Cinema Nicaragua
Las obras más recientes de Sergio Ramírez son Catalina y Catalina (cuentos), Adiós muchachos (memorias) y Mentiras verdaderas (recopilación de conferencias).
Aunque es reconocido por sus cuentos y novelas, Sergio Ramírez confiesa que a finales de los sesenta escribió poesía. En esta foto aparece acompañado del escritor Germán Castro Caicedo, quien lo acompaño en la presentación de su última novela ‘Catalina y Catalina’ en la pasada Feria Internacional del Libro.
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
Si uno no conociera la historia, podría pensar que Sergio Ramírez inspiró la película Cinema Paradiso. Quizás el novelista nicaragüense no conoce personalmente a Guiseppe Tornatore, el realizador italiano que ganó por esta producción un Oscar, pero de encontrarse se convertirían en grandes amigos, ya que la relación de ambos con el séptimo arte comenzó a temprana edad.
Como Salvatore de Vita, el eje central de Cinema Paradiso y alter ego de Tornatore, Ramírez fue de niño proyeccionista del cine al aire libre de su pueblo. Mientras que uno aprendió el oficio de operador a los seis años el segundo hizo lo propio a los 12 (meses después se ganaría dos botellas de ron Cañitas, como premio al escribir un excelente skecth dramático para una estación de radio).
Siendo adultos es cuando aparecen las diferencias. El tierno infante del filme se hace un famoso director de cine que reside en Roma, en tanto el centroamericano vive en Managua y es un reconocido hombre de letras. El tiempo hizo del primero un tipo reservado, pero ese mismo tiempo transformó a Ramírez en un excelente conversador.
Esta última cualidad se dejó notar en la recién terminada Feria Internacional del Libro de Panamá, en la que no solo asistió a cuanta actividad cultural pudo, sino que también presentó Catalina y Catalina (Alfaguara) su libro de cuentos más reciente.
En una tierra de poetas, como es Nicaragua, decidió alejarse de los versos, cuando en 1964 publicó su primer libro de narraciones cortas llamado simplemente Cuentos.
Mientras que su anterior obra de cuentos, Clave de sol (1993), es un homenaje a la orquesta Ramírez (compuesta por su abuelo y dos tíos), Catalina y Catalina gira en torno a beisbolistas, hombres infieles y viudas alegres, textos escritos durante los últimos cinco años.
El que fuera electo vicepresidente de su país en 1984 parece un chiquillo cuando confiesa que uno de sus lujos es tener una habitación con un inmenso televisor y bocinas de alta fidelidad. Como quien comparte una travesura, agrega que durante su estancia en Panamá se compró un aparato de DVD. De lejos se le veía las ganas de regresar a suelo patrio para, entre otras cosas, disfrutar de su juguete tecnológico.
Uno solo disfruta plenamente una película cuando siente que comparte el destino de sus personajes. Igual le pasa al segundo de cinco hijos de Pedro Ramírez y Luisa Mercado. Sabe que una historia suya va por buen camino cuando logra interactuar con las personas que habitan en sus libros.
Este nacido en 1942 en Masatepe, no lo dice solamente por el contacto que tiene con sus hijos de ficción en su bitácora diaria (cuaderno en el que apunta y crea placeres y tristezas) sino también cuando la frontera entre lo real y lo imaginado se rompe.
Por ejemplo, su inmersión literaria fue tan profunda con la ciudad de León, en 1933, lugar y época en que la que se desarrolla su obra Castigo divino, que una noche un fantasma tocó a su ventana. No sabía si llamar a su esposa o darle la bienvenida a tan particular visitante. Prontamente ocurrió lo que debía suceder: tuvo una comunicación de ultratumba con el responsable de un múltiple asesinato por envenenamiento.
Sombras del pasado
Sergio Ramírez piensa que cada novela es una experiencia nueva. Solo hay que hablar de su siguiente novela, cuyo título provisional es Sombras nada más, cuyas primeras 20 líneas se le ocurrieron en enero pasado durante un vuelo rumbo a Europa (ocupa una cátedra en la Universidad Libre de Berlín).
En medio de la revolución sandinista, que acaba de derrotar a la dictadura somocista (tras este triunfo Ramírez integró una Junta de Gobierno), un hombre con un cartapacio en la mano (secretario privado del tirano) es cercado por un comando guerrillero. Desesperado llega a la orilla de la playa, mira al horizonte en busca de la embarcación que lo hará libre, pero el mar está ausente de naves de rescate. ¿Arte de magia o secuencia cinematográfica de un pequeño que no olvida sus días de proyeccionista? Y, ¿el final? Solo lo sabe este autor de cerca de 30 libros, que antes de darle cuerpo a su texto ya tenía idea de su desenlace. Cuestión de ingenio.
Como ven, este caballero no tiene reparo en contar la trama de su siguiente proyecto, costumbre que asocia con los avances de las películas que ofrecen en las salas de cine. Comenta que le agrada exorcisarse a sí mismos compartiendo lo que hace, aunque obviamente no cuenta todo. Para mantener el misterio, ustedes saben.
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