvador. El hizo un buen trabajo en la Copa de Naciones, pero allá contó con los hermanos Dely Valdés, a quienes muchos criticaron y que hoy está demostrado que por el momento no tienen reemplazos.

Entre la dirigencia de la federación hubo dos errores grandísimos en esta última parte del repechaje, como el hacer entrenar dos meses al seleccionado en el Estadio Nacional, para luego jugar en el peladero del Rommel Fernández el partido contra Cuba. Asimismo, el no haber hecho todos los esfuerzos para haber jugado el primer partido contra Cuba en La Habana, y el segundo en Panamá.

El problema de nuestro fútbol no lo va a solucionar una victoria sobre Honduras o Costa Rica. Lo que aquí falta es una verdadera estructura con una dirigencia seria, de lo contrario vamos a seguir trillando con el bendito tema de las bases. Ese es el principal problema que tiene el fútbol. Todos aquí lo conocemos

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

 
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