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El IDAAN se creó hace 39 años como entidad autónoma
del Estado con el propósito de atender el suministro de
agua potable y el tratamiento de aguas servidas en todo
el país. Con sus altas y sus bajas, cumplió su función
a cabalidad durante sus primeros años de existencia. Después,
por incompetencia de sus directores en algunos casos,
por falta de recursos en otros, y por desidia de la comunidad
las más de las veces, la situación ha empeorado al extremo
que la calidad del agua se ha deteriorado; muchísimos
panameños carecen de ella y muchísimos más, inclusive
el lector, corren el peligro de que les falte; la bahía,
ríos y quebradas, llanos y montañas, calles y aceras en
todo el país se han convertido en perfectos muladares;
y todos, absolutamente todos, corremos el riesgo de mortales
epidemias, pues se puede vivir sin teléfono y hasta sin
electricidad, mas no sin agua y sin sanidad. Tomar conciencia,
dejar a un lado la politiquería y actuar consecuentemente
es fundamental. Acertada ha sido la decisión presidencial
de encargar, primero del saneamiento y luego del agua,
a una persona de intachables credenciales morales y profesionales
y suficiente aceptación pública. Acertadísimo también,
el ofrecimiento de la oposición, que controla el Legislativo,
de tratar con carácter de urgencia el proyecto de reestructuración
del IDAAN que someta el Ejecutivo, la ratificación del
nuevo director y las propuestas que éste les presente
a su consideración. Así es como se hace patria; lástima
no haber empezado antes.
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