Panamá, 12 de agosto de 2001
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Hablemos de libros

El incomparable manchego caballero nos ha enseñado cuán necesario es pelear hasta con los molinos de viento

Rolando Gabrielli

Panamá conmemoró la semana del libro y —yo diría— la celebración estuvo al mismo nivel que el Día de la Tierra. La feria internacional fue una fiesta de la palabra. Si bien no se puede sembrar un libro, sí las ideas.

El hombre de vez en cuando se hace sus propios recorderis. Sabe que está acabando la naturaleza y no ignora que cada día lee menos y que cuando eso ocurre, muere un poco en él la imaginación, el sentimiento maravilloso de la aventura, el humanismo, la solidaridad y todo lo que contienen los libros más allá de las palabras.

¿Cuál fue el último libro que usted leyó? ¿Se lo ha preguntado? ¿Desde cuándo no hablan de libros en su casa?

El día que la humanidad celebra oficialmente el libro, murieron dos clásicos, dos escritores geniales, y sus palabras fueron y son para todos los tiempos. Son clásicos porque los recordamos hace 400 años. Me refiero a Miguel de Cervantes Saavedra, el famoso manco de Lepanto, autor de Don Quijote; y a Williams Shakespeare, el poeta y dramaturgo inglés, que inmortalizó a personajes inolvidables como Hamlet, Otelo y Romeo y Julieta, entre otros.

La lectura y el libro están en crisis en buena parte del mundo. Los libros están caros, cada día hay menos lectores y la imagen digital se va apoderando del hombre a través de la televisión, internet y los juegos electrónicos. El libro gana polvo en los anaqueles.

Hay quienes vaticinan el fin del libro, al menos como lo conocemos hoy. Otros le dan larga vida, porque es un encuentro irremplazable con la imaginación. El libro tiene la particularidad de que puede ser transportado a cualquier parte, nos permite leerlo en soledad bajo un árbol, en el cuarto, en el patio de la casa, en una biblioteca, en una oficina; en fin, no hay restricciones.

La lectura es un placer y el libro es un viaje a todos los misterios de la palabra aventura; a los sueños que animan a todo ser humano desde niño. ¿Cuál fue su primer libro? ¿Lo recuerda? ¿Qué le enseñó?

La lectura abre puertas, nos muestra otros mundos jamás pensados por nosotros; nos hace alcanzar metas que solo la imaginación es capaz de aventurarse a traspasar, porque el hombre es esa suma de realidades y utopías donde la literatura juega un papel de primer orden.

Algunos tuvieron la fortuna de nacer rodeados de libros, de lecturas; de la palabra paterna y materna que le narraba historias y fomentaba sus sueños. Otros dieron sus primeros pasos en las escuelas, porque tuvieron maestros con vocación que guiaron sus primeras lecturas con amor y sabiduría en la palabra. Algunos esperaron hasta la secundaria para iniciarse en el camino de la lectura y quizás otros, en la universidad.

Pero ¿cuántos se siguen quedando en el camino sin un libro que les abra la puerta del conocimiento y el placer? Miles, millones, en verdad. El libro no es letra muerta; los personajes están vivos, como usted, amigo lector, y a veces escapan de las páginas y se convierten en historias verídicas. De usted dependerá que las historias se vuelvan a recrear con su lectura, con su nueva mirada y así, el libro habrá cumplido su función social.

Usted posiblemente esté preocupado porque el Quijote enloqueció por leer tantos libros de caballería. Pero ¿existe algún personaje más humano en la historia de la literatura hispanoamericana? El incomparable manchego caballero nos ha enseñado cuán necesario es pelear hasta con los molinos de viento.

Nada le sucederá con las lecturas que no sea crecer, avanzar, vivir, aprender cosas nuevas, desarrollar un sentimiento de humanidad y solidaridad. Podrá mantener un diálogo interesante, constructivo, proponer cosas, tener ideas propias, madurar, tener una óptica mayor, más comprensible del mundo, con una perspectiva más amplia, global, plural. Y usted, seguramente, será una mejor persona.

Hay libros para todos los gustos. Empiece por escoger los temas de su interés. Quizás encontrará sorpresas mayores a las esperadas; viaje con Ray Bradbury —uno de mis favoritos en la literatura fantástica— o viaje con Julio Verne a la Luna.

Los escritores tienen esa particularidad de visitar otros mundos con la imaginación. Súbase a ese tobogán expreso; no deje que el tiempo pase. O recorra con Las mil y una noches las maravillosas aventuras árabes; un libro para todas las épocas y para todos los tiempos, mientras exista imaginación y el placer de leer.

La isla del tesoro, Robinson Crusoe, Alicia en el país de las maravillas, El Principito. En todos ellos la aventura y la imaginación tienen su propio límite: hasta donde usted quiera llegar.

Leer o no leer, esa no es la cuestión. Definitivamente, no. Anímese, cambie el curso a su nave espiritual, piense que dejar empolvar un libro es como si se le secara el árbol frente a la casa; como si dejara de usar la extraordinaria maquinaria que tiene sobre sus hombros.

Hay más libros desde luego, muchos más, como sueños usted tenga. La poesía para algunos es el placer de los dioses y sin ella no hay libros.

Hay un clásico que les recomiendo, con el cual amé, soñé, viví en mi adolescencia hipnotizado y del que ahora veo que se vende un millón de ejemplares anuales en el mundo. Todo un récord para 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Léalo, el amor no pasa de moda.

Las cosas del espíritu nunca sobran y los libros que nos hacen suspirar, tampoco. En poesía la lista es inagotable: los españoles Gustavo Adolfo Bécquer, García Lorca o Antonio Machado le gustarán. Pruebe este menú a la carta. Ernesto Cardenal y Roque Dalton, en Centroamérica; aquí al lado de nosotros, dos buenos platos de fondo. Pacheco, en México; Gelman, en Argentina; Parra, Huidobro, Gonzalo Rojas, Mistral, Hanh, Teillier, Lihn, en Chile. César Vallejo en Perú. Borges en Argentina. Lezama Lima y Eliseo Diego, en Cuba. Drumond de Andrade, en Brasil. En el patio, Rogelio Sinán y Orestes Nieto.

Lea, lea, se acostumbrará. Es un buen hábito. Comienza como un cosquilleo, nos rascamos la cabeza, cerramos las páginas y por fin, vamos entrando en la trama, saboreando los personajes, paisajes, lo que nos quiere decir el autor.

Ahora, si a usted le gustan las escritoras, han surgido formidables novelistas en España, México y Chile, fundamentalmente. Algunos opinan que la literatura de hoy es femenina. No lo creo. Pero es un buen punto.

No se deje llevar solo por los best sellers; vaya a los clásicos, busque lo bueno, lo ya probado, conocido; paladéelo pues los libros son como un buen vino y no siempre están a punto.

La Biblia es un libro para todos los tiempos: “Cantar de los Cantares”. No, no de vuelta a la página, lea con calma. Es una manera formidable de respirar, vivir, crecer, soñar y viajar...

El autor es analista internacional

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