Panamá, 12 de agosto de 2001
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Salones de estudio

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Todos los derechos reservados por R. López Arias

Bajo la atenta mirada del también elegante profesor, más aprovechados alumnos se encuentran en un salón que -a juzgar por los variados elementos presentes- servía para varios propósitos, ya que se observa que hay esculturas, teodolitos de ingeniería, dibujantes, muchachos pintando, planos sobre las magníficas mesas y algunos detalles más. El todo constituye las raíces del estudio, y estudiantes que serían los futuros forjadores de la nación.

Dígase lo que se diga es una bendición que, tal como sucede en la actualidad, las bibliotecas del mundo crezcan en número, calidad y utilización. Prueba de ello es nuestra Biblioteca Nacional, un verdadero orgullo, a la que se debe ayudar en todos los sentidos.

Las primeras bibliotecas que registra la historia aparecieron en los países orientales. Sin embargo, quizás las primeras que estaban en Egipto, pueblo muy lector, no se pudieron conservar, ya que se escribía sobre los llamados papiros que, al ser de un material vegetal, no perduraban.

Otros pueblos como los hititas, asirios y babilonios escribían sobre tablillas de arcilla fáciles de conservar. De estas se han descubierto hasta de 4 mil años de antigüedad.

Después aparecieron los pergaminos, que al ser de cuero de animales tienen una vida más prolongada.

Se dice que fue Aristóteles, el filósofo griego, quien inició los trabajos de conservación de las obras escritas. Famosas fueron las de Alejandría y las de Pérgamo.

Julio César, emperador romano, fue otro de los precursores de las bibliotecas. Se dice que en la Roma clásica hubo hasta 25 bibliotecas. Quedaban en los atrios de los templos, cuyo interior tenía variadas funciones, además de la de orar.

La de Constantinopla fue famosa también. En la Edad Media, los monjes de variadas abadías fueron los encargados de su conservación.

Las universidades del Vaticano también han albergado famosas bibliotecas.

La aparición de la imprenta, con Gutemberg, facilitó aún más esta importante labor.

Más adecuado no puede ser el ambiente para estudiar. Silencio, tranquilidad, abundancia de luz y de brisa refrescante. ¿De qué biblioteca se trata? No lo pudimos determinar.Volvemos a insistir en la manera adecuada en que alumnos y profesores acostumbraban vestir. Nada de gorras con las viseras para atrás, ni pantalones tres tallas más grandes y con la cintura debajo de lo normal, algo que ni a Cantinflas se le ocurrió. Nótese la abundancia de globos terráqueos presentes en el lugar. Los cuadros tampoco sirvieron para la labor de identificación.

Las bibliotecas de Milán, Oxford, Berlín, París y Madrid les siguieron en el tiempo. Posteriormente se fueron formando en los variados países de la América. Hoy las de Moscú y la del Congreso de Estados Unidos poseen millones de libros y variados documentos.

¿Y entre nosotros qué? Bueno, el 20 de febrero de 1853 el gobernador colombiano en Panamá, Salvador Camacho Roldán, fundó la primera biblioteca del istmo.

Para 1875 se fundó en esta capital una biblioteca popular que funcionó por varios años. Le siguió la llamada Balboa, que estuvo hasta 1899.

Desde 1892 prestó sus servicios la del municipio de la capital. Sobrevivió durante 50 años y llevaba el nombre de Colón.

A partir de 1907, Chiriquí, Los Santos, Colón, Veraguas y Bocas del Toro tuvieron su biblioteca. En 1917 se fundaron instituciones similares en el Instituto Nacional y en el barrio de Santa Ana. Doce años más tarde se legisló para construir una estructura que albergara una Biblioteca Nacional, pero el plan nunca se concretó.

En 1942, siendo presidente Ricardo Adolfo de la Guardia, se crea la Biblioteca Nacional; su primer director fue Ernesto J. Castillero. Este es el nombre que lleva la sede ubicada en el parque de los varios nombres, la que en la actualidad es orgullo nacional.

Aclaración

Unas aclaraciones respecto a las Raíces del domingo pasado: Sammy Levy no fue nombrado empresario del año por la APEDE, sino ejecutivo del año y no por su labor en el campo inmobiliario, sino por lo que realizó a favor de los exiliados en épocas tenebrosas, y por otros motivos.

¡Ah¡ , el nombre del club colonense era Los Tigres y no en singular como apareció.

 
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