Monseñor Emiliani
Este pedacito de tierra que tanto criticamos los que aquí vivimos, es la tierra que añora monseñor Emiliani en su duro exilio
I. Roberto Eisemann, Jr.
Hay toda suerte de rumores y bochinches sobre la salida del país de monseñor Emiliani, alentados a su vez por el secretismo de nuestra jerarquía en cuanto al caso se refiere.
El hecho cierto es que monseñor Emiliani ha sido exiliado de su país por aparentes órdenes del Vaticano, se presume que por amenazas a su vida o a las de sus familiares.
Es también obvio que sufre intensamente el estar lejos de su tierra y de su rebaño. El exilio es vivir en un vacío. Lo que está más presente en la vida del exiliado es una ausencia constante y permanente.
Tengo una relación personal especial con monseñor Emiliani. Participa con nosotros en la junta directiva de MiBANCO. Por invitación suya he ido al Darién a charlar frente a su organización de sacerdotes, religiosas y laicos. Por esta vivencia en Darién me consta que la policía fronteriza le ofrecía a monseñor una protección muy especial, y me consta también el enorme trabajo organizativo que hace con su pueblo darienita. Es un hombre incansable que no tiene un minuto libre, y que tiene una virtud poco común en el sacerdocio: trabaja, pero organizadamente, y sabe lograr la eficacia en las organizaciones humanas.
Es, además, un orador privilegiado que logra hacerle a uno “vivir” la palabra del clavado en la cruz de palo. Nadie cabecea cuando escucha una homilía de monseñor Emiliani. No es de los que dice “vayan”; es siempre “¡vamos!”, ejerciendo un liderazgo natural en todo lo que se propone. ¿Controversial?...sí, ¡como todo el que acciona, hace y construye!
Este hombre santo tan necesario para su pueblo, tan necesario para nuestra Nación, debe estar muriendo a pedacitos en un exilio contemplativo y de estudio. Sé, por haber pasado dos exilios que totalizaron siete interminables años, lo que está viviendo monseñor Emiliani. El, y solamente él, debe tener la libertad para decidir cuándo regresa al terruño. Nuestra jerarquía y el nuncio, interpretando fielmente el sentir de los panameños, deben preocuparse por liberarlo de cualquier prohibición de Roma para que pueda tomar su propia decisión de cuándo volver.
Nietzsche escribió una vez palabras que debe de estar pensando monseñor Emiliani: “Oh, ¡cuándo regresaré a mi patria donde ya no tendré que agacharme ante los pequeños!”.
Este pedacito de tierra que tanto criticamos los que aquí vivimos, es la tierra que añora monseñor Emiliani en su duro exilio. El, que ahora sabe lo que es perderla, tiene un corazón sin duda henchido por el amor por este pedacito de tierra nuestra.
Cuando Ud. decida, monseñor Emiliani, aquí estaremos todos sus hermanos en la nacionalidad con los brazos abiertos para recibirlo con la admiración y cariño que Ud. se ha ganado de todos nosotros.
El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana
Además
en opinión
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Verdades y mentiras de los libros nacionales:
Ileana Golcher
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Monseñor Emiliani: I. Roberto Eisemann,
Jr.
- Crónica
de una muerte anunciada: Octavio Sagel Reina
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Errata
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Descifrando el crimen: Mariela Sagel
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Del lector: Rosa
María Britton
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