Hablemos de libros
El incomparable manchego caballero nos ha enseñado cuán necesario
es pelear hasta con los molinos de viento
Rolando Gabrielli
Panamá conmemoró la semana del libro y —yo diría— la celebración
estuvo al mismo nivel que el Día de la Tierra. La feria internacional
fue una fiesta de la palabra. Si bien no se puede sembrar un libro,
sí las ideas.
El hombre de vez en cuando se hace sus propios recorderis. Sabe
que está acabando la naturaleza y no ignora que cada día lee menos
y que cuando eso ocurre, muere un poco en él la imaginación, el
sentimiento maravilloso de la aventura, el humanismo, la solidaridad
y todo lo que contienen los libros más allá de las palabras.
¿Cuál fue el último libro que usted leyó? ¿Se lo ha preguntado?
¿Desde cuándo no hablan de libros en su casa?
El día que la humanidad celebra oficialmente el libro, murieron
dos clásicos, dos escritores geniales, y sus palabras fueron y
son para todos los tiempos. Son clásicos porque los recordamos
hace 400 años. Me refiero a Miguel de Cervantes Saavedra, el famoso
manco de Lepanto, autor de Don Quijote; y a Williams Shakespeare,
el poeta y dramaturgo inglés, que inmortalizó a personajes inolvidables
como Hamlet, Otelo y Romeo y Julieta, entre otros.
La lectura y el libro están en crisis en buena parte del mundo.
Los libros están caros, cada día hay menos lectores y la imagen
digital se va apoderando del hombre a través de la televisión,
internet y los juegos electrónicos. El libro gana polvo en los
anaqueles.
Hay quienes vaticinan el fin del libro, al menos como lo conocemos
hoy. Otros le dan larga vida, porque es un encuentro irremplazable
con la imaginación. El libro tiene la particularidad de que puede
ser transportado a cualquier parte, nos permite leerlo en soledad
bajo un árbol, en el cuarto, en el patio de la casa, en una biblioteca,
en una oficina; en fin, no hay restricciones.
La lectura es un placer y el libro es un viaje a todos los misterios
de la palabra aventura; a los sueños que animan a todo ser humano
desde niño. ¿Cuál fue su primer libro? ¿Lo recuerda? ¿Qué le enseñó?
La lectura abre puertas, nos muestra otros mundos jamás pensados
por nosotros; nos hace alcanzar metas que solo la imaginación
es capaz de aventurarse a traspasar, porque el hombre es esa suma
de realidades y utopías donde la literatura juega un papel de
primer orden.
Algunos tuvieron la fortuna de nacer rodeados de libros, de lecturas;
de la palabra paterna y materna que le narraba historias y fomentaba
sus sueños. Otros dieron sus primeros pasos en las escuelas, porque
tuvieron maestros con vocación que guiaron sus primeras lecturas
con amor y sabiduría en la palabra. Algunos esperaron hasta la
secundaria para iniciarse en el camino de la lectura y quizás
otros, en la universidad.
Pero ¿cuántos se siguen quedando en el camino sin un libro que
les abra la puerta del conocimiento y el placer? Miles, millones,
en verdad. El libro no es letra muerta; los personajes están vivos,
como usted, amigo lector, y a veces escapan de las páginas y se
convierten en historias verídicas. De usted dependerá que las
historias se vuelvan a recrear con su lectura, con su nueva mirada
y así, el libro habrá cumplido su función social.
Usted posiblemente esté preocupado porque el Quijote enloqueció
por leer tantos libros de caballería. Pero ¿existe algún personaje
más humano en la historia de la literatura hispanoamericana? El
incomparable manchego caballero nos ha enseñado cuán necesario
es pelear hasta con los molinos de viento.
Nada le sucederá con las lecturas que no sea crecer, avanzar,
vivir, aprender cosas nuevas, desarrollar un sentimiento de humanidad
y solidaridad. Podrá mantener un diálogo interesante, constructivo,
proponer cosas, tener ideas propias, madurar, tener una óptica
mayor, más comprensible del mundo, con una perspectiva más amplia,
global, plural. Y usted, seguramente, será una mejor persona.
Hay libros para todos los gustos. Empiece por escoger los temas
de su interés. Quizás encontrará sorpresas mayores a las esperadas;
viaje con Ray Bradbury —uno de mis favoritos en la literatura
fantástica— o viaje con Julio Verne a la Luna.
Los escritores tienen esa particularidad de visitar otros mundos
con la imaginación. Súbase a ese tobogán expreso; no deje que
el tiempo pase. O recorra con Las mil y una noches las maravillosas
aventuras árabes; un libro para todas las épocas y para todos
los tiempos, mientras exista imaginación y el placer de leer.
La isla del tesoro, Robinson Crusoe, Alicia en el país de las
maravillas, El Principito. En todos ellos la aventura y la imaginación
tienen su propio límite: hasta donde usted quiera llegar.
Leer o no leer, esa no es la cuestión. Definitivamente, no. Anímese,
cambie el curso a su nave espiritual, piense que dejar empolvar
un libro es como si se le secara el árbol frente a la casa; como
si dejara de usar la extraordinaria maquinaria que tiene sobre
sus hombros.
Hay más libros desde luego, muchos más, como sueños usted tenga.
La poesía para algunos es el placer de los dioses y sin ella no
hay libros.
Hay un clásico que les recomiendo, con el cual amé, soñé, viví
en mi adolescencia hipnotizado y del que ahora veo que se vende
un millón de ejemplares anuales en el mundo. Todo un récord para
20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Léalo,
el amor no pasa de moda.
Las cosas del espíritu nunca sobran y los libros que nos hacen
suspirar, tampoco. En poesía la lista es inagotable: los españoles
Gustavo Adolfo Bécquer, García Lorca o Antonio Machado le gustarán.
Pruebe este menú a la carta. Ernesto Cardenal y Roque Dalton,
en Centroamérica; aquí al lado de nosotros, dos buenos platos
de fondo. Pacheco, en México; Gelman, en Argentina; Parra, Huidobro,
Gonzalo Rojas, Mistral, Hanh, Teillier, Lihn, en Chile. César
Vallejo en Perú. Borges en Argentina. Lezama Lima y Eliseo Diego,
en Cuba. Drumond de Andrade, en Brasil. En el patio, Rogelio Sinán
y Orestes Nieto.
Lea, lea, se acostumbrará. Es un buen hábito. Comienza como un
cosquilleo, nos rascamos la cabeza, cerramos las páginas y por
fin, vamos entrando en la trama, saboreando los personajes, paisajes,
lo que nos quiere decir el autor.
Ahora, si a usted le gustan las escritoras, han surgido formidables
novelistas en España, México y Chile, fundamentalmente. Algunos
opinan que la literatura de hoy es femenina. No lo creo. Pero
es un buen punto.
No se deje llevar solo por los best sellers; vaya a los clásicos,
busque lo bueno, lo ya probado, conocido; paladéelo pues los libros
son como un buen vino y no siempre están a punto.
La Biblia es un libro para todos los tiempos: “Cantar de los Cantares”.
No, no de vuelta a la página, lea con calma. Es una manera formidable
de respirar, vivir, crecer, soñar y viajar...
El autor es analista internacional
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